Las colisiones y las coaliciones
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raymundo garcia.jpgLAS COLISIONES Y LAS COALICIONES
Raymundo García García*
 
El tema de las coaliciones políticas con fines electorales es viejo y siempre han sido materia de debates, y por supuesto han provocado colisiones dentro de los partidos políticos, repercutiendo también sobre la calificación política del Estado Mexicano, dentro del concierto de las naciones como Estado autoritario, semidemocrático o democrático.


Después de la federalización de la legislación electoral allá en 1946, las candidaturas comunes fueron la fuente para que el PRI fuera apoyado por partidos de diferente posición ideológica. Como olvidar las candidaturas presidenciales tricolores de Díaz Ordaz, de Echeverría y de López Portillo, con el aval de los entonces PARM y PPS, fenómeno que se traducía en diputaciones federales: 10 en promedio para el PPS y 5 ó 7 para el PARM. El fenómeno producía un escenario de bipartidismo PRI más partidos satélites frente al PAN; y por razones de Estado y un ejercicio autoritario del mando no se descalificaban.

Con la crisis del PRI en el año de 1988, resultado de una coalición de facto impulsada por el Frente Democrático Nacional (FDN) que aglutinó a los partidos PARM, PPS, PFCRN, PMS, CD-PRI y CC-PRI además del MAS. Entonces el PRI buscó la forma legal para prohibir las candidaturas comunes y apuntalar bajo estricto control las coaliciones partidistas dejándolas con fines eminentemente electorales. Y diferenciándola del Frente como alianza de partidos con fines de lucha de tipo eminentemente política, pero no electoral. No obstante, la lucha continuó y restableció legalmente la facilidad para construir coaliciones para impulsar elecciones de alta competitividad en el ámbito federal, dejando una diferencia muy grande con las formas de lucha en los Estados, en donde el PRI se había enseñoreado, y enquistado fortaleciendo mecanismos autoritarios del viejo régimen mexicano golpeado a nivel federal en el año 2000.


Debe reconocerse que la izquierda mexicana, en ese deseo de transformarse a la lucha política, abandonando su vertiente revolucionaria y violenta, necesariamente estaba obligada a buscar formas, estrategias y tácticas para avanzar en el campo político electoral regulado por leyes e instituciones; esto la llevó a experimentar distintos caminos y dentro de ellos, la coalición de los propios partidos de izquierda para las elecciones federales de 2006, demostraron que estuvieron a punto de tomar el poder formal de México. Ah, pero este ejercicio puesto en práctica  por el FAP, representó  en las últimas elecciones presidenciales mexicanas la humillación del PRI, poniéndose de manifiesto que en la medida que el PRD coaligado con los partidos de izquierda avanza; el futuro del PRI se encamina a su extinción. Y en la medida que el PRI se fortalece, los partidos de izquierda se colapsan.


Las elecciones federales de 2006 fueron aleccionadoras, mostraron un México de dos colores de un lado el PAN y del otro la CBT, dos colores azul y amarillo. Los partidos políticos y en particular sus dirigencias, leyeron bien los mapas y sobre todo los resultados de las elecciones federales intermedias para actuar de nueva cuenta en dos vertientes: a) se deja que la incipiente democratización mexicana sufra un retroceso a niveles autoritarios; o b), se establecen pactos y acuerdos y se forman coaliciones encaminadas a consolidar el régimen democrático.


Los intereses particulares, los intereses de grupos, las inversiones personales y de grupos de rutas previamente trazadas, por supuesto que con los acuerdos tomados por razones de Estado, generan encabronamientos, confrontación y espectáculos circenses  en espacios de debate público, afirmaciones y negaciones de acuerdos normales y cotidianos que todo mundo alguna vez ha apoyado o se ha enterado, pero que hoy su socialización molesta. En fin, en esta nueva etapa de construcción democrática  de México, se vive una revolución ciudadana y civilizada de la sociedad, que genera abandono de militancias, transfuguismo político, coaliciones pragmáticas y por supuesto colisiones en las cúpulas de partidos, de las coaliciones, de las estructuras partidistas y de particular manera de quiénes le metieron dinero a una carrera que en el papel o acuerdo se va a la basura. Esto es mucho mejor y no representa mayores costos, que una disputa violenta por el poder.

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.

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