
5 de diciembre de 2016
Tener una ciencia que estudie el impacto, bueno o malo, de las redes sociales en las personas no debería sorprender a nadie. Desde su nacimiento, hace unos diez años, hemos podido observar una gran cantidad de estudios que permiten valorar su huella en la vida humana.
Desde comparativos sobre la forma de vida anterior hasta la necesidad o no de regularlas, las redes sociales se volvieron parte importante de todas las esferas sociales: gobiernos, empresas mediáticas, portales web, celulares y más, se ven familiarizados siempre con alguna red social para interactuar con las personas, facilitar la comunicación con usuarios en futuras ocasiones, informar avances, etc.
Una de las características recurrentes de la población con respecto a las RS, es la “suscripción”, es decir, que el usuario o internauta puede oprimir el botón de “Me gusta” a una fan page de Facebook o un “Seguir” en Twitter, o los similares en otras redes que permitirán al generador de información enviar notas, vídeos y fotos en un futuro.
Aunque eso no es nuevo. Antiguamente las personas podíamos suscribirnos a los diarios, revistas o volverse asiduo televidente. También estaban los correos para enviar promoción a los clientes. Sin embargo, las redes caminan con los usuarios en sus teléfonos, se viralizan gracias a las funcionalidades de compartir y eso facilita lo que antes se conocía como “de boca en boca”.
Encontramos ya signos de una familiarización natural de las personas a pertenecer, ser parte de los grupos, colaborar con diferentes medios, hoy conocidos como alternativos que roban día a día la atención que antes se tenía a los medios tradicionales. La publicidad se ve invadida también: “Que no te dejen en visto”, “reporta watsappeando”, “dale me gusta al sabor”, etc.
Cada vez más personas se ven inmiscuidas en la tecnología y contamos cada vez con más estudios al respecto de la evolución que las RS darán a la vida humana, sus propensiones, incremento del acervo metodológico que una nueva ciencia deberá catalogar y organizar, definiendo sus instrumentos de medición y estableciendo relación formal con otras ciencias ya existentes como la comunicación, la informática, la sociología, la psicología y muchas más.
Temporalmente vemos cómo surgen más y más estudios que se acomodan en las ciencias ya existentes, pero que tarde o temprano, habrán de independizarse, especialmente porque cuentan con vasta información, gracias a los registros de las mismas redes y porque han resultado indispensables en muchas ocasiones para impactar a millones de seres humanos.
Empezamos también a ver libros como El poder de un tweet (Rafael Garate –foto de: www.lamujerconexito.com–), que narra diferentes historias reales sobre el impacto en la vida de las personas de esa red social.
Más tarde, necesariamente, veremos publicaciones como metodología para el estudio de las redes sociales, sociología de las redes, nuevos modelos de comunicación involucrando la tecnología, etc. Sólo para convencernos un poco más, los programadores conocen hasta dónde se propaga un tweet, o cuál es el impacto de una publicación en Facebook.
En esta gráfica se observa la forma en que se propagaron los tweets de la entrega desde diversos medios en el mundo sobre la noticia de los Papeles de Panamá. (Foto de: www.bez.es).
No hay duda que aún nos falta ver la mayor y más impactante parte de este tema tan interesante como innovador. Los seres humanos podemos sorprender y admirarnos de las maravillas que inventamos, a veces sin conocer las consecuencias. ¿Estamos listos para ello?
Imagen: blogs.icemd.com
Joe Barcala (@JoeBarcala) es novelista y activista veracruzano y poblano, autor de diversos éxitos editoriales.









