La intangible Nora
Minuto a Minuto

29 de octubre de 2016

Estoy en mi casa en México, sentada en mi mesa, mirando la luna azul rodeada de los rayos del sol que emergen de ella por detrás; es el respaldo de la silla vacía que se ubica enfrente de mí. La luna es abrazadora como la de mis días juveniles y los de Nora. Trato de escribir sobre Nora, la querida Nora. Tengo que desdecir mucha historia y remontarme hasta casi 40 años, cuando éramos dos jóvenes estudiantes y reíamos y gozábamos tomando mate, escuchando tangos y devorándonos los libros.

Quizá deba comenzar por recordar las noches trasnochadas en las que estudiábamos medicina interna, todo esto con el fin de que si, por cualquier motivo, los milicos de mierda se decidían y abrían la universidad por unas días, pudiérmaos rendir aunque fuera una materia, pues ya nos faltaba muy poco para lograr el tan ansiado título.

O tal vez deba recordarte el día que fuiste a avisarme que me fuera de la casa, que me estaban buscando, y yo, necia en que no había ningún motivo por el cual me tuviera que salir, en un momento tocaste el punto más vulnerable: mi hijo, y entonces me pediste que por él debía dejar la casa.

"Hazlo -dijiste- al menos por unos días hasta que las cosas se calmen un poco". Y terminaste con un "recuerda que hay un compañero que está arriesgando su vida por la información que te doy, él está barriendo el piso en el cuartel de las tres A y pudo memorizar tu nombre y el de dos compañeros a los que van a ir a allanarles el domicilio. Hazme caso, porque no puedo perder tiempo tratando de convencerte, debo ir a avisar a los otros y no los conozco, por lo tanto debo averiguar donde viden y eso lleva tiempo y esto urge".

Ay, Nora, Nora, me salvaste la vida. Si yo estoy viva es porque Nora me salvó de que ¿me mataran?, ¿me torturaran?, ¿me encarcelaran?, ¿me desaparecieran? O quien sabe que otra atrocidad hubieran hecho conmigo y con mi hijo de ocho años en ese entonces.

¿Y que hubiera sido de mi hijo, a quien también le salvaste la vida? ¿Lo hubieran desaparecido?, ¿lo habrían dado a un familiar de los represores con el propósito de que se lo apropiara para formar un "buen ciudadano", capaz, en veinte años, de arremeter contra la gente que, al igual que sumadre, pensara que la injusticia social debía desaparecer?

Lo que siguió a a quella siniestra nochefue tan dispar, tan inesperado... El destino jugó con nuestras vidas y de una forma mucho más cruel contigo.

No nos volvimos a ver nunca más.

Te recuerdo, Nora; joven, vigorosa, vehemente en tus pensamientos, dispuesta a dejar todo en tu lucha contra la injusticia, en defensa de los marginados y adherida a la causa más noble de apoyar a los más desprotegidos.

Nora, querida Nora, ¿qué tantas cosas pasaste? ¿Donde dejaron tu cuerpo? ¿Qué hicieron con tu sonrisa? ¿Con tus sueños? ¿Con tus esperanzas?

Independientemente de lo que te hayan hecho, vives en mi recuerdo por siempre, vives y revives hoy en cada joven libre que transita por las arboladas calles de La Plata, vives en los pensamientos de tus compañeros, en las charlas de tus amigos, en cada pedacito de esa tierra por la que luchaste y por la que entregaste tu vida, vives y revives continuamente.

Un abrazo grande hacia la eternidad, mi querida e intangible Nora.

Imagen: ropaantiguacolonial.blogspot.com

Marta Foglia López, DEMAC.