Psicología y vida descalza
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

7 de enero de 2016

 -La Historia Jamás Contada- 

Un fenómeno relativamente “nuevo” –cuando menos en este momento- en las sociedades urbanas contemporáneas, son las personas que adoptan un estilo de vida descalzo. No es que sea nuevo en absoluto: es lo natural y, en nuestro medio –como apunté en un artículo anterior-, coexistió con usar calzado –de cualquier clase- hasta la década de los ’70, para después desaparecer sumaria y “misteriosamente” a escala social, incluso como manifestación contracultural –esto es, de desacuerdo con el orden establecido- que fuera con los hippies.

¿Qué fue exactamente lo que sucedió? Hasta ahora no he podido ubicarlo puntualmente, pero sin duda tiene que ver con la ideología –construcción social- que, al ser interiorizada por el individuo, pasa a formar parte de su psicología, incidiendo desde entonces en sus sentimientos y emociones.

“Me siento como niño con zapatos nuevos” es una expresión que denota una definida sensación de autoconfianza y poder, mientras que la situación opuesta, tenerlos gastados o no tenerlos, provoca en la mayoría de los “urbanizados” un sentimiento de vulnerabilidad y desamparo, al grado de que en instituciones carcelarias y similares, como algunas escuelas todavía en los años 60, se empleaba como castigo humillante.

Pero tanto un complejo emotivo como el otro son aprendidos. En terminología psicoanalítica clásica, se trataría en el primero de un fetichismo (positivo), en el cual la presencia o posesión de un objeto –en este caso, el calzado- se traduce en placer, mientras que su ausencia o pérdida resulta en el efecto contrario o negativo: displacer, vergüenza, duelo. Un esquema que coincide con el de adicción.

Este proceso subjetivo inconsciente también genera racionalizaciones –dar apariencia de racional a lo que no lo es- como la que escuché hará un mes en un sitio público de Internet, cuando una cliente comentó a la encargada: “Dicen que por andar descalzo se lesionan las articulaciones” (¡!)

¿Y qué hay del lado puramente objetivo de esta práctica? Pues que se puede vivir y convivir descalzo si así se desea, realizando las actividades domésticas y sociales de siempre, sólo que con mayor comodidad, entre otras cosas. Es una cuestión de preferencia, una alternativa más en cuanto a organizar la propia vida,  que nada tiene de extraordinaria o escandalosa en sí misma, pero que algunos sujetos especialmente ansiosos o decididamente neuróticos, se esfuerzan en presentar como antisocial.

Es el caso de numerosos establecimientos comerciales norteamericanos que exhiben en sus puertas un sticker con la leyenda: NO SHIRT – NO SHOES – NO SERVICE. (Aquí no suele llegarse tan lejos, aunque no faltan quienes con celo casi religioso, quisieran calzar a todos para no sentirse avergonzados o perturbados ellos mismos, una clara proyección de su incomodidad en otros.)

La Psicología no sólo puede contribuir a resolver enigmas histórico-sociales como esta extraña, repentina y generalizada fobia a los pies descalzos: es también una valiosa herramienta –tool- a disposición del individuo, para preservar su libertad de decidir sobre su propia vida en éste y muchos otros aspectos. Tan sólo es cuestión de (saber) aplicarla.

Imagen: mydreamsofdisney.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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