
20 de septiembre de2016
Cuenta la leyenda que un día un antihéroe gobernó el país. Un personaje indigno de portar las insignias nacionales como presidente. Tenía el poder de corromper la política nacional, las instituciones, a los gobernadores, a los lambiscones que le rodean. Capaz, hasta el extremo, de no escuchar a su pueblo, de lastimarlo con graves insultos y no saber el daño que está causando.
Uno de sus más recientes poderes llegó a sus brazos hace unos días, al estrechar la mano de un candidato estadounidense que se ha mofado de los mexicanos. Pero Peña Nieto tiene más poderes de los que cualquiera se puede imaginar: ha empobrecido a la población con gran esfuerzo, incrementando en sólo un año a la lista –ya de suyo larga- de 55 millones de pobres, se sumaron 2 millones en 2014 y 5 millones en lo que va de su sexenio.
Tiene la fuerza militar suficiente para no debilitarse con la kryptonita de un pueblo enojado, indignado, insultado, violentado, desaparecido, asesinado. Apenas lo ponemos un poco nervioso, haciéndole que se le caiga el pastel, la banda presidencial, tropezar al subir una escalera; le hacemos olvidar la pronunciación correcta de infrastructure en inglés o epidemólogo en español. Ha de ser por su súper traje de imbécil que trae puesto todo el día. Cambia nombres a las capitales de los estados como si le apretara el calzón que lleva encima del pantalón, como si la capa le estuviera ahorcando las neuronas.
Rompe las barreras de la comunicación inflando el presupuesto de imagen a niveles nunca vistos, gastando en marketing político lo que nadie y aun así, sigue apareciendo como “persona non grata”. Este presidente, que algún día gobernó al país, hoy ya no lo hace más. Sigue sentado en su gran silla, como si fuera igual de beodo que su predecesor, pero sin ingerir alcohol. Sus espinacas de poder radican en su cerebro: le hacen perder el control, le llevan a inventar “nuevos rumbos” como en su tercer informe y “nueva cercanía” con el cuarto. El poder lo idiotiza.
Usa unos brazaletes de acero en las manos, como la mujer maravilla, que él le llama reformas estructurales. Pretende defenderse con ello todo el tiempo. Su lazo mágico es la gendarmería que lo pone en ridículo cada que la usa. Esas bestias no saben de modales. En lugar de usar la inteligencia policial o de un agente especial, terminan siendo cuerpos de batalla campal contra la población.
En los ojos brilla un rayo de luz que le permite ver a través de las paredes el dinero que se va a robar. Se vendió a las trasnacionales, anunciando coca-cola light como producto perfecto para volverse idiota; en prevendas de nuestro petróleo a los cuñados y parientes de Salinas de Gortari con la reforma energética y las mineras a los canadienses; manejando las políticas públicas de educación para privatizar las escuelas que nos costaron, pero generando ganancias a los socios de Mexicanos Primero, filiales a Televisa. Si donde pone los ojos, pone la tranza.
Al único gobernador que hizo renunciar, fue para protegerlo (Guerrero). Porque los otros de Quintana Roo, de Veracruz y de Chihuahua, pese a las denuncias, ahí los conserva; y protege a Moreira. Si su poder lo usara para hacer el bien. Pero es un verdadero criminal. Lo mismo con su Videgaray, para llevarlo al edén del Estado de México como premio por sus cifras maquilladas en la Secretaría de Hacienda.
Esta ciudad Gótica, bizarra, vive en la obscuridad, a expensas de los guazones del legislativo riéndose todo el día de nosotros o los acertijos del sistema judicial porque uno siempre se pregunta para que están con el 98% de impunidad, o las gatúbelas de los medios masivos porque siempre están prostituyendo a la gente con telenovelas, coqueteándoles para que caigan en sus manipulaciones...
El salón de la fama, también llamada residencia oficial de Los Pinos, es la guarida de maleantes, mentirosos y perversos asesinos de la paz, vende patrias, socios de secuestradores, narcotraficantes y criminales. Mientras que tienen en la cárcel a inocentes: 41% lo son. Incluido el archienemigo, peligrosísismo Mireles, que les echó abajo los negocios de los socios del presidente, los llamados caballeros templarios con el levantamiento de las autodefensas en Michoacán y otros estados. Allá se reúnen cotidianamente para planear el próximo golpe, contra el pueblo, asestando duros golpes a la justicia y la paz.
Imagen: desfiladero132.wordpress.com
Joe Barcala (@JoeBarcala) es novelista y activista veracruzano y poblano, autor de diversos éxitos editoriales.








