
10 de febrero de 2023
Muy probablemente, quienes cursaron la Educación Media Superior conocen la historia del “Problema de los 7 Puentes de Königsberg" y su solución analítica por el genial matemático suizo Leonhard Euler. Se trata de un caso de movilidad compleja que involucra algo más que salir de un punto para llegar a otro, pues hay que someterse a ciertas restricciones que lo convierten en un verdadero laberinto virtual, semejante en principio a lo que es un viaje real en una ciudad actualmente.
El enfoque adoptado por Euler en… ¡1736! marcaría el inicio de la Teoría de Grafos, que abrió al tratamiento matemático toda una clase de problemas prácticos que, ateniéndose tan sólo a los pragmáticos “prueba y error”, esto es, al método “científico” del tanteo, pueden resultar exasperantes, como sucede cuando una manifestación, desfile, carrera, rodada o un “simple” bloqueo por cualquier causa, interrumpe el flujo normal de personas o vehículos por las rutas acostumbradas, obligándolos a detenerse hasta que la circulación se restablece por sí sola.
Recuerdo, por ejemplo, hace tres años la gran Marcha Feminista del domingo 8 de marzo, cuando iba yo a bordo de un microbús que se detuvo justo antes de cruzar el Boulevard 5 de Mayo. Luego de transcurrido un largo rato, ya nadie sabía cuando reanudaríamos el viaje, que de hecho no lo hicimos, pues cada uno nos fuimos bajando para buscar alternativas personales. Cuando lo hice, resultó que estaba muy próximo el final de la columna de marchistas.
Todo esto me hizo reflexionar en el enorme desarrollo de las telecomunicaciones y la computación, que posibilita desde ya una solución mucho más expedita y funcional a estos problemas comunes de movilidad, a condición, claro está, de apoyarse en el cuerpo teórico desarrollado a partir de la revolución euleriana de hace casi tres siglos.
En el caso del que me ocupo, bien podrían los agentes de Tránsito distribuidos a lo largo de la Marcha, irse comunicando uno a otro el inminente paso o despeje por parte de la columna, de los sucesivos cruces, para restablecer enseguida la circulación normal por ahí.
Esto junto al cálculo de rutas alternas que eviten los cruces temporalmente obstruidos, algoritmo que, me decía un arquitecto con quien comentaba el asunto, tiene años de estar disponible a nivel gubernamental, así que no tendría más que aplicarse. (No como a mediados de los años 70, cuando “descubrí” la Operations Research en la -esa sí benemérita- Biblioteca Franklin, cuando comenzaban a aplicarse en el (Primer) Mundo y para tareas civiles, algunos adelantos tecnológicos logrados treinta años atrás, durante la Guerra.)
Lo mismo se aplica para la Planeación y Ejecución de la Obra Pública, como el reencarpetamiento de calles, sustitución de drenajes, construcción de guarniciones, renovación del sistema de alumbrado, etc. que, de hacerse “a la antigüita”, ocasionan un verdadero caos en la vida cotidiana de la gente que vive, trabaja o transita habitualmente por la zona intervenida, como hemos estado constatando en carne propia estos últimos meses.
Aquí también resulta de extrema utilidad práctica aplicar la metodología desarrollada también a partir de la Teoría de Grafos, para evitar hasta donde sea posible introducir más entropía a la ya endémicamente existente en la ciudad, más cuando el nuevo Gobierno municipal no tiene ningún impedimento moral para hacerlo, al no estar sujeto al dictum metafísico presidencial de “el pueblo bueno y sabio” que no necesita estudiar para realizar grandes obras de ingeniería (??). Sólo habría que tomar en cuenta, ahora sí, a los “afectados colaterales” de estos necesarios ajustes urbanos.

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.








