
2 de agosto de 2023
“La Mujer rota” de Simone de Beauvoir me lleva a pensar en cómo hace una mujer para romperse o, como se llega a romper, ¿quiénes o qué la rompe?
Casi puedo rememorar como empezaron a formarse mis fisuras que después se convirtieron en grietas y por último llegaron a romperme.
Todo inició en mi infancia, de ello estoy más que segura.
También pienso en la idea de tejer y destejer, en este sentido destejemos para volver a tejer, unimos las partes de un todo que se han separado.
Entonces: ¿Cómo se rompe una mujer?
A tanto y tanto tironeo, a tanta y tanta exigencia, demanda, estereotipos y expectativas que cumplir, abuso, desigualdad, a tanto y tanto maltrato espiritual, emocional, por supuesto corporal.
Ser todóloga es una manera de romperse, también bella, delgada, madre, esposa y amante perfecta, estas últimas no fallan, siempre te rompen. Te desgarran.
Algunas mujeres estiran poco, otras estiramos mucho, aun así, las que estiran poco “estiran” y las que estiran mucho, se desgarran, se rompen en pedazos.
Pienso en las cicatrices de mi cuerpo, estrías en mi vientre, cicatrices por cesáreas, en mama por extirpación de tumor y ductos mamarios, reflexiono los motivos, las causas; de igual manera entiendo cómo puede romperse el interno de una mujer, diríamos la segunda piel que envuelve el alma: “Repetir el tironeo rompe” “Tirar con fuerza rompe” “la violencia rompe”, cualquiera que sea, por más sutil, normalizada, sistemática, domestica, teológica, cotidiana, política, inter e intrargenérica: ¡Rompe! , y Rompe con ganas.
Estamos rotas, algunas ya cocidas, otras pegadas; a ratos nos descocemos y tenemos que buscar sitios para cocernos o “unir nuestros pedazos", en ocasiones lo haremos solas, otras acompañadas por mujeres medicina que colaboran c0on nosotras y además nos curan el alma; son compasivas, también maestras, bordamos con ellas sobre nuestro espíritu deshilachado, no solo lo cocemos, lo bordamos creando nuevas historias, intervenimos el alma con nuevos colores para “darle vida” a lo ya desteñido...
Nos rompemos: suplicando, estando donde no debemos, con quién no nos ama; nos maltratamos y replicamos las formas exigentes de nuestros padres carenciados, valdría la pena recordar cuando nos rompimos por primera vez y “maternarnos” amorosamente, ser la “mujermadre” se respeta, atiende, protege, se ama y ama a su hijita interior: protege de depredadores y depredadoras. Nunca es tarde para cocernos, pegarnos y no volvernos a romper, maravilloso sería nunca rompernos.
Depende de cuanto amor tengamos para sí, autocuidado, limites, autoestima, autocompasión.
Por favor… NO TE ROMPAS, QUE NADA NI NADIE TE ROMPA.

Autora
C.P. Marcel Moranchel
Escritora y poeta mexicana.








