¡Así nos agarró el Covid-19 y vamos hacia allá! (Artículo)
Minuto a Minuto

 

 

 

5 de mayo de 2020

 

Hace algunos años conocí en youtube.com a Samuel Hernández con su alabanza Levanto mis manos, esto con la finalidad de encontrar a ese Dios que en ese momento era urgente encontrarlo y a través de este excelente canta-autor lo encontré a través de la melodía Levanto mis manos que dice: Levanto mis manos aunque no tenga fuerzas, levanto mis manos aunque tenga mil problemas, cuando levanto mis manos empiezo a sentí una unción que me hace cantar; palabras que en ese momento de necesidad llegaban a mi corazón y un nudo en la garganta, en el estómago o el hormigueo en todo el cuerpo. Sin embargo, cuando pasa esa necesidad las cosas cambian y volvemos a esa rutina de las grandes ciudades y ese ego que nos hace que somos los grandes hombres, debido a que saludas a los vecinos y no te contestan, vas en el micro y desaparecen las personas que no le dan el asiento a las personas de la tercera edad, mujeres embarazadas, personas en muletas o que tienen una capacidad diferente a nosotros, quieres bajar del autobús y no te dan el paso; llegas al trabajo saludando a los compañeros con una sonrisa y te la regresan su mal estado de ánimo, te encuentras a un alumno por el pasillo y no te saluda. También división institucional por ideas sindicales por lucha de poderes en donde cada momento se escucha el cuchicheo de formas de atacar al adversario y querer siempre tener la razón manipulando al más débil; ¡así nos agarró la contingencia del covid-19!

Aunque tenemos la contraparte, personas atentas, alegres, te saludan y dan sus bendiciones, personas que hacen de lo ordinario algo extraordinario, que dan su tiempo libre para compartir lo bondadoso que es Dios, el Universo, la Vida; personas que tuvieron que vivir una gran caída para valorar lo que se tiene: en primer lugar la vida, la familia, los amigos, las autoridades, el vendedor de tamales, de esquites, de bolsas para basura, el que vende los nopales en el mercado, el jitomate, la cebolla; a esas personas que cultivan valores que te hacen encontrar un día de mucha alegría y felicidad; ¡así nos agarró el coronavirus!

Nos encontramos carentes de herramientas para enfrentar esta contingencia que empezó en el mes de marzo, contingencia que no creíamos, pensando que solo pasa en otros países donde siempre pasa lo malo; ¡así nos agarró el covid-19!

Este periodo que vivimos confinados está llena de egoísmo, seguimos con ese: primero yo, después yo y hasta el último yo que solo trae más violencia, más problemas en los grupos más vulnerables y el seguir pensando que yo soy superior a los demás, esto lo ejemplifico en una visita al Banco, en el momento de hacer algún movimiento, que debes de hacer la famosa cola para entrar y el ser sabedor de guardar una distancia de un metro entre persona y persona, en eso llega un señor con características de mucho dinero, se acerca a mí y me hace señas de alejarme como si yo fuera ese virus que contagia a la gente, ese ser que contamina; veo personas llenas de miedo, de incertidumbre del primero yo; ¡así nos está agarrando esta contingencia!

Todo lo anterior tiene un aprendizaje, reflexión, crítica o por qué no decirlo lo que estamos ganando o perdiendo en esto periodo sanitario. Lo que ganamos: un mayor acercamiento con la familia, ver las necesidades de los hijos, lo que sucede en casa, conocer al vecino, el leer el libro que compré y no había leído, sacarme una foto en la casa, el verme al espejo y ver que aunque pasen los años sigo guapo, hacer una comida que disfrutaba en casa de mis padres y por qué no decirlo, esa aventura que nunca había hecho de llegar de sorpresa con la familia o el encontrar un amor que pensé que se había quedado en el tintero y que será una realidad vivir con esa persona. Y lo triste y negativo: tener miedo, ser más agresivo, insensible, no compartir los quehaceres de casa, el decir ya quiero irme a trabajar, ya estoy aburrido de este encierro, el regañar a los hijos, a los abuelos, el decir ya extraño una hamburguesa, un hot dog, una pizza, unos tacos de la calle en donde se te escurre esa grasa que le sabor, mejor hacerlo en casa con la familia, ¿por qué no hacer unas palomitas caseras? Esas que revientan al instante que las pones en el aceite de la cacerola y vuelan, esas que te llenas la boca y las saboreas, eso es disfrutar una tarde, a la gente que amamos, de agradecer a Dios que hoy estamos vivos, del aire que respiramos, eso es vivir la vida; ¡así nos agarró esta cuarentena!

Vayamos más allá en pensar en ti, en mí, en nosotros, en ustedes, hacer sinergia y unir fuerzas para acercarnos a Dios, a la familia, al hermano con el que estamos peleados, al compañero o maestro que le falté el respeto; es tiempo de arrepentimiento, tiempo de perdonar, de agradecer que estamos vivos. Estamos en esa etapa que vive el águila en donde a sus 40 años debe de subir a la montaña para poder sobrevivir y tirar su pico que de lo contrario no podrá comer, sus uñas puntiagudas, sus plumas gruesas con las que no podrá utilizar para volar y morir de hambre, por lo que debe de vivir este proceso de cambio y vivir otros 30 años más. Para nosotros, es tiempo de reactivarnos, de renovar hábitos, desarrollar disciplina, compromiso, que debemos de cambiar hoy no mañana, porque mañana será demasiado tarde.
Es tiempo de transformación, de disfrutar la vida como lo dice Carlos Andrés Pérez Vázquez de 8º semestre de la Licenciatura en Educación Secundaria con Especialidad en Telesecundaria del BINE (Benemérito Instituto Normal del Estado), que a la letra dice:

Bueno, escuché su audio (canción de Samuel Hernández, Lo que este virus me enseñó) y me siento apenado. Sabe, creo que esta pandemia también nos ha hecho más sensibles y créame de igual forma es así para nosotros o bueno al menos en mi caso. Es una prueba muy fuerte, no poder trabajar de forma "directa" todo esto y sé que si antes era complicado, ahora estará más. Quiero pedirle una disculpa en nombre de todos mis compañeros de cubo, créame que esto no lo hacemos con la intención de hacerle la vida imposible o de dejarlo en mal, sé que no lo estamos valorando o dándole el respaldo por nuestras acciones, por eso le pido disculpa. Hay veces maestro que no sabemos cómo reaccionar y sé que nadie estaba preparado para esto. De igual forma estamos muy vulnerables y sé nos es difícil trabajar así, pero créame que en estos dos días hemos estado reflexionando y he tratado de motivarlos aunque yo no esté al 100%.

Para mí este año ha sido muy marcado en toda la extensión de la palabra, he descubierto cosas que desconocía de lo que tengo, altibajos emocionales muy fuertes y eso es muy difícil, por lo que ayer me dijeron algo y me motivé. Primero que el ser maestro siempre seremos bendecidos por Dios, porque enseñamos a otros y compartimos nuestro conocimiento y eso es algo muy bonito. Y en segundo lugar que teniendo Fe, Esperanza podremos lograr lo que nos proponemos. Así es que maestro no le prometo ni le juro nada pues sé que los actos valen más que mil palabras y yo trataré de empujar a mis compañeros para darles esa motivación y que ellos a su vez me la den a mí. Lo queremos. Gracias.

En los párrafos anteriores se ve el cómo en este momento nos debemos empoderar de todas las fortalezas que tenemos como seres humanos y apostar por un estado tanto nacional como internacional en esa sintonía de cultivar ese propósito de Dios de ser felices y el consejo de Samuel Hernández en su alabanza de: Lo que este virus me enseñó y confirmar que LA VIDA ES UN REGALO DE DIOS; así nos agarró el COVID-19.

 

 

Carlos Andrés Pérez Vázquez 
Gumecindo Orduña López
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