
18 de noviembre de 2016
Nací del pensamiento de mi padre, fui gestada en el cuerpo de mi madre, atravesé airosa el estrecho túnel que me condujo a este mundo, a las ocho de la mañana de la mitad del siglo XX, a la mitad del año, a la mitad del mes, bajo el auspicio signo de Castór y Pólux, gemelos apolíneos, etéreos y traviesos quienes me dotaron de una excesiva imaginación y duplicidad inigualable: dos padres, dos maridos, dos hijos, dos nietos, dos divorcios, dos carreras, así como multiples talentos. Parcialmente sorda, en compensación, aventajada conversadora.
En mi primera juventud, admiradora de los Beatles, de Janis Ian y Joan Manuel Serrat. Lectora infatigable de libros prohibidos en el índice Vaticono. En plena primavera, rompedora de costumbres, sumisiones e inequidades. Trabajadora obsesiva, soñadora irredenta, viajera empedernida por cuatro continentes. Amiga fiel y solidaria de locos, poetas, artistas, sanadoras e iluminados. Enigma de la hipocresía y de la estupidez humana. Abogada de profesión, terapeuta por convicción y tejedora de palabras por vocación. Criticada por expresar la verdad en voz alta y luchar por la justicia. Acusada de necedad por la inexistencia de la una y de la ausencia de la otra. Amada por varios hombres, mas comprendida por uno sólo.
Entrada en la tercera edad, amante de la música clásica, de antiguos libros de mis antepasados que, con celo inquisitorial custodio, gozo y preservo y que un día mis nietos heredarán. Dotada de alas en los pies, con frecuencia cedo al llamado de las blancas crestas del mar, al verde olor del bosque y a la magia multicolor de pueblos encantados. En mi equipaje guardo mi e-reader (o tableta) con ochocientos libros dentro, cuatrocientas melodías y cientos de viejas fotografías, incluyendo las de mis abuelos que no conocí y las de mis hijos que tan bien conozco. En abierta conversación con Venus y Orión en las tibias noches de abril, acostada de espaldas a la mitad del jardín, leo en las estrellas que lo mejor está siempre por venir. Llevo atada a mi cintura la soledad de mi nombre, el valor fiero de mi primer apellido y el peso del segundo que, una vez que atraviese el ancho túnel de vuelta al origen, mis cenizas abrigará.
Imagen: artelista.com
Julieta García de León Loza, Morelia Michoacán. DEMAC








