Uso eficiente de la energía
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Aprovecha el día y ahorra energía

 Anónimo

 

Desde 1998, cada 5 de marzo se celebra el Día Mundial de la Eficiencia Energética. Fue durante la Primera Conferencia Internacional de la Eficiencia Energética celebrada en Austria, donde se decidió establecer una fecha en la que todos los ciudadanos reflexionáramos sobre la problemática del uso abusivo de combustibles fósiles y la importancia de comenzar a explotar fuentes de energía renovable.

 

Pero, ¿Qué es el uso eficiente de energía? El uso eficiente de energía es diferente al ahorro de energía. Ambos conceptos representan ideas muy diferentes enfocadas hacia una meta semejante: evitar el desperdicio de los recursos energéticos con los que cuenta la humanidad. Al hablar del ahorro de energía estamos considerando que de una cantidad de recursos energéticos dados, elegimos guardarlos, almacenarlos para más tarde, tomando para ello medidas muy específicas.

 

Podríamos decir que ahorrar energía es el acto de ahorrar los recursos energéticos reduciendo su servicio. En otras palabras, para ahorrar energía hay que dejar de utilizarla. Por ejemplo: utilizar menos el automóvil, disminuir la temperatura del termostato o desconectar la computadora cuando no la estemos utilizando. En estos ejemplos, lo que hacemos es reducir el uso de electricidad o combustible representando una disminución en el costo de los pagos por el uso de electricidad y del combustible que utilizamos.

 

En consecuencia, el uso eficiente de la energía implica una serie de medidas muy diferentes al ahorro de la misma, aquí no se está hablando de cortar el uso o reducir el consumo que hacemos de nuestros recursos energéticos. Hacer un uso eficiente de nuestra energía no significa no usarla y guardar para más adelante. El uso eficiente de la energía significa valorar en qué estamos gastando la energía, es decir, no estamos dejando de usarla. No estamos reduciendo nuestro confort o comodidad, estamos reemplazando racionalmente una cosa que nos satisface por otra.

 

Es precisamente de lo que habla la eficiencia: de maximizar el uso que hacemos de un recurso dado. Contamos con ciertas fuentes de energía, al usarlas de forma eficiente estamos explotando hasta la más mínima cantidad y en la mejor forma posible, de manera que no implique una reducción de nuestra calidad de vida.

 

Cuando usamos el adjetivo “eficiente” para referirnos por ejemplo, al trabajo de una persona, queremos decir que lo hace muy bien. Que no pierde el tiempo, que los resultados que produce son buenos. Hablamos de calidad. Utilizar eficientemente la energía representa precisamente eso: hacer un uso de gran calidad de nuestros recursos energéticos. En último término, se traduce inclusive en un ahorro, pero ése no es su objetivo principal.

 

El ahorro y la eficiencia de la energía son formas de disminuir el consumo general de energía, pero no de la misma manera. La eficiencia energética parte del punto neurálgico de que se ahorra energía, pero se mantiene el mismo nivel de comodidad o servicio. Por ejemplo, si al salir de una determinada habitación apagamos las luces, estamos ahorrando energía. Si reemplazamos un foco incandescente con uno más compacto y que rinda más por la misma cantidad de energía, estamos practicando la eficiencia energética.

 

Como podemos observar la forma más clara de mantener diferenciados los conceptos de ahorro y eficiencia es pensando en el ahorro de energía como “recortar el uso de energía” y en la eficiencia energética como “usar la energía de forma más efectiva”. Esta última utiliza los avances en la ciencia y la tecnología para proporcionar tanto servicios como productos que requieran el uso de menos energía.

 

Entre los ejemplos que arroja la eficiencia energética está el reemplazar los electrodomésticos viejos con otros más modernos y que sean más eficientes. Reemplazar las ventanas por ventanas aislantes es otra medida relacionada con la eficiencia energética. Incluso la forma en que una casa está construida puede implicar eficiencia energética puesto que permite valerse de la luz solar para la iluminación y también para el calentamiento de la casa.

 

Es así, amable lector, que el cambiar hacia un uso eficiente de la energía puede parecer una mayor inversión y más difícil de lograr. Pero tenemos que pensar en las ventajas que presupone: no disminuir nuestro nivel de vida, y sobre todo, sacarle el mayor provecho a los recursos energéticos con que contamos, lo cual a largo plazo es más fácil de hacer que cortar su uso simple y llanamente. ¿No lo cree así?

 

Jorge Rodriguez y Morgado 2Twitter @jarymorgado

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