Misterio y filosofía
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16 de julio de 2016

Este artículo comenzó no como uno de misterio ni tampoco de filosofía, sino de psicopatología, cuando reflexionaba sobre el peligro REAL que representa adentrarse en el mundo de los fenómenos extraños sin haberse preguntado –y respondido- si está uno listo o es apto para ello, especialmente en cuanto a estabilidad mental e independencia de criterio, es decir, si se es capaz de tomar las decisiones pertinentes en los momentos críticos, como sería  la de continuar o retirarse.

Lo mismo sucede -¡quién lo dijera!- con la filosofía, cuando la mente se aventura en territorio desconocido, enfrentando cuestiones que caen fuera del marco operativo de la razón empírica, verificable en la realidad objetiva inmediata.

Es conocido el caso del matemático alemán Georg Cantor, creador de la Teoría de Conjuntos y su obsesión por el INFINITO, pero sucede lo mismo con personajes mucho menos ilustres, como descubrí en el transcurso de los ’80 con los locos del “área del Carolino”, el Edificio Central de la Universidad, empezando por un conserje apodado “Maguila” –por el gorila de los dibujos animados de la televisión- que vivía precisamente allí.

De él supe por un amigo, que cuando fue bibliotecario de una Preparatoria, dejó de usar el Kardex o fichero de allí… ¡por habérselo aprendido de memoria! ¿Era ya un síntoma de locura?, ¿O una insensata operación que lo condujo a ella?

Por ahí también merodeaba otro, amigo de éste, a quien llamaban Sócrates o “el Alarife”, que se tornaba agresivo cuando no tomaba su medicamento y que por un comentario suyo, intuí qué lo había llevado al breakdown psicótico. Resulta que un día, al “pegárseme”-no era una persona de la que se buscara su compañía-, dijo algo que no entendí, provocando su inmediata descalificación: “¡Claro! ¿Qué puedes saber tú de Matemáticas?" (Lo que el sujeto ignoraba, era que yo efectivamente había abordado algunas ramas de esta Ciencia diez años antes, por lo que sabía considerablemente más que él.)

Otro fue un conocido que estudiaba Canto en el Departamento de Música de la misma Universidad, con quien sostenía sabrosas disquisiciones filosóficas, hasta un día en que llanamente abandonó la discusión para volver compulsivamente a una monomanía que había desarrollado. Tiempo después, un amigo mío que era su maestro, me confirmó lo de su insania.

Y por último, para establecer la relación entre los peligros comunes al misterio y la filosofía, traigo a colación el caso de una estudiante de Psicología que conocí en 1989, quien en una sesión de las que sosteníamos para diseñar una investigación –sobre cine pornográfico, incidentalmente-, me preguntó mirándome fijamente a los ojos: “¿Tú crees en el Diablo?”, sorprendiéndonos a todos, que dedicamos el resto de la reunión a hablar de espantos y fenómenos similares.

Por singulares circunstancias, con ella pude presenciar de cerca, aunque sin poder evitarlo, lo que en términos de William Hogarth, el famoso moralista-grabador inglés del siglo XVIII, sería “A WOMAN’S PROGRESS… INTO MADNESS”, que me llevaría irónicamente a abordar el Misterio de una manera filosófica más que de entretenimiento, estableciendo así otro tipo de nexo entre estas dos apasionantes pero delicadas ocupaciones humanas...

Imagen: cobianmedia.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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