El ocaso de los Templarios
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Los dos guerreros más poderosos son la paciencia y el tiempo.

León Tolstói (La guerra y la paz)

El día de hoy, 18 de marzo, se cumplen 704 años de la muerte de Jacques Bernard de Molay, vigesimotercer y último Gran Maestre de la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón, también llamada la Orden del Temple, cuyos miembros son conocidos como caballeros templarios. Debido a que el lugar en que se asentaron los caballeros estaba sobre las ruinas del templo de Salomón, recibió el nombre de Orden del Temple.

Esta Orden fue fundada en 1119, cuya misión era la de proteger a los fieles en sus peregrinajes en los caminos a los lugares santos como orden militarizada cristiana. La Orden fue aprobada oficialmente por la Iglesia católica en 1129, sus miembros se encontraban entre las unidades mejor entrenadas que participaron en las Cruzadas.

Jacques Bernard de Molay (1243 - 1314) tuvo un origen noble, su padre era dueño de la población de Rahon, de la que dependía la población de Molay, se unió a los Caballeros Templarios en 1265. El 16 de abril de 1292 se convirtió en el Gran Maestre número veintitrés y último de la Orden del Temple. Organizó entre 1293 y 1305 múltiples expediciones contra musulmanes y logró entrar en la ciudad santa de Jerusalén en 1298. A finales de 1306 llegó a Europa revisando asuntos de las órdenes del Rey y del papa, oponiéndose a sus ideas, ganándose adversarios por sus propuestas que no eran del agrado de otras autoridades eclesiásticas.

Casi doscientos años después de su creación tras la Primera Cruzada, la Orden del Temple había adquirido un poder descomunal. Sus riquezas, obtenidas por medio de las donaciones de los caballeros que se incorporaban a ella, habían convertido a la orden en el primer sistema bancario de la historia.

La creciente fama de Jaques de Molay y el auge de la Orden empezaron a ser molestos para el rey de Francia Felipe IV “el hermoso”, que era gran deudor de la Orden del Temple, temeroso del poder que había alcanzado, planeó su caída y el fin de sus líderes. Éste empezó a conspirar contra los templarios con el fin de hacerse de sus riquezas y probablemente condonar así su deuda. La llegada al poder Vaticano del Papa Clemente V (Bertrand de Goth) fue de beneficio para Felipe IV ya que éste lo convención de estar en contra de la Orden, la que tenía autonomía total y sólo dependía del papa.

El 13 de octubre de 1307, el Papa Clemente V y el rey de Francia, Felipe IV, ordenaron la detención de Jacques de Molay y la de los demás caballeros bajo la acusación de sacrilegio contra la Santa Cruz, simonía (negociar con cosas espirituales), herejía e idolatría. Molay declaró y reconoció, bajo tortura, los cargos que le habían sido impuestos, quedando todos los bienes de la orden confiscados.

En 1310 fueron quemados 54 de los caballeros, por no confesar o por retractarse de sus confesiones. Muchos otros murieron a causa de las torturas o en la cárcel. Los caballeros arrepentidos fueron condenados a cadena perpetua, pero a los cuatro máximos dirigentes se les reservó otro juicio más severo.

Jacques de Molay había admitido los cargos bajo tortura, pero después se retractó, así que su pena estaba clara: moriría en la hoguera. El día 18 de marzo de 1314, Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden, Godofredo de Charney, maestre de la orden en Normandía, Godofredo de Goneville, maestre en Aquitania y Hugo de Peraus, visitador en Francia, fueron quemados.

Ya en la hoguera Jaques de Molay lanzó una maldición: “Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir. Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!… A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año…”

Lo curioso del caso es que, a los treinta y tres días de la ejecución de los templarios, moría el papa Clemente V, a los 50 años, en el castillo de Roquemaure, posiblemente envenenado. El rey Felipe IV de Francia, nueve meses después de la hoguera de París, fallecía misteriosamente mientras cazaba, el 29 de noviembre.

Es así, amable lector, cómo la profecía del último Gran Maestre de la Orden del Temple se cumplió, ¿verdad o ficción? Juzgue Usted.

 

Jorge Rodriguez y Morgado 2Twitter @jarymorgado

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