
19 de mayo de 2016
...Soñé que en mi colonia se escapaban 6 leones del zoológico. Cuando salí a la calle, noté que no eran 6, sino cientos de ellos, repartidos por todas las calles; por donde quiera que pasaba, a donde quiera que iba había leones. Escuchaba por la radio y los televisores desde las ventanas de las casas las indicaciones para no ser atacado por estos leones: Procure no acostarse a dormir, procure usar ropa gruesa y que cubra todo su cuerpo, si ve un grupo de leones aléjese de inmediato,no tome algún medicamento y no pierda el sentido, no vaya a fiestas, procure siempre andar acompañado, procure no sentarse o descansar en las calles o parques, de hecho no ande en calles y menos si estan a oscuras. Las voces en los medios seguían dictando indicaciones sin sentido sobre lo que no debería hacerse para ser atacado. Mientras esto ocurría comencé a preguntarme: ¿Quién nos cuida? ¿donde están las autoridades que deberían de estar haciendo algo para capturar todos estos animales? ¿Donde están los de control de animales? ¿Por qué tendría que cuidarme yo con esas instrucciones tan patéticas y que coartan mi libertad? Al mismo tiempo suplicaba por que alguien hiciera algo para que esos leones no me devoraran.
Los leones acosaban a todas las personas a mi alrededor, las cazaban y engullían, algunos jugaban entre ellos preparándose para la cacería, parecía que sus rugidos iban acompañados de risas, algunas personas que observaban como eran devoradas otras estaban con sus celulares grabando tales acciones. Así que por un extraño sentido de supervivencia decidí regresar a casa, buscar algún lugar seguro lejos de esas escenas. Me encontré a mi hermano Edgar, nos acompañamos todo el camino, íbamos esquivando a los leones, cambiábamos de calle, nos bajábamos de la banqueta , intentando que los leones no nos vieran; mientras rugían nos hacían recordar su presencia. Cada rugido me hacía temblar, querer que se callaran, sentía terror y pánico con cada rugido pues sabía que los hacia para amenazar con comerme, quería salir corriendo, pero temía que aquel león me alcanzara o peor aún encontrarme con otro en mi camino y que este me alcanzara corriendo. Notamos que un león nos estaba siguiendo mientras las voces seguían indicando que hacer en caso de ser atacado: En caso de ser atacado nunca permita que el león lo aceche o que lo derribe, siempre manténgase en pie, de nada servirá correr; en caso de defenderse procure no ser muy brusco con el león, solamente retire las garras y dígale que no quiere ser devorado, el león entenderá y no lo seguirá más. ¡No mate al león! en caso de matarlo usted irá a la cárcel por que el león también tiene derechos y esta bajo la protección de los grupos pro-leones devoradores de personas. Pensaba en las idioteces que decían aquellos locutores, ¿como no podía defenderme? ¿aquel león tenía protegido su derecho a matarme?¿que clase de sociedad no permitía que yo pudiera matar en defensa propia pero si permitir que me asesinaran? Eso no era vivir, sino sobrevivir. No quería seguir en esa situación, no se me permitía gritar o quejarme pues para la sociedad “eso era algo común en los leones” y yo “debería de respetar la necesidad del león de comerme”, algunas personas hasta me decían que debería de agradecer que un león me hiciera el favor de comerme.
Noté un rugido detrás de mí. El león que me seguía me ataco por la espalda, podía sentir sus garras aferrándose contra mis hombros, cortando mi piel, quería gritar y no podía por el terror de sentirme devorado, su hocico no alcanzaba mi yugular o mi boca, pero seguía intentando derribarme, tocando con sus garras todo mi cuerpo, hice lo que indicaban los conductores de radio y televisión, pero el león seguía queriendo derribarme, nadie quería ayudarme, incluso mi hermano solo trataba de caminar más rápido y mirar hacia otro lado para no ver como yo era devorado, pero yo no quería ser comido, así que seguí luchando, me sentí solo y abandonado, parecía que todo indicaba que seria devorado de algún modo u otro, golpee al león en los testículos lo que hizo que me liberara, camine más rápido mientras escuchaba las voces diciendo- que exageración, el león solamente estaba jugando contigo. Ya estaba cerca de mi casa cuando perdí al león. Mi hermano, aunque para ese entonces ya no era mi hermano Edgar sino otro individuo parecido a algunos galanes de televisión, pero me llamaba hermano, me decía con una sonrisa- Piénsalo hermano, por un momento, podría ser peor, es parte de nuestra cultura ahora, somos la ciudad de los leones, si alguna vez vas a otro país hasta extrañarías que los leones te acosen, por lo menos esto no es como en otros lugares.- terminó aquella frase con una mirada de tristeza, pues en su interior entendía que eso no era algo que se debería celebrar. Desperté con la sensación de un nuevo ataque de león justo antes de llegar a la puerta de mi casa, el cual ya me devoraba. Afortunadamente fue solo un sueño. Esa pesadilla fue muy real, podía sentirme acosado todo el tiempo a punto de ser asesinado en cada esquina o por cualquier león, aunque me dijeran que eran buenos y que sus intenciones no eran devorarme, sabía que eso no era cierto, tal vez no todos los leones quisieron devorarme, pero estaban allí esperando a que alguien se descuidara para cazarle y comerle.
Amanecí agradeciendo que solo era un sueño, pero después me di cuenta de algo, a lo que invito a que reflexionemos juntos, imagínese por un momento que eres quién esta en una situación similar, ¿Qué haría? Tómese un momento para pensarlo y escriba sus conclusiones antes de leer los siguientes párrafos. No haga trampa.
Vuelva a leer la historia del sueño, pero ahora imagínese que usted es una mujer, cambia las palabras “león” o "leones” por “z” u “hombres”, “rugidos” por “piropos” y aquellas similares de “cacería”, “devorado” y “comida”por “violada” o “asesinada”.
Para las mujeres esto es algo de todos los días, ellas despiertan con la incertidumbre de vivir entre machos violadores y asesinos, en todas partes de la ciudad, incluyendo en sus casas, estos hombres son educados para “dejar llevar sus impulsos” y “no tener control sobre ellos” por que “biológicamente están diseñados para ello” aunque se compruebe que las personas deciden cuando cometer la violencia y no por impulso, existiendo estudios científicos y artículos serios que lo ratifican. ¿Qué hace el gobierno contra ellos? las recomendaciones por parte de la sociedad y el Estado son igual de ilógicas, defendiendo a los machos asesinos pero abandonando a las personas sobrevivientes a su suerte. ¿No lo creen? Les invito a que lean las historias desgarradoras de Yakiri Rubio, Andrea Noel, Daphne Fernandez, Gabriella Nava, de #miprimeracoso o puede consultar las cifras de feminicidios y violaciones en su entidad. Que tal si ahora lee las acciones que expuso en papel, ¿le sigue pareciendo excesivas las acciones del #24A? A mi no me lo parecen, que miles de mujeres salgan a denunciar las violencias que sobreviven día a día. Aunque estoy a favor de la reeducación para la no violencia, llegó a ser tan desesperante la situación que, siendo sincero, cuando estaba en ese sueño incluso pensé en matar a esos leones o mutilarlos de alguna manera.
Espero que este artículo apoye a visibilizar un poco más la grave situación en la que vivimos día a día. Que la siguiente vez que llame “feminazi” o “exagerada” a una mujer feminista, lance un piropo, no le crea a una mujer que ha sido acosada, re-victimice a una mujer y/o se burle sobre un feminicidio recuerde o vuelva a leer este artículo, se ponga en el lugar de la persona sobreviviente, lea sus conclusiones y reconsidere su postura.
Imagen: respetocallejero.cl1916
Mario Alberto Mondragón Aguilera.








