
13 de enero de 2017
A una semana escasa de la toma de posesión –inauguration- del Presidente electo –por el Colegio Electoral- de Estados Unidos, es oportuno examinar con más detalle en qué ha venido a quedar la Democracia en ese País vecino, que hace ya demasiado tiempo fuera inspiración y hasta modelo de quienes luchaban por la libertad y la igualdad en todo el Mundo. (Alexis de Tocqueville, DE LA DÉMOCRATIE EN AMÉRIQUE, 1835-40.)
Aunque oficialmente esa Nación nunca fue tan libertaria ni tan igualitaria, como lo demuestra lo tardío de la abolición de la esclavitud y aún más de la segregación racial, remanente de aquélla. Lo mismo en cuanto a libertad religiosa y de conciencia en general, que han ido ganando palmo a palmo los inconformes con el Puritanismo intransigente que trajeran al Continente los míticos peregrinos del (barco) Mayflower, como de cuando en cuando se manifiesta en la perenne controversia por la leyenda IN GOD WE TRUST –que algunos leen como GOLD, no sin razón- que ostentan los billetes.
Y muchas otras cosas relativas a los ahora considerados derechos universales pues, como observé hace años, los norteamericanos, a pesar de su riqueza, desarrollo científico–tecnológico y poderío militar, en el fondo siguen siendo un pueblo de granjeros, con sus virtudes y, especialmente, sus defectos, como la cerrazón y la xenofobia.
Eso en cuanto al Pueblo como tal, porque la casta dominante se mide con otro rasero, a semejanza del Heptálogo incluido por el indispensable George Orwell en su fábula ANIMAL FARM, cuyo Séptimo Mandamiento establece que: “All animals are equal,” sólo para que hacia el final de la historia, éste haya sufrido ya una adición-enmienda: “…but some animals are more equal than others.”
Es en particular el dinero o su equivalente, el éxito en los negocios, lo que hace la diferencia entre unos y otros, sustituyendo así al linaje hereditario de las aristocracias europeas, que no impide a los norteamericanos zaheridos por comentarios de los (súbditos) ingleses de no tener un(a) monarca, rodear a sus Presidentes de tratos y reverencias rayanos en el ridículo, como hacer correr agentes del Servicio Secreto al lado del automóvil presidencial. Aunque éste sea blindado. Y toda clase de zalamerías propias de una Corte, pero no de una Democracia.
Otro rasgo llamativo son los curiosos nombres de los dos únicos Partidos políticos que cuentan: Republicano –que viene siendo monárquico- y Demócrata –conservador moderado-. Entre uno y otro se alternan el Gobierno, constituyendo el famoso BIPARTIDISMO que políticos subdesarrollados como los nuestros, consideran el estadio superior de su “honrosa” (¿?) actividad.
Pero hay ocasiones en que el electorado cautivo, es decir, creyente de esta peculiar “democracia”, parece abandonar el juego y es cuando las élites dominantes recurren a candidatos ciudadanos –no los genuinos, que los hay-, sino aquéllos que por su literalmente subyugante actitud, atraen a los más susceptibles, incapaces de reflexionar serenamente. Aquí ya tuvimos uno, de apellido FAX –como lo pronunciaba su homólogo texano-y ahora les tocó a ellos. Y esta fue su elección, con sus consecuencias a la vista. Tal vez hasta le hagan su película, que sería una especie de remake (más) perverso de la original de 1941.
En todo caso, sienta un pésimo precedente, pues ahora cualquier ABUSIVO con aspiraciones “políticas” podrá decir: “SI TRUMP PUDO, ¿YO POR QUÉ NO?”.
Imagen: boingboing.net
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.








