Vasconcelos: el apóstol de la juventud
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Jorge A. Rodríguez y Morgado

Un pueblo que pierde la fuerza necesaria para sacudirse el yugo acaba por venerarlo.

José Vasconcelos

El día de hoy, 30 de junio, se cumplen 60 años del fallecimiento del abogado, político, escritor, historiador, educador, funcionario público, filósofo, candidato presidencial, pero, sobre todo, visionario: José María Albino Vasconcelos Calderón, más conocido como José Vasconcelos (1882-1959). A él debemos la creación de la Secretaría de Educación Pública, desde donde impulsó una vasta tarea cultural, también el escudo y lema que hoy identifican y sintetizan la misión social de la UNAM, así como la gestión de un sinnúmero obras de arte que a la fecha continúan engalanado numerosos recintos públicos.

El mayor legado que dejó fue el sistema educativo y cultural adaptado a las circunstancias nacionales, jugando un papel clave en lo que después serían los lineamientos educativos del México postrevolucionario e incluso de gran parte de América Latina.

José Vasconcelos nació el 28 de febrero de 1882 en la ciudad de Oaxaca, realizó sus primeros estudios en la zona fronteriza del norte, continuándolos en Toluca, Campeche y la ciudad de México. Egresado de la Escuela Nacional Preparatoria, y posteriormente de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, obtuvo el título de licenciado en Derecho en 1907. Dos años después participó en la fundación del Ateneo de la Juventud, posteriormente conocido como Ateneo de México, grupo formado por un puñado de intelectuales, entre los que se encontraban Alfonso Reyes, Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña y Julio Torri.

El Ateneo significó desde su inicio un aparato crítico en contra de la tendencia positivista que dominaba el panorama intelectual mexicano. El Ateneo se promulgaba a favor de la libertad de cátedra y en contra del determinismo biológico que sustentara políticas de pensamiento racistas, buscando la reafirmación de los valores culturales, éticos y estéticos en los que América Latina emergió como realidad social y política.

Vasconcelos jugó un papel importante durante la revolución y los tiempos subsecuentes, como diplomático, primero al lado de Francisco I. Madero y posteriormente junto a Venustiano Carranza, alternando sus convicciones políticas con la dirección de instituciones como la Escuela Nacional Preparatoria y la Universidad Nacional de México en tiempos de Álvaro Obregón. En su cargo como rector, propuso al Consejo Universitario el escudo que desde 1921 caracteriza a nuestra Máxima Casa de Estudios.

Al finalizar su periodo como rector de la UNAM, le es encomendada la Secretaría de Instrucción Pública, donde impulsó numerosos proyectos para hacer frente a los rezagos educativos del país que se habían agudizado tras la revolución. Uno de ellos fue llevar la instrucción académica al interior del país a través de la acción de los maestros rurales, a quienes llegó a llamar "apóstoles de la educación".

Vasconcelos gestionó la intervención de edificios públicos por parte de pintores como David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera, los llamados "muralistas" cuya obra aún podemos apreciar en diversos edificios de la ciudad de México y el interior del país.

En 1924 Vasconcelos renunció a la SEP y aspiró a la gubernatura de Oaxaca, pero perdió la contienda. Se exilió en Europa y publicó en Barcelona una de sus obras más conocidas: La raza cósmica (1925), donde pugna por el mestizaje. Refiere Christian Paredes que “curiosamente su libro salió de la imprenta mientras Hitler escribía Mein Kampf (Mi lucha), que defendía la pureza de la raza aria y veía en el mestizaje el pecado supremo contra la voluntad racista del Creador”.

Este intelectual mexicano fue un hombre multifacético que impulsó una ambiciosa campaña de alfabetización, la cual complementó con la edición masiva de publicaciones clásicas, logrando que el gobierno pusiera al servicio del Departamento Universitario las prensas de la Nación, de las que salieron miles de ejemplares de libros.

Como Secretario de Educación llevó las ideas de la Revolución a la educación del pueblo mexicano, ya que duplicó el número de escuelas, de maestros e impulsó la educación indígena. También estableció y promovió la escuela rural e impulsó la educación técnica e industrial para los habitantes de las ciudades.

Sin duda, la vida de este hombre estuvo dedicada a fomentar la educación en el país, por lo que su trabajo sigue marcando a las nuevas generaciones de México. No lo cree así, amable lector.

Twitter @jarymorgado

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conoSER; www.sabersinfin.com

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