La busca de notoriedad
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Jorge A. Rodríguez y Morgado

Los incendios provocados tienen tres móviles: la locura, la venganza y el más importante, el dinero.

Don Winslow

 

Un día como hoy, 21 de julio, pero del año 356 antes de Cristo, dos hombres son introducidos en los anales de nuestra Historia. Ambos personajes comparten el objetivo de ser recordados para siempre. Uno de ellos figurará en hazañas de apasionantes logros casi imposibles para un hombre, mientras que el otro solo será protagonista de ruinas que cuestionarán la inteligencia del ser humano.

Esta fecha es recordada primero, por el nacimiento de Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno, hijo del rey Filipo II, encomendado a Aristóteles su formación intelectual, y cuyo nombre es símbolo de poder y gloria. Segundo, por un joven pastor de Éfeso, Eróstrato, cuyo nombre es sinónimo de locura, porque él tras besar la estatua de la diosa Artemisa prendió fuego a toda la construcción, la que fue considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo, el Templo de Artemisa, ubicado en la ciudad de Éfeso, Turquía, con el simple propósito de pasar a la historia.

El Templo fue dedicado a Artemisa (Diana para los romanos), diosa de la fertilidad, la caza y la guerra. El lugar en el que se fundó el santuario de Artemisa había sido ya objeto de veneración a la Diosa madre o a Cibeles. El rey Creso de Lidia, ordenó la construcción del templo. El arquitecto Quersifrón, de origen griego, fue el encargado de la construcción del templo. Metágenes, hijo de Quersifrón, fue el encargado de acabar el templo. Ya que su construcción duró 120 años.

Sobre el templo de Artemisa, Antípatro de Sidón, quien elaboró la famosa lista de las siete maravillas del mundo antiguo, comenta: “He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de Zeus de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausolo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: Salvo desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande”.

La mayoría de las descripciones físicas del templo provienen de Plinio el Viejo. Éste describe el templo como “de 377 pies de largo (115 m) por 180 pies de ancho (55 m), realizado principalmente en mármol, es el santuario más grande de todo el mundo griego.

Constaba de 127 columnas, cada una de 60 pies de alto (18 m), igual a 12 veces el diámetro de la base. Al frente tenía una triple fila de ocho columnas, una hilera de nueve columnas en el fondo y 21 columnas a cada lado. Una obra arquitectónica impresionante”.

Pero el esplendor del templo desapareció la noche del 21 de julio del año 356 a.C. Ya que un hombre llamado Eróstrato provocó el fuego que destruyó el lugar sagrado. Se cuenta, que fue la misma noche en la que Alejandro Magno vino al mundo. Por este, hecho Alejandro Magno, quiso costear la reconstrucción del templo. Pero no le fue permitido, ya que dijeron que un Dios no puede construir un templo a otro Dios. En el año 323 a.C se comenzó la reconstrucción del templo. Con el tiempo, la mayor parte de la población se convirtió al cristianismo y la reconstrucción del templo se abandonó.

Eróstrato, hijo de un padre desconocido y de una madre que lo maltrataba, desde la infancia dejó muestras de sus ansias de fama, decía de sí mismo ser un elegido, hijo del fuego, ya que bajo su pezón mostraba una marca de nacimiento en forma de media luna. Las parteras que asistieron su nacimiento predijeron que estaba sometido a Artemisa. Fue colérico y permaneció virgen. Su ilusión era convertirse en sacerdote, pero al carecer de un padre conocido, su solicitud fue denegada y él expulsado del recinto cuando intentó retirar en varias ocasiones el velo que ocultaba a la diosa Artemisa. Vivió en una gruta, lugar desde el cual se dedicaba a vigilar el recinto sagrado de Artemisa. Se creyó que reservaba su virginidad para la diosa.

Muchos han pasado a la historia por sus actos heroicos en campañas militares y conquistas, otros muchos por acciones no tan gloriosas, pero solo Eróstrato ha pasado a la fama por el simple hecho de querer ser famoso y lo logró, a pesar de que Artajerjes, Rey de Persia, lo condenó al ostracismo y al anonimato.

Desde el ámbito de la psicología, se escogió a esta figura para dar nombre al complejo de Eróstrato, y definir así a aquellas personas capaces de hacer casi cualquier cosa por sobresalir, por adquirir fama y renombre.

Juzgue usted amable lector.

 

Twitter @jarymorgado

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