El miedo como respuesta natural
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

25 de julio de 2016

El que ha superado sus miedos será verdaderamente libre.
Aristóteles

El miedo es una de las 4 emociones humanas más primitivas que existen (siendo las otras: cólera, alegría y tristeza). Debido a que el miedo está orientado a la supervivencia del individuo, es una respuesta natural a un desafío, ya que pone en alerta a todos los seres vivos, lo que incluye al ser humano, frente a un riesgo o una amenaza. Se trata de un mecanismo de defensa que genera el propio cuerpo ante situaciones de peligro inminente. Si bien existen acontecimientos que generan miedo en la mayoría de las personas, y al ser los miedos bastante subjetivos, éstos dependerán de la experiencia de cada individuo en particular.

El Diccionario de la lengua española define el miedo como:

a) Angustia, por un riesgo o daño real o imaginario;
b) Recelo o aprensión, que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Por lo tanto el miedo se trata de una alteración del ánimo que produce angustia ante un peligro o un eventual perjuicio, ya sea producto de la imaginación o propio de la realidad. Se puede deber a algo que pasó, que está sucediendo o que podría pasar. Es difícil de controlar y puede provocar todo tipo de reacciones. En su versión media es el temor y en la más extrema lo que se padece es el terror.

En virtud de que el miedo se trata de una respuesta natural, inherente al ser humano, no existe persona que no tenga algún miedo. Éste es generado por alguna situación particular, inducido por la palabra y/o por la acción de alguien o concebido desde nuestra propia imaginación: el miedo es una reacción a algo desconocido o que puede amenazarnos.

Ante una situación de peligro, ciertos signos físicos prueban que tenemos miedo: “Se incrementa el metabolismo celular; El corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células, especialmente adrenalina; Aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre, la actividad cerebral y la coagulación sanguínea; Se detiene el sistema inmunitario, al igual que toda función no esencial; Se dilatan las pupilas para facilitar la admisión de luz”.

Además, “la sangre fluye a los músculos mayores, especialmente a las extremidades inferiores; El sistema límbico fija su atención en el objeto amenazante y los lóbulos frontales –encargados de cambiar la atención consciente de una cosa a otra– se desactivan parcialmente; Taquicardia; Sudoración; Temblores; Retroalimentación del temor y pérdida del control sobre la conducta; Falta de armonía en los riñones, lo que puede hacer que la persona se orine involuntariamente”. Siendo el miedo un proceso complejo y automático, gracias a éste el cuerpo se prepara para enfrentarse o huir rápidamente.

Algunas personas manifiestan adicción a la adrenalina provocado por el miedo, lo que se refleja en la práctica de deportes extremos o la exposición voluntaria a situaciones riesgosas. Otros individuos tienen una respuesta negativa ante la sensación del miedo, por lo que evitan a toda costa las situaciones de peligro, e incluso tratan de no enfrentarse a ningún tipo de problema. Sigmund Freud en su teoría del miedo define dos términos:

1) miedo real cuando su dimensión está en correspondencia con la dimensión de la amenaza, y
2) miedo neurótico cuando la intensidad del ataque de miedo no tiene ninguna relación con el peligro.

Estudios recientes indican que el miedo es saludable y bien entendido es necesario porque posibilita evitar algo doloroso ya que es un mecanismo de defensa que está inscrito en el ADN de los seres humanos, activándose ante el peligro y permitiendo responder con mayor rapidez y eficacia ante las adversidades. Por otro lado si lo que se experimenta es un miedo intenso (terror), este queda fijado en la memoria con mayor intensidad. Esto tiene una lógica evolutiva: lo que daña se fija con mayor fuerza que aquello que da placer, porque resulta más adaptativo.

Algunas recomendaciones que proponen los especialistas para enfrentar el miedo: “No permitir que el pánico aumente con otros pensamientos atemorizadores; Practicar una respiración lenta y relajada; Esperar y dejar al tiempo que el miedo pase; Intentar distraerse cuando el nerviosismo haya bajado; Hablar con alguien y tomar un paseo”. Cuanto más se aprenda a manejar el miedo, menos miedo se tendrá y se sentirá más libre.

Es por lo anterior que se ha considerado que “el miedo es la prisión del corazón”. Usted qué opina, amable lector.

Imagen: buzzfeed.com

Jorge A. Rodríguez y Morgado
Twitter @jarymorgado
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