Los políticos y la escuela (Artículo)
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17 de junio de 2023

Es tiempo otra vez de elecciones, cuando se renuevan las esperanzas de tener, por fin, gobernantes capaces de mejorar, aunque sea un poco, las precarias condiciones de vida por las que hemos atravesado desde que tenemos memoria.

Candidatos no faltan, pero entre ellos no alcanzamos a distinguir alguna cualidad que pudiera hacer la diferencia con los anteriores, sin contar que muchos son los mismos de siempre (“políticos profesionales”, se les llama), sólo que ahora más viejos y más mañosos.

¿Cómo podemos entonces optar racionalmente por uno, si todos comparten las mismas características indeseables que asociamos con la palabra “político”, cualquiera sea su partido y programa y más ahora, cuando la excesiva masificación no sólo poblacional sino de los medios de propaganda, nos hace virtualmente imposible observar a detalle quiénes son realmente, como lo sabríamos si los tratáramos personalmente y por un largo tiempo, como sucede con nuestros familiares cercanos y vecinos, de los que sabemos qué confiarles y hasta dónde.

(Resulta impactante ponerse a reflexionar seriamente hasta dónde confiamos irracionalmente en los políticos, sus promesas y afirmaciones, como seguramente no lo haríamos con algún conocido, por más íntimo que fuese -o tal vez por eso mismo: por conocerlo demasiado bien-.)

Así que aparentemente estamos por definición en desventaja, sin más opción que votar por alguno, por cualquiera o por ninguno y sólo esperar que no salga peor que los anteriores (“Más vale malo por conocido que bueno por conocer”, dice el desencantado dicho). ¿O hay alguna otra forma de percibir alguna diferencia? ¿Tal vez a través de la ESP (extrasensory perception)?

En realidad hay muchas, aunque todas requieren INVESTIGACIÓN, tarea que exige esfuerzo, tiempo y recursos con los que tal vez no contemos y menos aún para emplearlos en conseguir tan -aparentemente- mezquino objetivo.

Pero… ¡albricias!, hay una que equilibra bastante bien la ecuación de costo y beneficio y además es perfectamente accesible a través de los modernos medios de recuperación de información: la HISTORIA ESCOLAR de los candidatos de marras.

Sí, pues en las escuelas el trato es cotidiano y dura por años, donde todos llegan a conocer a todos en una extensa cantidad de situaciones, observando y comparando, descubriendo capacidades y limitaciones, vicios y virtudes, caracteres, temperamentos… Y no a través de análisis clínicos sino por la mutua interacción en situaciones reales, no prefabricadas.

Y entre todas éstas, unas consustanciales a la Política: las inclinaciones, tanto en un sentido como en otro, pues habrá sujetos generosos o mezquinos, veraces o mentirosos, compasivos o abusivos y toda la gama de antinomias concebibles.

Pero junto a éstas, intrínsecas a todo individuo, está la que será definitiva en el desempeño del futuro homo politicus: su PREPARACIÓN ACADÉMICA, pues también ya desde entonces se sabe en que es -y será- bueno y en qué no: así, sin más y de manera sumamente objetiva, pues ahí están las calificaciones para documentarlo.

Así que un buen ejercicio para votar racionalmente, incluso desde ahora, más allá de la manipulación emotiva y sentimental, objetivo no declarado pero patente de la propaganda, sea a favor o en contra de alguien en particular, es allegarse información sobre el DESEMPEÑO ESCOLAR, en todos los niveles, de los candidatos propuestos.

¿Quién sabe? Tal vez si nos forjamos este pequeño hábito, algún día consigamos por fin tener una verdadera clase GPT de Gobernantes Preparados Técnicamente, capaces de realizar su trabajo con INTELIGENCIA, aunque no sea ARTIFICIAL, como está de moda ahora.

¿Qué opinan ustedes?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.