Mujeres grafiteras y artistas urbanas también se enfrentan al acoso callejero
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BOGOTÁ D. C., 28 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Verónica Morales García, magíster en Artes Visuales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, también conocida en el mundo del arte urbano como “Raronica”, quien lleva más de 12 años interviniendo las calles, se propuso, además de comparar el movimiento urbano de ciudades como New York y Detroit (Estados Unidos), Bogotá y Medellín, comprender el papel que han desempeñado las mujeres en las prácticas de apropiación simbólica del espacio público, y entender cómo se asume el cuerpo femenino dentro de la práctica del grafiti.

Para adentrarse en el tema recurrió a referentes bibliográficos. El recorrido, el trayecto y la caminata exhaustiva también han sido un recurso primordial para un avistamiento crítico de los espacios en los que aparece el grafiti, el rayón, el sticker o el mural.

Ella señala que “intervenir también ha sido mi forma de acercarme al espacio, de conocer y reconocer la ciudad que comparto con otras personas, y hacerlo en este momento de la investigación me ha llevado no solo a depurar mi propia propuesta técnica, sino a hacer una lectura más consciente y objetiva de las características que rodean los espacios que intervengo con pintura”.

Además de su propia reflexión sobre el cuerpo femenino dentro de la escena, Raronica conversó con colegas mujeres como Ambs, una de las escritoras de grafiti más reconocidas de Colombia, y con Erre, otra artista que ha experimentado de primera mano el rigor de las calles de una ciudad grande como Bogotá, reconocida como la séptima con mayor intervención de grafitis en el mundo.

Ambs es la única mujer del Crew PMS (Power–Money–Sex), el cual interviene desde techos, vallas, trenes, rejas, hasta el TransMilenio en hora pico. Ella cuenta que su trabajo es fruto de su interés en la noche y que la práctica del grafiti le ha permitido apropiarse con contundencia del espacio público, un lugar que históricamente no le ha pertenecido a las mujeres. Erre, por su parte, cuenta que tuvo que “quitarse de encima a un morboso que la molestaba cuando salía a pintar sola en las noches, pero que las malas experiencias no la hicieron desistir de su gusto por este arte urbano”.

Como complemento a su investigación, la magíster Morales tuvo contacto con Natalia Giraldo, socióloga de la UNAL y precursora de la iniciativa “No me calle”, un programa para visibilizar la restricción que existe hacia la apropiación de la calle a raíz de los hechos de abuso que se dan de forma cotidiana y naturalizada en la ciudad.

La socióloga explica que “la violencia no es exclusivamente física, no se puede desconocer la gravedad de las palabras y los gestos que generan sentimientos de asco, rechazo, incomodidad, vulnerabilidad que hacen que la calle se perciba como un lugar inseguro. La mayoría de las mujeres relata malas experiencias desde que son pequeñas”.

Según la experiencia de la investigadora, las mujeres dentro del grafiti se ganan el respeto con acciones y con habilidades, con pulirse cada día en la técnica. Ella no considera que la escena sea machista porque lo importante es el talento no la diferenciación entre hombres y mujeres, pero sí reconoce que como mujer grafitera hay que saber escabullirse, reconocer terrenos que no sean peligrosos y aprender a cuidar ese territorio que es el cuerpo.

Así mismo, reconoce que, por ejemplo, los encuentros con la Policía son más condescendientes con mujeres que con hombres “la Policía trata a una mujer como ‘pobre princesa en apuros que salió de rebelde a la calle’, mientras que con un hombre muchas veces entra con ataques”, concluye la investigadora.

El acoso callejero en Colombia no es asunto menor. Según la Encuesta de Percepción a Mujeres de la Secretaría Distrital de la Mujer, en Bogotá 7 de cada 10 mujeres han sido víctimas de acoso callejero, y en localidades como Kennedy de 1.300 mujeres el 51 % vivió situaciones de acoso entre los 11 y 17 años. Además, TransMilenio sigue siendo visto como un trasporte público inseguro; allí se ha capturado a 67 personas por acoso a usuarias del sistema. En Medellín, según la Secretaría de Seguridad, entre 2016 y 2018 más de 1.655 mujeres han reportado casos de acoso, a través de la línea única de emergencias 123.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

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