Inteligencia emocional y seguridad alimentaria en la pandemia (Artículo)
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27 de mayo de 2020

Columna Un Nuevo Comienzo


En un mal día en Nueva York, la gente caminaba alterada e irritable. Cuando las personas abordaban el autobús de transporte público, el chofer les daba los buenos días y la bienvenida. Muchos ni respondían. Ya sentados les iba platicando sobre los lugares donde iban pasando. Cuando se bajaban, habían mejorado notablemente su estado de ánimo, muchos respondían o sonreían, según relata Daniel Goleman en su libro La inteligencia emocional.

La emoción es la alteración del ánimo, de manera intensa o pasajera, agradable o penosa (Alberto Briceño, 2004). Y la inteligencia emocional, de acuerdo con este autor, es la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos.

Es la capacidad para resistirnos a reaccionar de manera impulsiva e irreflexiva, actuando en lugar de ello, con receptividad y participando de esa manera en la promoción de una comunicación sin barreras.

Los mejores resultados en las decisiones personales se obtienen cuando existe la capacidad para controlar las emociones. Mantener la calma ante las adversidades es la mayor fortaleza de un ser humano porque le permite decidir con mayor posibilidad de éxito. Valor es el control del miedo, no su ausencia.

Ponerse en los zapatos de los otros y escucharlos, representa más del 90 por ciento del éxito de las decisiones resultantes. Más aún cuando no se tiene ningún conocimiento del problema a atender. Muchas disculpas se pueden evitar si se piensa antes de hablar.

La pandemia por COVID19 ha impactado fuertemente en el estado de ánimo de las personas. El “quédate en casa” ha provocado ansiedad, temor, tristeza, miedo, desesperanza y angustia en los integrantes de la familia. Más depresión o agresividad, más violencia entre la familia.

Pero es en los niños y jóvenes donde mayores impactos se pueden observar. No es lo mismo la clase presencial, la convivencia diaria, que la comunicación a través de las pantallas. No poder saludar a los compañeros, no poder despedirse al finalizar los cursos. La ausencia de eventos de clausura dejará huellas y marcas emocionales considerables entre los actuales estudiantes.

Atender las recomendaciones técnicas que han establecido los organismos mundiales y autoridades sanitarias, es fundamental para reducir los riesgos de contagio y aminorar los impactos de esta nueva enfermedad. Actuar con bases científicas, comunicar correctamente y mantener la calma. Pero igual de importante es evitar el pánico y proteger eficientemente a la población.

La otra preocupación está relacionada con una de las necesidades elementales de las personas que es la alimentación.

Durante la emergencia se atiende parcialmente con despensas a las familias más necesitadas. Al margen de las inconformidades por lo insuficiente que son o la percepción de manejo político que discrimina a algunas familias, ésta es una de las acciones más inmediatas para resolver parte del problema.

Sin embargo, si la pandemia se prolonga, para los tiempos posteriores a ésta, la mejor vía de solución al problema alimentario es la autoproducción.

El fomento productivo familiar a través de huertos y granjas en pequeños espacios representa la posibilidad de obtener parte de los alimentos requeridos, significa ahorros considerables en la compra de alimentos y el aprovechamiento de recursos disponibles.

Pero la autoproducción alimentaria es también una de las terapias ocupacionales más importantes para mujeres y niños. Se ha comprobado que la preparación de la tierra, la siembra, el cultivo y esperar la cosecha, tienen una gran influencia en la valoración del esfuerzo, en el fortalecimiento de la paciencia y en la fortaleza interna por la satisfacción de ver cosechado el fruto del trabajo. Cosechar es una de las alegrías más grandes.

Más aún, se ha probado el valor formativo que la autoproducción alimentaria tiene en los niños y jóvenes para promover el emprendimiento y garantizar su seguridad alimentaria futura.

Inteligencia emocional y seguridad alimentaria son dos grandes necesidades para hacer frente a la pandemia. Los profesionistas relacionados con estas áreas tienen hoy más tarea y las políticas públicas no pueden quedarse atrás.

 

Alberto Jiménez Merino
Secretario Ejecutivo del Consejo Técnico
Nacional Consultivo de la CNC
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