Misoginia y ciencias sociales
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10 de marzo de 2016

-La Historia Jamás Contada-

Como todos los “Días Internacionales de…” proclamados por la Organización de las Naciones Unidas, el de la Mujer no pasa de ser una conmemoración puramente simbólica, en el sentido de no modificar el status de las mujeres en el Mundo real. Lo que resulta incluso más abstracto que el tipo penal del feminicidio, el cual, en circunstancias extraordinarias, puede hasta tener consecuencias prácticas cuando se captura y condena a un perpetrador, sin que esto modifique el marco ideológico general que hace este delito factible para ciertas mentalidades.

Este ejemplo no es casual, pues como en tantas otras cosas, se atribuye al aparato judicial –el encargado de juzgar conforme a leyes- la mítica cualidad de entender, abarcar y resolver todo cuanto concierne a la convivencia social. (Siempre me intrigó el nombre de la unidad académica –de la Universidad pública local- en que se cursaba la carrera de Leyes: “Escuela de Derecho y Ciencias Sociales (¿?)”, como si éstas estuvieran contenidas en aquél. Obviamente no, pero era algo que la casi totalidad de los lawmen que se formaron ahí, ni siquiera se cuestionó.)

Pienso que esta confusión de competencias es la responsable, en último término, de la falta de acciones eficaces para prevenir desde la discriminación “por motivos de género” hasta los crímenes cometidos específicamente contra mujeres, pues falta mucho por aprender todavía de los mecanismos ideológicos diseminados por la sociedad que, actuando como virus informáticos, la reconducen siempre al modelo misógino que en vano se pretende desmantelar con (tan sólo) medidas legales, tanto legislativas como judiciales.

Por otro lado, tampoco faltan las percepciones lúcidas –aunque parciales y a menudo sesgadas- provenientes de otros ámbitos del conocimiento, que no alcanzan a consolidarse en una teoría coherente y exhaustiva, porque las aterrizan –cortocircuitan a tierra- prematuramente en leyes que, a lo más, lidiarán con los resultados –los hechos ya consumados-, pero no con las causas profundas, imbuidas en la psique de los sujetos que los realizan.

Aquí es donde encaja el enfoque científico-social, que cuenta con los instrumentos teóricos y prácticos necesarios para rastrear y localizar estos reforzadores de la ideología –misógina, en este caso- sobre los que se tiene que actuar.

Como ciencias empíricas que también son, parten de tomar a la realidad como es, no como debería ser –premisa de juzgadores oficiales y oficiosos- y buscar patrones, analogías formales o funcionales, aparentes encadenamientos lógicos y todo aquello que pudiera relacionar causalmente unos fenómenos con otros, para explorarlos –research- con más detalle.

Así se han reconocido importantes fuentes de prejuicios –algunos criminales- como: el sentido común –“lo más pétreo de la ideología” para Engels-, la verdad revelada, la sabiduría de los viejos… y el habla cotidiana, cuyo análisis crítico suele aportar pistas significativas de por qué persiste el odio irracional a la mujer y a lo femenino en general: la MISOGINIA.

Imagen: beatwearyy.blogspot.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.