Algunas notas. DEMAC
Minuto a Minuto

22 de diciembre de 2016

Tendría unos 11 o 12 años, cuando oí en la radio que una mueblería convocaba a niños de entre 7 y 14 años de edad a un concurso de pensamientos para la madre, probablemente por el 10 de Mayo. Escribí dos, uno lo envíe a nombre de mi hermana Rosi, que era dos años menor, y el otro al mío. Rosi sacó el tercer lugar y ganamos una mesa de centro; por supuesto, yo estaba más feliz que ella.

"Sueños no interpretados, cartas no leídas", decía Erich Fromm. A veces el destino te sorprende y te avisa con un sueño. Soñe a mi maestra de literatura de secundaria Soledad Anaya Solórzano. Estaba hablando conmigo, pero no la escuchaba, así que lloré y lloré. Las lágrimas para mí son aviso de alegrias. Al otro día, al presentarme a mi trabajo, me avisaron que tenía que ir a la delegación Venustiano Carranza porque el ensayo literario que había escrito, obligada moralmente por la directora de la escuela, había ganado el primer lugar. Me dieron una placa en una base de madera en la que estaba inscrito mi nombre y "Año Internacional de la Mujer", 1975.

Esta experiencia me animó a que poco después participara en un consurso de cuento al que la Dirección de Educación convocó. En esta ocasión obtuve un Compendio de Historia de México en dos tomos y una beca para mi hijo mayor, ya de seis años, en un colegio particular.

La vida se complica a medida que crecen los hijos, y ya no se piensa en lo que uno quiere, sino en resolver las necesidades del hogar.

Imagen: sannat.bligoo.com

Estela Santiago y Gama.