Por mi raza hablará el espíritu
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Jorge A. Rodríguez y Morgado

La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral.

José Vasconcelos

El día de hoy, 26 de mayo, se cumplen 109 años de que el gobierno de Porfirio Díaz emite el decreto para crear la Universidad Nacional de México, impulsado por el escritor, historiador, periodista, poeta, político y filósofo mexicano, Justo Sierra Méndez, entonces secretario de Instrucción Pública.

Porfirio Díaz fue uno de los presidentes mexicanos que más tiempo estuvo en el poder, lo que dio origen a la construcción de muchos monumentos, edificios, transportes y proyectos que hoy en día tenemos en el país. El Palacio de Bellas Artes se posiciona como uno de los edificios más representativos del Porfiriato, pero la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es, sin duda el decreto más importante de Díaz durante su gobierno.

La historia de la UNAM se remonta a la Real y Pontificia Universidad de México, fundada el 21 de septiembre de 1551 con el nombre Real Universidad de México, y que, después de inaugurar sus cursos el 25 de enero de 1553, a partir de 1595 se convirtió en Real y Pontificia, mediante bula concedida por el papa Clemente VIII en Frascati (Italia), el 7 de octubre de 1595.

Es así, como la iniciativa de Justo Sierra para crear la Universidad como la conocemos hoy en día fue propuesta en 1881, siendo diputado y con la intención de contrarrestar el problema educativo; sin embargo, no fue hasta 1910 cuando Sierra presentó la iniciativa ante la Cámara de Diputados.

Justo Sierra consideraba que la Universidad Nacional de México debía estar constituida por las escuelas Preparatoria de Jurisprudencia, Medicina, Ingeniería, Bellas Artes y Altos Estudios. El jefe debía ser el ministro de Instrucción, y debía tener un rector, nombrado por el presidente y el Consejo Universitario.

Fue hasta el 26 de mayo de 1910 cuando el presidente Porfirio Díaz, decreto la creación de la Universidad Nacional de México; convirtiendo al proyecto de Justo Sierra en la máxima casa de estudios del país, anhelada por estudiantes capitalinos y de provincia. El 22 de septiembre de 1910, en un acto solemne, el presidente Porfirio Díaz

inauguró la Universidad Nacional de México, en el anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria, como parte de las fiestas por el centenario de la Independencia de México.

No fue hasta después de una huelga estudiantil que duró del 6 de mayo al 10 de junio de 1929, cuando se obtuvo la autonomía, otorgada por el presidente Emilio Portes Gil, quien aprobó además la construcción de la Ciudad Universitaria, siendo desde entonces su nombre oficial el de Universidad Nacional Autónoma de México.

Para el año 1985 la UNAM se convierte en la primera universidad de habla hispana en tener una Defensoría de los Derechos Universitarios, organismo que fue modelo para crear la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México y las Defensorías del Pueblo de varios países.

La UNAM ha sido reconocida mundialmente como una de las mejores universidades hispanoamericanas. Actualmente cuenta con 349,515 alumnos, 23 licenciaturas y 41 programas de posgrado y especialización, es la más grande del país y de América Latina, con uno de los campus más extensos y se encuentra dentro de las mejores universidades del mundo; además, su campus central fue declarado el 28 de junio de 2007, como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y en 2011 fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

La frase de la UNAM que encabeza esta colaboración -“Por mi raza hablará el espíritu”- revela la vocación humanística de la Institución. El autor de esta célebre frase, José Vasconcelos Calderón fue un abogado, político, escritor, educador, funcionario público y filósofo mexicano, asumió la rectoría en 1920, en el marco de la Reforma Universitaria latinoamericana, y en una época en que las esperanzas de la Revolución Mexicana aún estaban vivas; había una gran fe en la patria, y el ánimo redentor se extendía en el ambiente. “Significa en este lema la convicción de que la raza nuestra elaborará una cultura de tendencias nuevas, de esencia espiritual y libérrima”, explicó Vasconcelos, y precisó más tarde: “Imaginé así el escudo universitario que presenté al Consejo, toscamente y con una leyenda: ‘Por mi raza hablará el espíritu’, pretendiendo significar que despertábamos de una larga noche de opresión”.

Por su contribución a la humanidad, amable lector, le deseamos a la UNAM una muy larga y prospera vida.

Twitter @jarymorgado

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conoSERbien; www.sabersinfin.com

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