Del padre natural al patriarcado
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10 de junio de 2016

-La Historia Jamás Contada-

Una de las corrientes menos conocidas popularmente de la Psicología es el sociopsicoanálisis institucional, la aplicación del método psicoanalítico a las instituciones, que no deja lugar a dudas sobre la influencia determinante de la organización objetiva específica de una sociedad en la personalidad “individual” de quienes no sólo la componen sino reproducen constantemente, aún en contra de su voluntad consciente.

Controvertida de origen por su manera de aproximarse a las disfunciones conductuales, emotivas, afectivas y psicológicas en general de sus pacientes, esta terapéutica llegó a considerarse subversiva por el ala más conservadora de la sociedad al hacer contacto y exponer una porción de la realidad cuidadosamente protegida por el velo del tabú: la dinámica interna de la vida familiar, qué la mueve y se mueve en ella.

De hecho, los contenidos producidos durante esta talking cure –como la describió una paciente angloparlante- eran una auténticas pornografías victorianas del tipo AUS DEN MEMOIREN EINER SÄNGERIN, aunque armadas con tan sólo los recuerdos infantiles de los sujetos, escandalizando a las “almas puras” de la época.

Pero su verdadera importancia se evidenciaría con el tiempo, al percatarse su creador y seguidores que el método permitía interpretar algunos de los comportamientos y producciones culturales más extraños de la Humanidad al confluir en él Antropología, Historia y Sociología SIN abandonar el terreno de la Psicología clínica. (Y daba aún para más, como lo demostró en su momento la Izquierda freudiana.)

Nada tenía esto de misterioso, pues el sujeto en el diván, al recuperar su historia “olvidada” –verdrängt- lo hacía también con la de su familia y la sociedad y época en que estaban insertos, con la ventaja adicional de incorporar el rico contenido subjetivo usualmente desdeñado por los científicos sociales positivistas.

Dentro del material metapsicológico accesible por el nuevo enfoque, estaban los mitos, uno de los cuales, el de un Dios padre, lo explicaba Freud recurriendo a su propia “mitología científica” –así la llamaba él-, aduciendo se trataba de una idealización del patriarca brutal y abusivo característico de la  horda primitiva que, envidioso de sus jóvenes hijos-competidores, terminó provocando con sus sistemáticas agresiones que éstos conspiraran para matarlo; pero una vez consumado el parricidio, la culpa los llevó a “resucitarlo” –simbólicamente- y colocarlo en el Cielo, desde donde los vigilaría y eventualmente castigaría por toda la Eternidad.

Es en este punto donde podría ubicarse la adopción del Patriarcado como sistema de control político, cuando al transformarse el padre natural en un Dios ante mortem, adquiere los atributos divinos de omnipresencia, omnisciencia y omnipotencia, resultando por tanto inútil –y sacrílego- rebelarse contra él, pues sólo acarrearía tragedia.

El patriarcado real se afianzaría entonces en un mito profundamente enraizado en el inconsciente, inmune a la crítica racional del feminismo e ideologías afines, que explicaría su persistencia a pesar del progreso material, técnico y en otros órdenes de la vida social.

Personalmente he llegado a considerar el PATRIARCADO una religión en sí mismo que, como otras tantas, confiere a ciertos varones el “derecho” –divino, por supuesto- a enseñorearse del resto de los otros: mujeres, niños y varones “disminuidos”. En todo caso, es algo que da para pensar.

Imagen: listal.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.