Cacerolismo homofóbico: ¿Para qué?
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

2 de septiembre de 2016

De tiempo en tiempo somos testigos de virulentas campañas provenientes del sector cívica, cultural e intelectualmente menos desarrollado del clero, sobre cuestiones que pueden (ya) no ser controversiales, sobre todo en una población de suyo apática y hasta valemadrista como la nuestra, pero que éste asume lo son intrínsecamente –gajes del pensamiento aldeano-.

Primero, porque confía en la efectividad del adoctrinamiento que imparte a sus feligreses, que los haría acudir, sin pensarlo un momento, a su llamado. Pero en segundo lugar, porque también supone que para los no muy convencidos, tanto propios como extraños, cuenta con un arma secreta: la argumentación “irresistible” de los intelectuales orgánicos o ideólogos de Academia. (Como la de una reciente -y bastante farragosa, por cierto- que “demuestra” escolásticamente la inexistencia de la TRANSEXUALIDAD (¿?), interesante no por su solidez teórica, sino como radiografía del proceso ideático sus autores.)

De modo que el grupo da por factible una insurrección de la población moralmente indignada, que también habría de secundarlo en su quijotesca –en sentido psicopatológico- Cruzada contra los infieles… a su peculiar dogma.

Nos encontramos ciertamente en el terreno del delirio pero… ¡cuidado!, porque en ciertas circunstancias, todo puede salirse de control, como ocurrió precisamente en Puebla de septiembre de l972 a mayo del año siguiente, cuando la Derecha local emprendió otra de sus acostumbradas campañas “contra la pornografía” que, en su cochambrosa mente, ahora identificaba con las vulgares revistas de nota roja (¡!) que aparecían en los puestos de periódicos, en una sintomática confusión de Έρως y Θάνατος: el Amor y la Muerte.

Pero esa ocasión lo hizo de forma insólita, enviando a niñas de Secundaria de escuelas confesionales a pedir la cooperación de los transeúntes para comprar esas revistas, que finalmente quemaría públicamente en una hoguera, en una clara reminiscencia de la Colonia y… los nazis. Pero sólo era un pretexto, pues el verdadero objetivo era nada menos que recuperar el control político de la Universidad pública, que le fuera arrebatado 10 años antes por el movimiento de REFORMA UNIVERSITARIA.

Dos fueron las figuras clave en esta conjura de sacristía que -hidrológicamente hablando- “se salió de madre”: el entonces Arzobispo Octaviano Márquez Toriz y un ex rector de la propia Universidad, hasta hacía poco Presidente municipal, pero promovido fast track a Gobernador aprovechando la oportuna renuncia “por motivos de (mala) salud” del también médico que ocupaba el cargo. Me refiero a Gonzalo Bautista O’Farril, quien virtualmente entregó el mando de los cuerpos represivos del Estado al rijoso clérigo, desatando literalmente el infierno –raising the Hell- sobre la Universidad, cuyo Edificio central, el Carolino, llegó a estar rodeado por la tropa y con dos tanques de guerra apuntando a las entradas.

Todo esto ocurría mientras en Chile se multiplicaban las manifestaciones acompasadas a golpes de cacerola frente al Palacio de la Moneda, que culminarían el 11 de septiembre de 1973 con el “pinochetazo” y el baño de sangre que siguió.

Por eso, a la luz de este antecedente histórico, bien cabe preguntarse: ¿Tendrá el estridente cacerolismo homofóbico actual, UNA SEGUNDA INTENCIÓN DECIDIDAMENTE POLÍTICA?

Imagen: sentidog.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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