Soy Universitario, soy revolucionario
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- A SOMBRERAZOS -
Soy Universitario, soy revolucionario

Yamil, “El León”*

Al comenzar estas líneas, muchas cosas transitan por mi cabeza: que si soy un simple estudiante novato de primer semestre; que si mis palabras pasarán por la mente de quien las reciba y serán ignoradas al instante por ser consideradas pretenciosas, utópicas o hasta fuera de lugar y tiempo, pero a pesar de todo, mi necedad supera a la más áspera de las imposibilidades.

En primer lugar quisiera exponer mi visión ante la realidad que me rodea.

Una universidad, como tal, la defino como una casa del conocimiento donde convergen un sinfín de ideologías y creencias enfocadas al beneficio de la humanidad. Un recinto, una Alma Mater donde una densa nube de ideas, propuestas, criticas y análisis se fundan en un crisol de sabiduría que, con su inmensa luz alimentada por la voluntad colectiva ilumine las infames oscuridades de la senda de la ignorancia. Un lugar donde no se conciba la malversación e inversión de los valores estudiantiles. Donde se forjen lideres, no seguidores. Donde se proponga antes que imitar. Donde se adopte la condición de guías de la sociedad, no de individuos propiciadores de la putrefacción mental. Donde se lleve a cabo una lucha siempre constante en aras del progreso.


Es triste ver como una pila de estudiantes se empeñan en continuar siendo una masa maleada por los intereses nefastos del poderoso. Es más triste aun saber que el universitario actual ya no es más aquel ciudadano letrado que, conducido por el espíritu libre abogue por su raza, por su pueblo. Que no hable, que calle y que se resigne a tirar su historia al cesto de la basura para abrir paso a docilidad y la sumisión. Que el estudiantado ya no tenga peso, sino volumen, un volumen suspendido en la nada.


Aunque, por más que el barco anuncie su pronto hundimiento en las profundidades del mar, me aferro a creer que nuestra facultad  tiene salvación. Creo que, como estudiantes podemos demandar mejores condiciones que propicien nuestro aprendizaje. Creo que aún tenemos el poder de posicionarnos como punta de lanza en el área, donde, por alguna u otra razón nos hemos metido. Creo que nosotros, como ocupantes de un lugar ganado a base de esfuerzo o quizá por motivo de azares hemos conseguido y que otras personas desean, tenemos  las agallas suficientes como para salir a flote, a pesar de la seducción de nuestra cultura lobotomizada por los gigantes de la comunicación masiva.


 Creo firmemente en la idea de que una escuela es un segundo hogar, y que, como tal, debe de ser defendido a capa y espada. Tengo mi fe puesta en que, el faciqueño promedio es alguien quien puede quitarse la venda de los ojos. Que con voluntad, se pueden desfragmentar los prejuicios, la mediocridad y la apatía. Y sobretodo que se defienda y difunda el libre pensamiento, la tolerancia; así como el arte y la tecnología por el bien común.


Un país tan golpeado como el nuestro no debería de prescindir de ciudadanos comprometidos socialmente, interesados en la política, que tantos años ha estado plagada de execrables malpracticantes. Una nación como la nuestra no necesita de la apatía de sus estudiantes ante abusos, transgresiones y atentados a la libertad de expresión. Nuestro territorio, desde la frontera sur hasta la frontera norte debería regirse por ideas versus ideas, antes que la violencia; por la justicia y equidad antes que las limosnas; por el señalamiento y castigo de quienes deben ser llamados” ratas inmundas”, por la generación de empleos y no miserias;  por el respeto, no la discriminación; por honestidad, no por la corrupción.


Compañeros, hermanos estudiantes, sepamos que nuestra universidad es laica, y gratuita por algo. Que gracias a la sociedad tenemos acceso a la educación, y que, por tanto es nuestra obligación rendirle cuentas mediante resultados que lleven a nuestro país al desarrollo que por décadas le ha sido negado.
 
 Pero a pesar de todo, me niego a creer en la idea de que nuestra posición no es más que un hoyo, una mazmorra donde ningún movimiento surge. Prefiero mejor apegarme a lo que el señor Scott Fitzgeralt  dijo alguna vez: “La verdadera prueba de una inteligencia superior es conservar simultáneamente en la cabeza dos ideas opuestas, y seguir funcionando. Admitir por ejemplo que las cosas no tienen remedio y mantenerse sin  embargo decidido a cambiarlas”.

*Joven Tuxtepecano, estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Veracruzana. Corresponsal en Veracruz  del Instituto Cultural de Información del Sotavento Oaxaqueño, INCISO: Felipe Matías Velasco.

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