
06 de mayo de 2023
- La Historia Jamás Contada -
Hoy 05 de mayo, hace 61 años, se conmemoraba el Centenario de la “histórica” batalla que librara el Ejército de Oriente contra un combo militar expedicionario patrocinado por el Imperio francés, gobernado entonces por Luis Bonaparte, sobrino del famoso Tío y por eso conocido como Napoleón III. Y dado que la lucha llegó a su clímax y desenlace en unas colinas situadas justo al Norte de esta ciudad de Puebla, ya se imaginarán ustedes el fasto de la celebración, todo un acontecimiento que activó extraordinariamente la vida social y especialmente comercial y turística local, más bien provinciana, aunque no amodorrada como en otras poblaciones comparables.
Para quienes como yo comenzaban justo en ese momento su vida escolar formal, dicho ambiente nos brindaba una experiencia definitiva en varios aspectos esenciales, tal vez el más importante la modernización material del entorno, tradicionalmente no sólo fuera de la consideración concreta sino incluso de las aspiraciones o ensoñaciones cotidianas de la clase media baja urbana, por ser sistemáticamente excluido de la agenda pública de los gobiernos PRI-revolucionarios, cuya prioridad suprema era el conveniente adoctrinamiento de los habitantes en la ideología oficial de su Partido. (Sí, también entonces ya éramos aspiracionistas, mal que les pese -o digan que- a los demagogos que todavía pululan por ahí.)
Era la razón profunda por la que asistíamos a la escuela, pero también al cine -muchos no teníamos televisión, entonces una especie de lujo- a ver películas sobre la vida moderna y otras “fantasías” socialmente inaccesibles.
Este contraste entre la vida real y las pretendidas grandes hazañas pasadas -si es que alguna vez tuvieron lugar- con las que intentaban seducir nuestra imaginación, hace muy relevante indagar profunda y sistemáticamente en la mitología, sincrética y la mayor parte hechiza que el Poder hace pasar como Historia: la Historia oficial, con su cauda de actos simbólicos -¿de qué?- y la encendida y cursi declamatoria que invariablemente los acompaña, proveniente tanto de locutores profesionales de radio y televisión como de cada vez más “espontáneos” como maestros, burócratas, comediantes… y militares. (¡Pero cómo no, si es su contribución “cívica” (?) a la vida social!)
Por lo que de propiamente Historia queda poco y además enmarañado en la prosopopeya triunfalista de los standuppers al servicio del Gobierno, quienes no dudan en convertir la mismísima derrota en su opuesto, como en el enigmático -para los más inocentes- caso del Sitio de Puebla, acaecido al año siguiente de la sonada Batalla, cuando los invasores simplemente tomaron su revanche.
La Historia (científica) se construye diligentemente, investigando y formulando hipótesis que, una vez comprobadas y sólo entonces, irán conformando o engrosando teorías que expliquen consistentemente la cadena de acontecimientos que llevaron a la materialización de un hecho o circunstancia determinados en algún lugar y momento del pasado o incluso aquí y ahora, sin hiatos.
(Por cierto, fue leyendo EL 18 BRUMARIO DE LUIS BONAPARTE, de Karl Marx, que entendí en qué consiste un análisis histórico, en este caso, el del ascenso al Poder absoluto del ominoso personaje, del quien también versa, aunque veladamente, otro libro de lo más recomendable, DIÁLOGOS EN EL INFIERNO ENTRE MAQUIAVELO Y MONTESQUIEU, de Maurice Joly.)
Pero además, la Historia no tiene por qué reducirse a las fechas, acontecimientos y personajes tenidos -¿bajo qué criterio?- como épicos, sino que también puede hacerse de lo que sucede a ras del suelo en la vida de todos los días, disciplina conocida como Historia de la Cultura o Historia cultural, de la que me ocupo en un artículo anterior.
Y para concluir en esta misma línea, ¿han escuchado ustedes la canción de otro Napoleón, el cantautor, titulada ¡VIVE!?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.








