La reforma educativa que hace falta (Artículo)
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25 de febrero de 2023

- La Historia Jamás Contada -

He escrito varias veces sobre las llamadas “reformas educativas” que cada régimen entrante se siente obligado a implementar, como si de ello dependiera su paso a la posteridad. En lo personal me tocaron dos: el Plan de Once Años que abarcó la mitad del régimen de López Mateos y todo el de Díaz Ordaz, con su énfasis en el “nacionalismo -mexicanismo- revolucionario”, o sea, la ideología de legitimación del PRI-Gobierno y la que debía contrastar con ésta, pero que no llegó a concretarse debido básicamente a la masa inercial que siempre ha representado el magisterio…,

(Hacia 1971, un maestro que a su vez estaba por terminar su carrera de Psicología, nos contó de un test sobre opiniones y actitudes que habían aplicado a dos grupos de jóvenes estudiantes normalistas, uno de nuevo ingreso y otro ya de salida, con el sorprendente resultado que, mientras el primero se mostraba esencialmente “revolucionario” -fueron exactamente los adjetivos que usó-, los segundos eran decididamente “reaccionarios”, esto es, se oponían en principio a los cambios: dos años de permanencia en la Institución habían hecho la diferencia.)

…cuya forma de ver el mundo, la sociedad, la vida misma, impide la consecución del, a mi juicio, objetivo básico de la Educación: cambiar las rutinas de pensamiento de modo que éste pase de tradicionalista a innovador, receptivo a los nuevos retos que trae la evolución social y natural y dispuesto a enfrentarlos y eventualmente darles una solución aceptable.

Esta ha sido la falla endémica de las sucesivas reformas educativas que cambian todo para que finalmente todo siga igual. Gatopardismo consciente o no, pero cuyos efectos en todos los ámbitos, desde los íntimos y personales hasta los de mayor trascendencia en el mundo exterior, tanto físico como social, no cesan de agobiarnos, sumergidos en un permanente stress, que lleva a muchos a refugiarse en una mística providencialista que, en condiciones políticas apropiadas, puede desembocar en la entrega incondicional de la masa a un líder carismático que le ofrezca la salvación con tan solo le depositen toda su confianza y lo sigan por dondequiera los lleve: el Fascismo, sin más.

Salir del marasmo implica activarse y hacer de esto un hábito, una verdadera fitness mental que no desaproveche cualquier estímulo, interno o externo, para ejercitar la gama completa de habilidades laboriosamente adquiridas en la escuela, pero aplicándolas al mundo real, superando la escolástica de definiciones, ejemplos y ejercicios fijos e inveterados típicos de la enseñanza tradicional, para elaborar otros adecuados a nuestros propios problemas y propósitos, del tipo que sean, por fútiles que resulten a los perseguidores de las “grandes causas” populares, patrióticas, religiosas y épicas en general que, a fin de cuentas, no resultan sino abstracciones.

“Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre”, decía una famosa consigna del Mayo Francés de 1968, y este ha sido precisamente el resultado de una Educación como la que hemos tenido hasta ahora a pesar de todas las reformas, algunas colmadas de buenas intenciones y otras descarados intentos de adoctrinamiento sectario, como la del presente régimen, cuyas consignas -que no conceptos- habían caído en desuso ya a principios de los años 80, siendo conservadas sólo por grupúsculos cuya perspectiva no era la de mejorar la vida personal, comunitaria o social, sino establecer cotos de poder que coexistirían -y lucharían- con los tradicionales.

Sí, la reforma educativa que nos hace falta es aplicar las ventajas de la escolarización al mejoramiento concreto de nuestras condiciones de vida y convivencia, tarea sólo realizable por individuos igualmente concretos, tal vez asociados con otros semejantes. ¿Qué opinan ustedes?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.