Adultos jóvenes: ¿cómo va su salud mental?
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BOGOTÁ D. C., 27 de febrero de 2021 — Agencia de Noticias UN-

Por estar en el momento más crucial de su vida –trabajan, estudian, tienen hijos y padres que cuidar, entre otros roles–, los adultos jóvenes pueden generar un efecto en el razonamiento y la salud mental que es importante seguir estudiando.

Así lo reveló Lizeth Fernanda Chavarro Hernández, magíster en Psicología con énfasis en Neuropsicología Clínica y Cognoscitiva de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, quien realizó una investigación enfocada en describir el desempeño ejecutivo de los adultos jóvenes residentes en Bogotá.

Dicho desempeño se explica con las “funciones ejecutivas”, es decir aquellas relacionadas con la capacidad de trabajar, estudiar y relacionarse con otros, y que se usan para adaptarse y responder al entorno. Por ejemplo cuando un jefe le habla a su subordinado en tono molesto, este se inhibe para no contestar de forma grosera. Esa inhibición es una función ejecutiva.

El estudio evaluó –en personas de 18 a 49 años– seis funciones ejecutivas: atención, memoria de trabajo (contener información importante para recordar indicaciones, por ejemplo), inhibición (suprimir una respuesta o distracción en el entorno), fluidez verbal, flexibilidad mental y planeación.

Todas estas son actividades cerebrales implicadas en acciones como resolver problemas, planificar, organizar, revisar y evaluar el propio comportamiento, entre otros aspectos.

“En la literatura existente, las investigaciones en este campo se enfocan más en las enfermedades, la vejez o la niñez, pero ese rango del medio (los adultos jóvenes) siempre ha estado muy abandonado”, explica la experta Chavarro.

Agrega que algo especial de esta población es que dos personas de la misma edad pueden experimentar la misma etapa de su vida de forma completamente distinta.

Importancia de los pequeños cambios

Entre los principales resultados se evidenció que en este periodo no existe un cambio marcado en dichas funciones. Sin embargo, no se puede generalizar, pues se ha encontrado que algunas personas de más de 40 años muestran ya una tendencia hacia la disminución de algunas variables como la memoria.

La relevancia del estudio está en conocer qué sucede antes y motivar el análisis y la intervención de funciones que pueden ayudar a mejorar esa trayectoria hacia la vejez.

En este aspecto se encontró que a partir de los 18 años las personas siguen aumentando sus capacidades, luego hay una pequeña meseta (periodo de variabilidad escasa) y después algunos dominios tienden a declinar muy sutilmente. “No es que a los 60 años aparezca el cambio de la nada, sino que son cambios ligeros que se van acumulando durante el ciclo vital”, detalla el estudio.

Según la experta Chavarro, “los adultos jóvenes nos darían la oportunidad de intervenir, hacer promoción de la salud cognitiva y prevención de la enfermedad”, para enfocarse en el impacto que tienen estos cambios sutiles en los adultos mayores.

Según información del Ministerio de Salud, en el mundo se registran alrededor de 47 millones de personas con demencia; se espera que en 2030 sean 75 millones y en 2050 cerca de 132 millones, ya que cada año se reportan 10 millones de casos nuevos.

Por otro lado, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la población mayor de 60 años en Colombia pasó de representar un 9 % en 2006 a un 13,4 % en 2019, lo que representa un incremento del 50 %.

El foco, las personas sanas

Para llevar a cabo el estudio, dirigido por la profesora Patricia Montañez, de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNAL Sede Bogotá, se contactaron cientos de personas del rango de edad de interés, a través de divulgación por redes sociales, distribución de información en el Servicio de Atención Psicológica de la UNAL Sede Bogotá, el Centro de la Comunicación Humana y por voz a voz.

Con ellas, se tomaron datos sociodemográficos (edad, años de estudio, entre otros); se hicieron entrevistas clínicas para descartar patologías físicas, psicológicas o cognitivas y que no hubiera indicadores de dificultades de aprendizaje, entre otros datos que garantizaran que eran personas sanas.

Tras un primer filtro con pruebas de tamizaje (depuración) de capacidades intelectuales y emocionales, para descartar alteraciones de importancia, 215 personas fueron seleccionadas para aplicar las pruebas de rendimiento intelectual.

Además de la edad, también se hizo un análisis por sexo y por escolaridad. Esta última variable mostró más cambios: las personas con mejor escolaridad tienden a tener mejores puntuaciones cognitivas y ejecutivas a lo largo del tiempo.

“Esta es una crítica grande, teniendo en cuenta que gran parte de nuestra población no logra acceder a educación de calidad”, puntualiza la experta Chavarro.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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