
27 de mayo de 2023
Conoser Bien
El orgullo que se alimenta con la vanidad acaba en el desprecio.
Benjamín Franklin
En el libro Eclesiastés (del griego Ekklesiastes y significa "El predicador”), uno de los 46 libros en la versión de la Iglesia católica¹, se presenta una serie de preguntas en busca del propósito de la vida. No se identifica directamente a su autor, pero es atribuido al rey Salomón (al igual que el Libro de Proverbios) ya que se hace llamar así mismo "hijo de David" y "rey en Jerusalén.
El libro Eclesiastés exponen las reflexiones y actitudes de un hombre a partir de su experiencia personal, que le ha hecho descubrir el declive de la vida y la aparente inutilidad de todas las cosas materiales, llevándolo a una amarga convicción, repetida continuamente a lo largo del Libro: ¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad!
La palabra vanidad viene del latín vanitas, vanitatis (cualidad de lo vano, pura apariencia, fraude, presunción de que se posee algo cuando el interior está vacío). El vocablo se deriva del adjetivo vanus (vano, hueco, vacío). El Diccionario de definiciones Oxford Languages le da a la palabra vanidad los siguientes significados: 1. Orgullo de la persona que tiene en un alto concepto sus propios méritos y un afán excesivo de ser admirado y considerado por ellos. 2. Expresión que denota vanidad.
El Eclesiastés evidencia que los placeres, las riquezas, los honores y la gloria no dejan más que vacío y desencanto en el ser humano. La ausencia de la esperanza en una retribución después de la muerte explica esta manera de pensar y lo único que vale la pena es gozar moderadamente de las alegrías y de los pocos bienes que se pone a nuestro alcance. Se aconseja a los jóvenes que vivan bien mientras puedan, porque un día morirán, debiendo expulsar dentro su modo de vida la vanidad.
Un vanidoso suele comportarse como si fuera “único”, como el rey del mundo y trata a sus congéneres como seres inferiores, desvaloriza toda opinión o punto de vista que no sea el suyo. Solo lo que él haga o diga es válido. Cree que puede con todo o que es el mejor en todo y que tiene “buena autoestima”.
Los psicólogos definen la vanidad como “el amor exacerbado hacia uno mismo, así como, la creencia excesiva en las propias habilidades y en la necesidad de mostrárselas a los demás”. Un vanidoso no solo cree en exceso en sí mismo, sino que
busca constantemente que otros lo noten o destaquen, porque tiene el deseo compulsivo de ser reconocido y valorado.
El vanidoso está centrado en sí mismo y permanentemente hace ostentación de sus cualidades con el fin de que los demás las noten y las reconozcan. Es arrogante y engreído, tiene una actitud soberbia que lo hace sentirse superior, ya sea desde un punto de vista intelectual o físico.
El vanidoso es experto en ningunear o invisibilizar a las personas. Descalifica y desvaloriza cualquier opinión, solo la suya será la acertada. La persona que tienen al lado no existe para ellos, excepto cuando le aplaude. No admite personas en su mundo y tiende a establecer relaciones asimétricas, convirtiendo a las que lo rodean en súbditos aduladores de sus propios atributos.
Por todo esto, no resulta sencillo vincularse con personas vanidosas ya que ésta no es más que la defensa contra el vacío interno, personas a las cuales el Eclesiastés, tenía identificadas.
Contrariamente a lo que pretende, el vanidoso produce rechazo en el resto de las personas que lo rodean. Su actitud de presunción y soberbia hace que la gente no lo tolere y más bien lo margine. Entonces, la intensidad del deseo de ser reconocido puede ser igual al rechazo que recibe.
Para saber si una persona es vanidosa o no, se nos recomienda observar las siguientes actitudes²: a) Cree que su punto de vista es la verdad única y el único que vale; b) Se muestra seguro, potente y valorizado; c) Es ostentoso con sus logros; d) Se publica en las redes sociales como la imagen de un triunfador; e) Suele creer que tiene razón en todo y desoye a los demás; f) Trata de mostrar indiferencia, pero le importa muchísimo que los demás tengan una buena imagen. Se desvive para generar una imagen perfecta; g) Viste bien o al menos usa ropa de marca, para hacer que el resto se dé cuenta; h) Se enoja con mucha facilidad cuando se le trata de discutir; i) Se expresa de forma teatral, con entonaciones, para captar la atención de su audiencia; j) Tiene una actitud explicativa. Siempre está dando cátedra de temas variados y parece que habla encima de una tarima como si los demás fuesen ignorantes.
En los dos últimos versículos del Eclesiastés 12:1-8, (⁷y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. ⁸Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad) se nos da claramente la clave de que creía en la naturaleza eterna de la vida, el predicador ha tratado de demostrar que la vida sin humildad no tiene significado, pero que el vivirla bien tiene sentido.
La vanidad, amable lector, puede ser buena, en cierta medida, porque posibilita que tengamos en alto nuestra autoestima, gracias a ella resaltamos nuestra belleza interior y la proyectamos a los demás. No es mala cuando está acompañada de la humildad. El problema de la vanidad se materializa cuando es dañina, cuando su acción sobre los demás es ofensiva y desesperanzadora.

Twitter @jarymorgado
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conoSERbien; www.sabersinfin.com
Referencias:
1. https://es.wikipedia.org/wiki/Antiguo_Testamento
2. https://lamenteesmaravillosa.com/vanidad-yo-el-mejor-de-todos/








