
14 de enero de 2023
Enero, mes para planear, construir y soñar.
JARyM
Desde hace más de 10,000 mil años, los sabios de Egipto y de Mesopotamia, al observar el cielo nocturno, apreciaron un objeto digno de veneración que llamaba su atención por presentar gradualmente diferentes vistas, es decir, la luna.
Este objeto, totalmente brillante (luna llena) algunas veces y completamente apagado (luna nueva) en otras ocasiones, fue motivo para celebrar en su honor un periodo entre cada luna nueva.
Es así, como nace el primer ciclo en la historia de la humanidad, este tenía 30 días, aproximadamente, y con el paso de los siglos se transformó en lo que hoy se ha denominado “mes”.
En su observación, además, descubrieron que cada siete días, la luna presentaba otras tres formas - creciente, llena, menguante, nueva. Estas cuatro fases lunares son las que dieron origen a lo que se conoce actualmente como “semana” de siete días, dedicando uno al descanso.
Al ser la agricultura la principal actividad económica en esa época, era necesario conocer, lo más exacto posible, las temporadas ideales de siembra, cosecha y almacenamiento de alimentos.
Es así como, con la observación y la práctica agrícola, llegaron a identificar las “estaciones”, y al relacionarlas con las fases de la luna concluyeron que, en un lapso entre dos primaveras ocurrían doce ciclos lunares, un “año”, naciendo así los meses del año.
Inicialmente los nombres y el número de días que conforman nuestros meses fueron dados por el emperador Julio César a través del calendario juliano, en el año 46 a.C., asesorados por el astrónomo y filósofo Sosígenes.
En sus orígenes este calendario constaba de diez meses: marzo, dedicado a Marte, dios de la guerra; abril, unos dicen que es dedicado a Venus, diosa de la fertilidad, que en griego era “Aphros” y otros sugieren que el origen de la palabra es el verbo latín “aperire”, que significa “abrir”, cuando abre la primavera; mayo, consagrado a Júpiter, deidad suprema; junio en honor a Juno, hermana y esposa de Júpiter; julio, antes quintilis y más tarde ofrecido a la memoria del emperador Julio
César; agosto, porque el soberano Augusto lo tributó a su nombre; septiembre, séptimo; octubre, el octavo; noviembre, noveno; y diciembre, décimo.
Como la suma de días del calendario juliano no coincidía con el ciclo astronómico, se adoptó el modelo egipcio que consistía en años de doce meses que sumaban 365 días, y años bisiestos con 366.
Además, fue necesario adicionarle dos meses, el primero, enero, consagrado al dios Jano, cuyo nombre en latín era Janus, representado con dos caras, era el espíritu de las puertas y del principio y el final (la mirada hacia el pasado y hacia el futuro), dios de la doble cara que mira al año viejo y al nuevo por venir, mira la guerra y la paz y abre el ciclo solar tras el solsticio de invierno el 21 de diciembre.
Jano era una divinidad romana sin equivalente en otras mitologías. Su propia etimología no está del todo clara, pero lo más probable es que esté relacionada con la raíz del verbo “ir”, en consonancia con la atribución del dios de dar paso, entrar, ser la transición, marcar el final y el comienzo.
El segundo fue febrero, fin del invierno y época en la que comienza el deshielo lo que hacía a la tierra apta para la siembra. En medio de estas tareas, los trabajadores del campo se infectaban de hongos en sus pies padeciendo altas fiebres.
Por esta razón, febrero debe el nombre a las fiebres, que se atribuían a un dios perverso que las causaba. La solución que implementaron consistió en acortar su duración, dejarlo de 28 días, para alejar al maligno. Otra versión es que febrero estaba dedicado a Februus o Plutón, dios de los muertos, para rendirle homenaje y evitar su ira.
A pesar de los ajustes, el calendario juliano continuaba impreciso, tan es así, que hacia el siglo XVI tenía diez días adicionales con respecto al ciclo astronómico. El papa Gregorio XIII reparó en el calendario gregoriano, en 1,582, el error para que el tiempo del hombre estuviera en armonía con las estaciones climáticas, por lo que decretó cuáles años de los siglos serían bisiestos, y estableció el 1 de enero como comienzo del año nuevo.
El calendario, amable lector, es una convención mundialmente aceptada, para regular el tiempo de las sociedades humanas sujeto a los ritmos del Universo y es resultado de observaciones y cálculos que dependen del progreso de la ciencia.








