
Masacre en el pueblo. / Jaime Chávez Marcos, Valle del Mezquital, Hidalgo.
20 de julio de 2016
REEDICIÓN DE LA DOCTRINA INDIGENISTA EN EL CASO MAYONIKHA, SANTUARIO MILENARIO DE LA NACIÓN OTOMÍ
El Instituto Nacional Indigenista desapareció en julio del 2003 gracias a la presión de los diversos pueblos originarios mexicanos que alzaron la voz en contra de este “elefante blanco” conocido por sus siglas: INI. Se pen-saría que con la muerte de esta dependencia gubernamental también se fueron a la tumba las llamadas políticas indigenistas que el Estado Mexi-cano implementaba con la ayuda de los profesionales de la antropología y de sus diversas ramas, mayoritariamente; entendiendo al indigenismo como “una teoría y una práctica de Estado, particularmente excluyente y opresiva, que se aplica en Latinoamérica casi sin excepción” (Díaz-Polanco). Sin embargo, a pesar de que en este Siglo XXI México se reco-noce constitucionalmente como una nación pluricultural y plurilingüe y se garantiza con ello el derecho que tienen los pueblos indígenas a la libre determinación y, en consecuencia, a la autonomía para decidir sus for-mas internas de convivencia y organización social, económica, política y cultural; resulta curioso y hasta irrisorio que en nuestros días algunos antropólogos, arqueólogos, etnohistoriadores y demás profesionales de las ciencias sociales reediten la doctrina indigenista, la apliquen en sus campos de trabajo, que desafortunadamente es en nuestras comunida-des y pueblos milenarios, aún a costa de dividir a las poblaciones sin im-portarles lo más mínimo los valores más profundos que de esas sagradas tierras emanan; uno de esos valores es la hermandad y no necesita mayor explicación en qué consiste, porque viene del corazón.
Recientemente se convocó al Congreso Internacional Nativo-Ame-ricano en tierras otomíes, para su realización los días 11, 12 y 13 de junio del 2016, y antes, el día 10 de junio, el Primer Foro Estudiantil Indígena México-Estados Unidos, en la Universidad Autónoma Chapingo, esto como consecuencia de un caso de profanación y destrucción de objetos sagrados, llevado a cabo en el centro ceremonial de Mayonikha, santuario de los más prestigiados bädi (sabios) de la Sierra Madre Oriental, y que comparten los estados de Hidalgo, Puebla y Veracruz. El Dr. Luis Pérez Lugo, originario de la zona norte de Veracruz y académico de la Universi-dad Autónoma Chapingo, coordinó el evento con el apoyo de la población afectada y con la guía de algunos bädi, siempre atendiendo el consejo y la visión que ellos vislumbraron, como algo benéfico para el futuro de los otomíes de la Huasteca y de diversas regiones y estados.

Destrozos en el santuario de Mayonikha, ubicado en San Bartolo Tutotepec. Hidalgo / Imagen: Luis Pérez Lugo
Los ñatho, ñähñu, hiuhu, hñöhñö y hñuhmu, nahuas, navajos y chicanos seguidores de la danza del Sol en Estados Unidos que asistieron al Congreso comprendieron la importancia de defender los lugares sagrados. En principio se convocó, para la realización del congreso, en espacios aledaños al sitio sagrado, con el debido respeto que merece la madre tierra, ya que entre las actividades programadas destacaba una ceremonia ritual con los bädi de distintas regiones. Al final de cuentas se optó por las instalaciones de la Uni-versidad Veracruzana Intercultural, para no generar enfrentamientos entre hermanos, ya que fueron mal informados algunos pobladores del lugar por algunos investigadores de dependencias oficiales que realizan en la zona sus trabajos de campo, con la argumentación de un daño al sitio sagrado por la multitudinaria concentración de visitantes. Si en un principio fue bien intencionada su reflexión y solicitud de cambio de sede para el congreso, también fue muy evidente su violencia verbal contra el Dr. Luis Pérez Lugo, desacre-ditando su oriundez y pertenencia al pueblo otomí-hiuhu de Veracruz. Los anti-congresistas mostraron así una falta de su profesionalismo y camaradería, entonces qué va a saber del valor de la hermandad que se practica en tierras otomíes, para él sus “objetos-sujetos de estudio”. Lograron llamar la atención de sus co-legas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) y de las Unidades Regionales de Culturas Populares, todas dependencias gubernamentales, para que en conjunto solicitar a las universidades su retiro de apoyo al patrocinio del congreso y su cancelación. En síntesis, las dependencias del Estado Mexicano conjuntamente con su “masa de intelectualidad” aplicando todo el poder de las políticas neo-indigenistas al pueblo de Mayonikha y sus organizaciones, sólo por alzar la voz debido a la destrucción a uno de sus lugares sagrados y llamando a la realización de un congreso-ceremonia.

El bädi de Puebla Don Alfonso Margarito, de San Pablito Pahuatlán, visita Mayonikha desde hace 70 años.
En una minuta de trabajo, dada a conocer por un diario nacional, el INAH en Hidalgo aseguró la no autorización de la realización del congreso y se compromete a “orientar” a los indígenas sobre el uso del lugar sagrado y, en conjunto con la autoridad municipal, estar pendiente de la realización del encuentro, e iniciar los trámites y lineamientos para definir un uso de suelo y declararlo zona protegida.
Esta declaración adelantada del INAH pasa por alto las opiniones que han de tener los pobladores otomíes del lugar y tutelan los derechos de consulta que tienen los pueblos indígenas, porque han de imaginarse que los otomíes no saben para qué sirven sus sitios sagrados.
Esto último es por la congruencia con la “Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas” en su Artículo 13.
1. Los pueblos indígenas tienen derecho a revitalizar, utilizar, fomentar y transmitir a las generaciones futuras sus historias, idiomas, tradiciones orales, filosofías, sistemas de escritura y literaturas, y a atribuir nombres a sus comunidades, lugares y personas, así como a mantenerlos.
2. Los Estados adoptarán medidas eficaces para asegurar la protección de ese derecho y también para asegurar que los pueblos indígenas puedan entender y hacerse entender en las actuaciones políticas, jurídicas y administrativas, proporcionando para ello, cuando sea necesario, servicios de interpretación u otros medios adecuados.”
Asimismo, demandamos se respete nuestro derecho establecido en la Declaración mencionada en el “Artículo 19. Los Estados celebrarán consultas y cooperarán de buena fe con los pueblos indígenas interesados por medio de sus instituciones representativas antes de adoptar y aplicar medidas legislativas o administrativas que los afecten, a fin de obtener su consentimiento libre, previo e informado.”
Es relevante mencionar que nuestros derechos se encuentran insertos en el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales de Países Independientes, en su “Artículo 5 Al aplicar las disposiciones del presente Convenio:
a) deberán reconocerse y protegerse los valores y prácticas sociales, culturales, religiosos y espirituales propios de dichos pueblos y deberá tomarse debidamente en consideración la índole de los problemas que se les plantean tanto colectiva como individualmente;
b) deberá respetarse la integridad de los valores, prácticas e instituciones de esos pueblos” De igual manera, se debe ser congruente con el Artículo 7 que señala:
1. Los pueblos interesados deberán tener el derecho de decidir sus propias prioridades en la que atañe al proceso de desarrollo, en la medida en que éste afecte a sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de controlar, en la medida de lo posible, su propio
desarrollo económico, social y cultural. Además, dichos pueblos deberán participar en la formulación, aplicación y evaluación de los planes y programas de desarrollo
nacional y regional susceptibles de afectarles directamente”.
En buen ánimo de entendimiento con las distintas partes, que generó y visibilizó este caso de Mayonikha, se llama al diálogo sincero y colectivo para buscar en conjunto una solución ideal a la protección de este lugar sagrado, no solo como un basamento arqueológico, sino como un espacio vivo donde continuemos reproduciendo cotidianamente nuestra filosofía y espiritualidad ancestral, tomando en cuenta el respeto irrestricto al derecho legítimo que tienen los pueblos indígenas y sus organizaciones, para decidir en plena autonomía lo que más le convenga en la protección de su patrimonio cultural milenario.

GOTU
Thuts’i ha mäte
rá ö´t’e‘hñu t’afi: rá
ugi hyoni mäté
hui’tfi ja yá
döní ngu ya ñ’ei
bi p´ut’i rá mifí
tsuti rá ‘bafi
ts’ungu rá zat’uni: rá
ugi nja hñants’i
COLIBRÍ
Lleva amante
la suerte del néctar:
su dulce conquista
tlachiquero
de flores como médico
inyecta su acocote
cuelga su nido.
arete de pirú: la
miel en vuelo
Aristeo López Pérez, Otomí-ñähñu de Hidalgo.

BOT’ÄHI
Mra bot’ähií,
nge bu bi zo-ó bothe
bi mpo ya ntsömui
bi yaki ri yahti
ku tso’mpheni ne bi
ent´i böhdó
MEZQUITAL
Mezquital eras,
hasta que aguas negras
mojaron penas
cortan tus ramas
sin piedad y entierran
negro concreto
Aristeo López Pérez, Otomí-ñähñu de Hidalgo.
Sierra Madre Oriental.
RÄ MEE NE RÄ NGUU
Rä te gä t’oho ge’ä rä ngu Äjuä,
ja gehni di ntsaya yä xita mä ya’bu,
habu doni yä mäkändähite mä duhu.
Rä bondäpo rä et’äm’ui, ge rä tseedehe,
ge’ä rä mäkä mee ungä rä te
‘bu rä m’ui ne rä fengäthogi.
To’o hingi ne dä bädi, o’tuä rä ntsom’ui
nu mä mäkä ximhaihu,
hingi pe’tsi rä nsumäk’ei,
hinte kä rä bo’yo.
CASA Y MADRE
La viva montaña es casa de Äkhuä,
Allí descansan los antepasados más antiguos,
donde florecen las almas de nuestros muertos.
El bosque es vientre, es olla de agua,
es la sagrada madre progenitora
de la vida y su trascendencia.
Quien no quiere saberlo, atacando
lo más preciado de los santuarios,
carece de lo humano,
es hueca su cabeza.
Jaime Chávez Marcos, Otomí-ñähñu de Hidalgo.








