
11 de marzo de 2023
Conoser Bien
“Tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel”.
Deuteronomio 8:8
(Especies con las que se bendijo al pueblo de Israel)
El próximo 6 de mayo, el soberano británico Carlos III será coronado y ungido¹ con un aceite considerado como sagrado: "aceite crismal". Para la coronación, este óleo se consagró en una ceremonia religiosa en Jerusalén, por el Patriarca y el arzobispo anglicano de esa ciudad, en uno de los lugares cristianos más sagrados de la ciudad, la Iglesia del Santo Sepulcro.
Crisma es uno de los tres aceites santos, usados en la Iglesia católica, que representa la transmisión directa del Espíritu Santo, además de la paz, la gloria, la purificación y la abundancia. La unción ilustra el nombre de "cristiano" que significa "ungido" y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que "Dios ungió con el Espíritu Santo" (Hechos 10:38).
Los otros aceites que el obispo bendice en la misa Crismal del Jueves Santo son: el aceite de los catecúmenos y el de los enfermos. Los tres aceites se utilizan en la administración de algunos de los cuatro sacramentos: bautismo, confirmación, orden sacerdotal y unción de los enfermos.
El aceite de la coronación del hijo de la Reina Isabel II se ha estado preparando en secreto, a partir de una fórmula utilizada durante siglos, durante más de ocho meses y se elaboró con aceitunas recolectadas de huertos locales, del Monte de los Olivos, del Monasterio de la Ascensión y el Monasterio de María Magdalena.
Las aceitunas se prensaron cerca de Belén y el aceite se perfumó con una mezcla de aceites esenciales, sésamo, rosa, jazmín, canela, neroli (aceite de flores de naranjo), ámbar y benjuí (resina que se obtiene a partir de plantas) a los que también se añade azahar.
El aceite santo es 100% libre de animales ya que en las versiones anteriores se incluía aceite de civeta, procedente de las glándulas de pequeños mamíferos, y ámbar gris, de los intestinos de ballenas, y pensando en la crueldad con los animales para obtener este aceite y la necesidad de proteger la vida salvaje, se decidió que la fórmula
del óleo sagrado para la coronación del rey Carlos III no contuviera nada de origen animal.
El aceite de oliva forma parte de nuestra cultura desde tiempo inmemorial. Se asegura que los primeros cultivos de olivos se remontan al 4,000 a.C. en Oriente Próximo. Se estima que el cultivo intensivo comenzó a producirse en el siglo X a.C. y en la ciudad de Biblos, cercana al actual Líbano.
Se considera que, tanto el pan, como el aceite y el vino, son los primeros alimentos procesados en la historia del hombre.
En el Antiguo Egipto el aceite era un producto sacro que se utilizaba en los sarcófagos de los faraones para desearles paz en la otra vida. También se usaba para uso medicinal y en cosmética.
En la Antigua Grecia el aceite de oliva resultó ser un elemento imprescindible en los Juegos Olímpicos. Los participantes lo usaban para untarlo en sus cuerpos y evitar quemaduras y caídas; a los ganadores se les obsequiaba una rama de olivo y una corona del mismo árbol que los proclamaban vencedores. Homero en la Odisea lo llamó el “oro líquido”
Es en el Imperio Romano donde el aceite de oliva alcanza su mayor esplendor. Se expande para uso culinario y se incluye como alimento del Ejército del Imperio Romano, además de seguirse utilizando para iluminación, aceite corporal o remedio medicinal.
El aceite de oliva llegó a considerarse como dinero en efectivo en la Edad Media y su uso alimenticio se expande al clero y también lo utilizaban como ingrediente en la elaboración de jabones, textiles y tratamientos de belleza.
En el siglo XIX, el cultivo del olivar inicia su expansión y España se convierte en el país con el olivar de mayor extensión del planeta y al introducirse nuevos combustibles, la demanda desciende y en consecuencia se incrementa su precio.
En el siglo XX, comienzan a formarse las cooperativas y almazaras (lugar donde se procesa el aceite de oliva), sobre todo en España.
En España, el cultivo del olivo se introduce en el año 1,100 a.C. por parte de los fenicios. Su uso principal era como ingrediente en la cocina, se utilizaba para cuidar el pelo y la piel, curar las heridas y como analgésico de determinadas enfermedades. En la actualidad, alrededor de 4.6 millones de hectáreas de olivos existen en el territorio español.
En tiempos bíblicos el aceite de oliva era el más apreciado de todos los aceites, por lo que se le atribuía un significado simbólico Divino, se usaba principalmente como: Combustible para las lámparas; Medicamento; Jabón de aseo personal; Elemento ceremonial e Ingrediente para alimentos. Debido a estas formas de aprovechamiento, narrado en la Biblia, el aceite de oliva simboliza al Espíritu Santo.
El término óleo algunos autores comentan que proviene de la palabra oliva que es la aceituna, otros que deriva del latín óleum (aceite de oliva) como se le conoce en algunas partes; igualmente el término aceite proviene de la palabra aceituna. Cuando la Biblia menciona la palabra óleo está hablando del aceite de oliva.
Se dice que: La sangre que salió de la frente del Señor Jesucristo en Getsemaní (que significa prensa de aceite) y la que derramó en la cruz, son simbolizadas por el aceite que se obtiene de las olivas machacadas.
El misticismo hebreo indica que: “hashemen”, significa “el aceite”; si se cambia el orden de las letras, se obtiene la palabra “neshamá” que significa “alma”. Si se continúa disponiendo las letras, se obtiene la palabra “shemoná” que significa “ocho”. Así, por ocho días, el aceite sirve como símbolo del alma, recordando el proverbio del Rey Salomón “el alma del hombre es la lámpara de Dios” (Proverbios 20:27).
A Jesús se le da el título de Cristo, porque la palabra griega “Christós” significa ungido: untado, consagrado, apartado, santificado con el aceite puro de oliva. Su significado era que la persona quedaba consagrada para el servicio del Señor. Tanto reyes como sacerdotes y objetos del culto eran ungidos (limpiados para un uso especial) con el aceite de la santa unción. Éxodo 30:26-31.
El aceite es el símbolo del Espíritu de Dios que nos aparta del mundo, nos consagra, nos purifica y nos santifica. Por lo que los sacrificios de purificación ya no son necesarios, ya que la presencia del Espíritu Santo hace esa purificación.
En consecuencia, amable lector, la unción del Rey tiene como simbolismo el quedar consagrado para el servicio del Señor, ya que el monarca es tocado simbólicamente con óleo santo en la cabeza, el pecho y las manos.
Twitter @jarymorgado
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conoSERbien; www.sabersinfin.com
1. Ungir. 1. Extender aceite sobre la superficie de algo; 2. En el rito católico, hacer la señal de la cruz con aceite bendito sobre el cuerpo de una persona, para administrarle un sacramento u otorgarle una dignida








