En torno a la próxima elección providencial (sic)
Minuto a Minuto

28 de marzo de 2023

- La Historia Jamás Contada -

Cuando de niño, en los años 60, oía a los adultos hablar de “política”, el asunto me resultaba tan incomprensible como el futbol y los toros, aunque de éstos contaba con referentes concretos, mientras que de aquélla no tenía nada con lo que formarme un concepto, quedando en una especie de arcano impenetrable por mi sola inteligencia, tan eficaz en otros casos.

Dichas tertulias siempre versaban sobre las posibilidades que tenían ciertos personajes de “llegar” (?) según la relación más o menos  cercana que guardaran con otros, una especie de padrinos poderosos que podrían introducirlos o recomendarlos en una casta en la que comenzarían a recibir cargos, es decir, “hacer carrera política”, separándose así del común de los mortales, esto es, de los simples ciudadanos que sólo llevaban sus vidas, sin posibilidad de influir y, mucho menos, dirigir las de otros.

De todo esto se hablaba con un halo de reverente misterio que, fijándose bien, recordaba vívidamente a lo que leíamos o veíamos en el cine acerca de las órdenes místicas, mitad legendarias, mitad históricas, que solían reunir a los héroes en activo, por así decirlo, al tiempo que formaban a quienes los sucederían en su noble tarea de auxiliar y redimir a los pobres y oprimidos, los socialmente inferiores de quienes tradicionalmente abusaban los poderosos: ricos, tiranos y similares. (Esta visión del Mundo es el origen de la “divina” locura del Caballero de la Triste Figura, Don Quijote de la Mancha, de la que di mi interpretación personal en el artículo DE LA FICCIÓN A LA IRREALIDAD, disponible en el blog sabersinfin.com.mx)

Nótese que no se trataba todavía de la fase pública, sino del acto ritual, semisecreto en el cual, se rumoraba (“me lo dijo el vecino de un amigo del pariente de un miembro del Partido”), sería ungido el Candidato como “abanderado” del Partido Oficial, pero no por decisión de la mayoría, sino de un Comité selecto cuyas consideraciones y criterios sólo conocían sus integrantes (una CRIPTOCRACIA en toda forma),  pero la cual toda la organización debía apoyar incondicionalmente  (la “disciplina partidaria” tan mentada en un sentido y otro).

Lo que seguía era pura formalidad, comenzando por la entrega “espontánea” de las masas convenientemente adoctrinadas al flamante prócer, que de inmediato iniciaba su campaña de acercamiento a la gente, para llegar al apoteósico Día D (“de la elección”, se entiende). En cuanto a los opositores, como si no existieran.

Toda esta parafernalia resultaba insulsa para quien ya la conociera, prefiriendo dedicar su tiempo y esfuerzo a cosas más apremiantes o excitantes (de ahí el creciente abstencionismo), dejando la Política a los políticos y wannabes (literalmente, “que quieren ser”) y a los que éstos remuneraban por sus servicios, más uno que otro ocioso que sólo se entretenía con ella.

Pero incluso los comentaristas y caricaturistas independientes, críticos por definición, daban por natural, inmanente a la Política misma, esta designación mágica del Candidato. Nunca cuestionaban, cuando menos en público, su idoneidad, como si hubiera sido colocado ahí por un Poder providencial más que humano, como si se tratara efectivamente del Elegido de los Doses.

Éste es el punto de quiebre de todo proceso y progreso democrático, pues hasta en el mejor de los Mundos posibles, donde todo el juego fuera limpio, la elección, la verdadera y funcional, ya estaría hecha incluso ANTES de comenzar la votación universal, libre y secreta.

De ahí la importancia de llevar hasta el final el razonamiento, tanto para no albergar falsas esperanzas, como para no dar a los embaucadores la oportunidad de introducir de contrabando sus propios y mezquinos objetivos.

¿Cómo ven ustedes?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.