Musicoterapia ayudaría a fortalecer relaciones sociales en el adulto mayor
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BOGOTÁ D. C., 05 de julio de 2019 — Agencia de Noticias UN-

El músico Germán Andrés Lesmes Velandia, magíster en Musicoterapia de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), aplicó una propuesta comunitaria para promover las relaciones sociales entre los adultos mayores a partir de la construcción de recursos desde la música o del musicar.

El investigador buscaba un campo de la musicoterapia en el que pudiera aplicar su conocimiento mientras intervenía positivamente en esta población que cada vez es más representativa en todo el mundo. Según la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, se proyecta que en 2050 habrá 2.100 millones las personas con 60 años o más.

El magíster optó por la línea comunitaria, en la que se han incorporado estudios antropológicos que permiten entender qué son la comunidad y la cultura. El punto de partida para reconocer las necesidades de la población a intervenir en el proceso terapéutico fue la investigación acción participativa en musicoterapia.

“Conocí a las personas e hice entrevistas; así determiné que se debía realizar un trabajo con los habitantes de este lugar que se encontraban aislados y que por lo general no participaban en las actividades organizadas por el Centro de Protección Social Bosque Popular”, explica el investigador.

Ubicado en el barrio Luis María Fernández de la Localidad Engativá, dicho Centro ofrece sus servicios a cerca de 150 adultos mayores entre los 60 y los 100 años que ingresaron allí porque carecían de redes sociales o familiares de apoyo, dependencia moderada o severa (social, funcional, mental o física), o desamparo económico.

Durante dos meses el investigador desarrolló sesiones semanales en las que los residentes participaron en un espacio abierto, sin importar sus características y condiciones físicas o cognitivas; así generó un espacio de interacción desde la experiencia del hacer musical (musicking) para cantar y usar diferentes instrumentos según los gustos particulares.

Esta dinámica, junto a otras como cantar al aire libre y frente a sus compañeros, permitió que los residentes del Centro interactuaran: “cuando una persona cantaba una canción que le gustaba a otra se acordaban de una más y cantaban juntos, era algo muy espontáneo y musical” recuerda el magíster.

Conformación de una comunidad

La promoción de las relaciones sociales y del empoderamiento de los participantes se hizo evidente con la conformación de una pequeña comunidad en torno a la experiencia de hacer música, libre de prejuicios y conflictos.

“La musicoterapia comunitaria creó una pequeña sociedad que cantaba, tocaba, y que lo único que le interesaba para reunirse era eso, no hablar de nada más, no importaba si tenían dolores, penas, si su cuerpo estaba cansado o si estaban enfermos. Esto se volvió un ritual al que iban sagradamente”.

Los participantes se fueron apropiando de la actividad y del espacio. Por ejemplo, durante las sesiones cuatro a la siete se promovió la libre elección y uso de los instrumentos musicales, se dejó solos a los participantes al inicio de la sesión para improvisar libremente por largos periodos y algunos de ellos ya llegaban antes del llamado general, incluso mientras se adecuaba el espacio.

Tampoco se volvió a convocar por altavoz, poco a poco los mismos participantes organizaron sus grupos de actividades y sacaban los instrumentos musicales.

El magíster señala que “intencionalmente se propusieron ese tipo de situaciones para ver cómo se organizaban, si podían generar un liderazgo o si empezaban a relacionarse, a buscar ellos mismos cómo interactuar”.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

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