
24 de junio de 2023
- La Historia Jamás Contada -
La presente ola de calor vuelve a poner sobre la mesa (de diseño, en este caso) el problema de, si no el control, cuando menos el manejo ecológico, orgánico, holístico y, sobre todo, preventivo de éstas y semejantes condiciones climáticas extremas, cuya frecuencia aumentó sensiblemente a la vuelta del milenio.
Sin duda una asignatura pendiente tanto de la arquitectura como del urbanismo convencionales, pero que ahora su consideración y consecuente tratamiento ha escalado al rango de urgente necesidad, en flagrante contradicción con la tradicional inercia burocrática del Gobierno, siempre a la espera de que los problemas se resuelvan solos y la correspondiente, incluso armónica dejadez de la población, que se limita a aguantar… hasta que no puede aguantar más.
Pues bien, como ya habrán notado mis lectores melómanos, el título proviene del célebre tratado práctico del Kapellmeister Johann Sebastian Bach, “DAS WOHLTEMPERIERTE KLAVIER” (El Teclado bien Temperado) de 1722 sobre cómo afinar esta familia de instrumentos musicales de modo que sean (aceptablemente) aptos para usarse en cualquier tonalidad, por alejada que se encuentre de la “pura” o “natural” (que no deja de ser una convención, al fin y al cabo).
La clave (del buen temperamento de una Ciudad, desde luego) radica en abandonar el pensamiento convencional, tradicional, burocrático que ha prevalecido en estos asuntos y abordarlos lo más objetivamente posible, atendiendo a sus características estrictamente físicas, como hiciera Bach con la teoría de la Música.
Basta con dar una vuelta a pie (desnudo o no) por las diferentes zonas de una ciudad, para percibir per proprium sensum sus distintas características físicas, tanto agradables como desagradables o hasta agresivas, como empecé a detallar en un artículo anterior, EL SUELO QUE PISAMOS, disponible en el blog sabersinfin.com.mx
Se trata (la Ciudad) de una construcción o artefacto no siempre habitable, por no haber incluido desde su diseño o tal vez su concepción misma, a quienes la habitarían y sus características y necesidades vitales. (Un ejemplo demencial lo tuvimos aquí en Puebla, México, cuando se construyó la Zona Angelópolis, que carecía de… ¡aceras por donde caminar!, como si los usuarios fueran los vehículos mismos o se tratara de un gigantesco y laberíntico drive-in en el que nadie tuviera que apearse para hacer sus compras u otras actividades.)
Pero así sucede no sólo cuando se presentan condiciones climáticas extraordinarias, sino a lo largo del año y sus estaciones, con el sol dándonos permanentemente de lleno por la ausencia de zonas sombreadas, sea natural o artificialmente, colocadas estratégicamente; el calor excesivo por la falta de fuentes de humedad y de aire fresco; la combustión indiscriminada y sin regulación. (Eso de la “verificación vehicular” como medio de controlarla eficazmente, es una “vacilada”, dirían los clásicos. Recuerdo que cuando se instauró, lo primero que vino a mi imaginación técnica fue un molinito como los de carne al que se introducía un fajo de billetes, se daba vuelta a la manivela y… ¡ya está!: salía una dosis de aire puro, obtenido mediante algún misterioso proceso alquímico, ¿de qué otra manera?)
En temporadas de lluvia faltan lugares en los que resguardarse, además de la increíble cantidad de trampas virtuales que aparecen en cualquier trayecto por falta de una planeación racional. Y lo mismo en cuanto a los vientos y todo lo que pueden traer… o llevarse. Y el ruido, la basura y los congestionamientos y aglomeraciones, todo contribuyendo a llevar al clímax el stress de la población, que añadidos al ya de por sí inclemente clima, resulta en una infernal integral de violencia y desesperación.
Sí, una ciudad bien temperada comienza por la observación minuciosa de los detalles de la incesante interacción entre el individuo y su medio físico y, a partir de ahí, IDEAR las formas más técnicas, no mágicas ni burocráticas, de hacerla más tersa, de ATEMPERARLA.
De lo contrario, ahí están los efectos de la TEMPERATURA extrema, por ejemplo.

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.








