
Convencido de que todo educa - para bien o para mal -, encuentro fenómenos y oportunidades sorprendentes, como la que permitió la reciente creación, de forma accidentada, del Consejo Ciudadano para la Civilidad de Tuxtepec, Oaxaca.
16 de marzo de 2020
El Consejo Ciudadano para la Civilidad de Tuxtepec nace en una situación inusual, con ánimos cuasidesbordados debido a que en días anteriores un grupo de personas, pertenecientes a una organización social, increparon al Presidente Municipal Fernando Bautista Dávila de forma extraordinaria, cerraron la caseta de cobro “puente caracol”, uno de los accesos de la ciudad y tomaron el palacio de gobierno. Las formas que fueron de las exigencias pasando a los gritos y empujones, tuvieron la sazón de las emociones y los egos estallando como juegos pirotécnicos. Se tocaban en las formas, los fondos, en tiempos políticos donde los símbolos del poder juegan sus propias batallas.
Ante ello, y dada la larga historia de situaciones similares y aún más complicadas por las que ha atravesado el municipio, la posibilidad del ciudadano de sentirse profundamente ofendido iba en una relación directamente proporcional al compromiso con el proyecto político que representa Fernando Bautista Dávila. Sin embargo, a la asamblea también acudimos sin la pasión desbordada, quienes estamos involucrados, de una u otra manera, con esfuerzos para contribuir al desarrollo de Tuxtepec. Estábamos todos contemplando el “lodo de viejos polvos” en la inercia de décadas de los rituales entre las organizaciones y los poderosos en turno.








