
25 de marzo de 2023
Conoser Bien
“El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos”.
Aristóteles
El alma ha sido uno de los temas más recurrentes que se ha tratado desde la más remota antigüedad, tanto en la filosofía, como en la religión, y en muchas otras áreas del saber. Sin embargo, con el tiempo, el alma pasó a asociarse con la religiosidad y el misticismo.
La palabra “alma” proviene del latín ánima “aire, aliento”, y del griego psyché “principio de la vida”, que en sánscrito es “Atma” y en hebreo “nephesch”. La etimología de alma señala el principio por el cual los hombres y los animales pueden moverse por sí mismos.
Homero fue el primer pensador en intentar incluirla entre sus relatos y enseñanzas, él la entendía como una especie de soplo (aire) y no la identificaba con la conciencia, el pensamiento o sentimiento. Se trataba de la parte inmortal de todo ser, la que no muere y, por lo tanto, no está marcada por las etapas vitales del ser humano.
Sócrates fue el primer filósofo en decir que “el alma es algo característico del hombre y es la sede del pensamiento y de los valores morales y que el cuidado de ésta es lo más importante para la vida".
Platón, en el Fedón o Sobre el alma, indica¹: 1) El alma es el verdadero yo del ser humano. Es espiritual e inmortal, pues cuando el cuerpo se destruye en la muerte, el alma abandona sus restos y emigra hacia un más allá donde recibirá premios o castigos según su comportamiento en la vida anterior; 2) En la estructura del alma pueden advertirse tres partes o elementos: la concupiscible (que tiende hacia el bien sensible, lo material), la pasional y la racional; 3) Esta distinción entre los tipos de alma, resulta relevante por su útil proyección política. Aquellos en los que predomina lo racional son los filósofos, los de apasionado carácter deben ser los guardianes, y los otros, los voluptuosos y amantes de lo material y la riqueza, los trabajadores y 4) Esa tripartición del alma plantea problemas sobre si toda el alma es inmortal o sólo su parte más noble, la racional.
La Biblia nos dice que todos fuimos creados con tres partes: un espíritu, un alma y un cuerpo². En 1 Tesalonicenses 5:23 vemos: “Y el mismo Dios de paz os santifique
por completo; y vuestro espíritu y vuestra alma y vuestro cuerpo sean guardados perfectos e irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
Se nos indica que: “El espíritu es la parte más profunda por el cual tomamos conciencia de Dios y tenemos contacto con Él (Juan. 4:24; Romanos 1:9). Así mismo, el alma es nuestro mismo yo (Mateo 16:26; Lucas 9:25), un intermediario entre nuestro espíritu y nuestro cuerpo; por ella somos conscientes de nosotros mismos y tenemos nuestra personalidad. Nuestra alma es nuestra personalidad, quienes somos. Se considera al cuerpo como nuestra parte exterior, por él somos conscientes del mundo, contacta las cosas tangibles del mundo material usando nuestros cinco sentidos físicos. El cuerpo contiene el alma, y el alma es el vaso que contiene el espíritu”.
En la mitología egipcia al narrar el juicio de Osiris o Juicio del Alma³ se dice que: “tras la muerte, el espíritu del fallecido era guiado por el dios Anubis ante el tribunal de Osiris. Anubis extraía el Ib (el corazón, que representa la conciencia y moralidad) y lo depositaba sobre uno de los dos platillos de una balanza. El Ib era contrapesado con la pluma de Maat (símbolo de la Verdad y la Justicia Universal), situada en el otro platillo”.
“Si el Ib era menos pesado que la pluma de Maat, y la sentencia era positiva podían ir a vivir eternamente en los campos del Paraíso. Pero si el veredicto era negativo, y su Ib era más pesado que la pluma de Maat, entonces este era arrojado al devorador de los muertos que acababa con él”.
Si los antiguos egipcios tenían razón surge la pregunta ¿el alma humana tiene peso?
Fue al médico, Duncan MacDougall (1866-1920) nacido en Escocia y nacionalizado en los Estados Unidos, que tuvo la idea de pesar el alma⁴. Su objetivo era investigar "si la salida del alma del cuerpo era acompañada de alguna manifestación que pudiera registrarse con algún medio físico".
Para esto hizo un experimento con seis sujetos humanos que ya estaban cerca de la muerte: cuatro estaban muriendo de tuberculosis, uno de diabetes y uno por causas no identificadas. Cuando se acercaba la hora de su muerte, las camas de los pacientes se trasladaban a básculas de tamaño industrial que tenían una precisión de 5.6 gramos.
Teniendo en cuenta la pérdida de fluidos corporales y heces, MacDougall determinó que uno de los pacientes perdió 21.3 gramos de peso en el momento de la muerte. Sin embargo, desechó los resultados de los otros cinco sujetos.
MacDougall hizo además el mismo experimento con 15 perros y observó que "los resultados fueron uniformemente negativos, sin pérdida de peso al morir", corroborando la hipótesis de que la pérdida de peso registrada en los humanos se debía a la salida del alma del cuerpo, ya que (según su doctrina religiosa) los animales no tienen alma.
Aunque varios periódicos trataron los resultados del experimento como una prueba irrefutable de la existencia del alma, el propio MacDougall no estaba convencido de que su trabajo hubiera probado nada. Para él, su informe era una evaluación preliminar, y dijo que eran necesarios más estudios.
A pesar de tratarse de un supuesto estudio pseudocientífico, este es uno de los mitos en los que más personas creen en él, existiendo la convicción de que el alma pesa 21 gramos.
Incluso, amable lector, se filmó una película en el año 2003 que llevaba por título “21 gramos”.
Twitter @jarymorgado
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conoSERbien; www.sabersinfin.com
Referencias:
1. http://antiqua.gipuzkoakultura.net/ideas_platon_alma.php
2. https://blog-es.biblesforamerica.org/las-tres-partes-del-hombre-espiritu-alma-y-cuerpo/
3. https://es.wikipedia.org/wiki/Juicio_de_Osiris
4. https://www.bbc.com/mundo/noticias-53814890








