Restaurar la naturaleza va mucho más allá de reforestar
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AMAZONIA, 10 de junio de 2021 — Agencia de Noticias UN-

Así lo señaló el doctor en Biología Flavio Humberto Moreno Hurtado, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, durante su charla “Experiencias de reforestación ecológica de ecosistemas forestales”, en el marco del Mes de la Investigación organizado por la UNAL Sede Amazonia.

Dos conceptos que se deben tener claros son restauración y reforestación, ya que en el imaginario de la gente suelen asociarse. “Si bien la reforestación puede ayudar a los objetivos de la restauración, usted puede hacer restauración sin sembrar un solo árbol”, señala.

La restauración ecológica busca recomponer y reparar un ecosistema que ha sido degradado por diferentes factores. Una de las herramientas que utiliza es la reforestación, que se entiende como el hecho de repoblar un territorio con árboles. 

Además los procesos de restauración son costosos, y entre las diferentes actividades que se pueden desarrollar, la reforestación es una de las que demanda mayores recursos. Lo ideal en la reforestación es que las especies sean nativas y sembrar estos árboles tiene un costo alto porque la mortalidad es mayor, cada especie tiene requerimientos distintos y tasas de crecimiento distintas, entre otros factores.

Elemento humano, factor clave

El factor clave fundamental en la restauración son las personas, los actores sociales, se comienza con las comunidades locales que habitan el territorio, pero también incluyen a la academia y la institucionalidad, entre otros. Es fundamental identificarlos porque serán los encargados de adelantar el proceso, señala el investigador.

Esta identificación se debe complementar con procesos de capacitación, socialización e involucramiento de la comunidad, que son los principales beneficiarios o afectados por las acciones que se emprendan en el territorio. No solo se debe capacitar en aspectos técnicos sino en seguridad y salud en el trabajo, agrega.

Plan de restauración

Los planes de restauración deben tener objetivos claros y muy realistas. El profesor Moreno señala “si tengo una persona totalmente desfigurada, que sufrió quemaduras muy graves, no puedo pensar que la voy a dejar en un estado en el que pueda participar en un concurso de belleza, podemos restaurar la piel, pero ese es un proceso difícil y doloroso”.

Por eso plantea varias preguntas clave que marcan el camino a seguir en el proceso:

¿Cómo es el paisaje que tenemos ahora?

Es necesario caracterizar el ecosistema a restaurar, teniendo en cuenta que el paisaje es una categoría muy amplia que involucra los usos de la tierra, las coberturas, los habitantes, todo lo que ocurre en el territorio forma parte del paisaje, incluso el clima.

¿Cuál es el estado actual de las coberturas? ¿Las coberturas degradadas se pueden recuperar por sí mismas?

Las coberturas pueden ser urbanas, industriales, cultivos, vegetaciones en distintos estados de desarrollo, humedales, etc. También se debe identificar la flora, la fauna, los suelos y los distintos componentes de esas coberturas.

“Se debe determinar si el ecosistema es capaz de restaurarse por sí mismo. Los procesos ecológicos buscan conformar una estructura del ecosistema que esté en equilibrio con las condiciones ambientales; lo que pasa es que la velocidad e intensidad del proceso depende de diferentes factores como el estado de las coberturas y las barreras que impiden su restauración”.

¿Qué barreras lo impiden?

Si las barreras no son muy graves la intervención puede ser muy pequeña, porque se trata de apoyar los procesos naturales, una restauración pasiva. Por ejemplo, “hay ganado que está impidiendo que la regeneración avance, se pone un cerco y nada más”, señala el doctor Moreno.

Existen situaciones más graves, como las zonas de minería a cielo abierto, “donde se barre totalmente el suelo, las propiedades físicas, químicas y microbiológicas desaparecen; allí se necesita una acción mucho más intensiva, más invasiva, una cirugía a corazón abierto”.

¿Cómo es el paisaje qué queremos tener en el futuro? ¿Hacia dónde voy?

Plantearse esto permite tener objetivos concretos en tiempos concretos. “Por ejemplo, lograr una cobertura vegetal para empezar a desarrollar procesos bio-geoquímicos, procesos biológicos, el aporte de hojarasca, la construcción de suelo, e ir avanzando de una manera progresiva”.

Objetivos en periodos de 5, 10, 15 años son una forma realista de encarar la restauración y a partir de ahí ir definiendo actividades.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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