Consumo de personas LGBTI amplía sus círculos sociales
Minuto a Minuto

 

 

BOGOTÁ D. C., 27 de marzo de 2021 — Agencia de Noticias UN-

Esta situación se percibe especialmente en la clase alta, dejando de lado a quienes no tienen la misma capacidad de consumo.

Así lo señala el abogado Víctor Manuel Moncada Prieto, magíster en Geografía de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien indagó por las maneras como el consumo rosa, a través de estas relaciones, transforma espacialmente a Bogotá.

Agrega que “históricamente las personas LGBTI han sido objeto de prejuicios sociales que las han llevado a ser excluidas por códigos heteronormativos posados sobre el espacio y a los cuales se les ha respondido con la creación de un movimiento conformado por esta población y la línea del consumo rosa, clave en la defensa de los derechos de las personas diversas, a la vez que las identifica como un nicho de mercado significativo”.

Según el magíster, ese consumo transforma la aceptación social de las personas que forman parte de este movimiento, ya que su alto poder de consumo se convierte en una oportunidad para relacionarse de forma más natural con el resto de la población.

En su estudio, el abogado Moncada realiza una revisión de múltiples autores sobre el consumo rosa; entrevistas a organizaciones, activistas, líderes de la política pública de la comunidad LGBTI y la Cámara de Comercio LGBTI, y diarios de campo.

Exclusión para otros miembros

Según el investigador, aunque este consumo tiene la capacidad de impactar en las relaciones interpersonales y culturales, no se hace de la manera correcta, ya que la eliminación de la exclusión se da solo a determinadas identidades, especialidades y orientaciones en el interior del movimiento LGBTI, lo que ha repercutido en otros grupos, conformados especialmente por personas trans.

“Estas personas se consideran excluidas, lo que las hace estar en contraposición ante el discurso del consumo rosa, dado que como grupo están enmarcados en violencias institucionales y sociales, que las hacen vivir de miedo, privándolas de los beneficios de la ciudad, pues sigue siendo un tipo de discriminación que se perpetúa en una ciudadanía de segunda clase’”, sostiene.

Por otro lado, agrega que un consumo rosa, bien orientado desde la política pública de Bogotá, desde los intereses de la comunidad LGBTI+ y desde la comunidad empresarial, sí pueden hacer que se logre la mitigación de las formas de violencia y discriminación contra quienes no tienen la misma capacidad de consumo.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
next
prev

Hay 654 invitados y ningún miembro en línea