Un absoluto visionario
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Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis.

Paracelso

El día de ayer, 10 de noviembre, se cumplieron 525 años del nacimiento de uno de los más visionarios médicos: Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, más conocido como Paracelso (cuyo significado es semejante a Celso -un médico romano del siglo I) alquimista, médico y astrólogo suizo que se destacó durante el siglo XVI y que con el tiempo se convertiría en una auténtica leyenda por sus aportes a la ciencia.

Paracelso nació en 1493 en Zúrich. Estudió en la Universidad de Basilea, en Viena, y se doctoró en la Universidad de Ferrara. Cuestionó la autoridad de los textos clásicos y era partidario de una enseñanza más experimental. Creó la palabra Spagyria (del griego spao -extraer y ageiro –reunir), este nombre fue usado como sinónimo de Química. Estudió y descubrió varias afecciones tales como el bocio y la sífilis y para combatirlas uso los elementos básicos de la alquimia: el azufre y el mercurio. Asoció los temperamentos galénicos a los sabores fundamentales: dulce (tranquilo/flemático), amargo (colérico), salado (sanguíneo/gracioso), ácido (melancólico).

Paracelso dejó formuladas “7 reglas para una vida con sentido” que se adelantan significativamente a su tiempo, lo que confirma que los antiguos conocían perfectamente la relación entre cuerpo y psique mucho antes que la ciencia moderna demostrase los efectos bioquímicos de las emociones en nuestra salud, siendo estas reglas:

1º Lo primero es mejorar la salud. Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas. Bañarte diariamente, es un hábito que debes a tu propia dignidad.

2º Desterrar absolutamente de tu ánimo toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza. Huir de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.

3º Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.

4º Hay que olvidar toda ofensa: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablará así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en sí, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

5º Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiará en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia.

6º Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. Por un largo tiempo al menos debes ser como casa cerrada o jardín sellado.

7º Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana. Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien; Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo.

Lo anterior, amable lector, son las 7 Leyes de Paracelso que sabiamente fueron expresadas en el siglo XVI, pero que son perfectamente aplicables al mundo del siglo XXI. Juzgue usted.

Jorge A. Rodríguez y Morgado

Twitter @jarymorgado

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