Nos “olimpiaron” de nuevo
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

26 de agosto 2016

-La Historia Jamás Contada-

A una semana de concluidos los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, tras la deslucida –aunque ya esperada- actuación de la delegación mexicana en general, se impone analizar un aspecto que suele pasar inadvertido, aunque tiene un efecto decisivo en la actitud de la gente hacia el deporte.

Me refiero al tratamiento, manejo o cobertura que se da a éstos en los medios comerciales y algunos no tanto, pero que proceden de manera similar, como si los encargados vinieran de la misma escuela, es decir, TELEVISA, que por décadas ha conformado una mentalidad colectiva muy alejada de los buenos propósitos –cuando menos declarados- de los ideólogos de estos encuentros internacionales.

Comienzo diciendo que, salvo algunos pocos reportajes y documentales –ya históricos para entonces- que fui conociendo con el tiempo, sobre la Olimpiada de Roma de 1960 y una especie de eco que dejó la de Tokio cuatro años después –sólo tuvimos televisor al finalizar ésta-, fue precisamente hasta 1968 que viví el fenómeno olímpico-mediático en plenitud.

Las trágicas circunstancias que rodearon los Juegos de ese año, que permitieron a cualquiera que no fuera bobo de nacimiento, tener un atisbo del funcionamiento del aparato ideológico del Estado (Althusser). Pero no es la propaganda descarada que justifica lo injustificable a la que me referiré aquí, sino la forma tosca y obsesiva –¿insidiosa?, ¿inconsciente?- en que los narradores o merolicronistas mediáticos desvirtúan sistemáticamente hasta los más refinados desempeños humanos, como es el caso.

Comenzando por su virtual ignorancia de las actividades que pretenden describir, su historia, evolución, contexto social y cultural, aspectos indispensables para involucrar a los espectadores con ellas, como hacen los verdaderos críticos a los dilettanti del Arte con los artistas.

Son también gritones –gritón + ignorante = merolico-, pues el “secreto profesional” de su éxito es provocar la respuesta emocional indiscriminada de sus oyentes, quienes acaban aturdidos y aún menos conscientes de lo que están presenciando –el “choro mareador”, ni más ni menos-.

Además, sin mucho que decir pero teniendo que hacerlo, los lleva a improvisar en el peor sentido, hilando un despropósito con otro y generando confusión, dispersión, fatiga y finalmente desinterés en sus confiados y al principio atentos seguidores, con el mismo efecto incluso en asesores y especialistas invitados, que aún contra su voluntad contribuirán también a la incultura física en general y deportiva en particular de la población, que en adelante trivializará igual que  sus mentores, una disciplina tan esforzada y mentalmente demandante como es la competencia deportiva.

Little wonder entonces, el olímpico desinterés del grueso de la población por el Deporte y los deportistas serios, a quienes exigen EXCELENCIA sin aportar nada a cambio, ni siquiera aprecio o respeto, como lo manifiestan con el fetiche del “medallero”.

Pero este tipo de “narradores deportivos”, con defectos como los reseñados más otros, resultan excelentes para el propósito ÚNICO de las empresas que se anuncian en televisión: VENDER, pues resultan verdaderas virtudes para orillar a los excitados y a la vez decepcionados televidentes, a consumir para compensar de algún modo su permanente FRUSTRACIÓN.

Imagen: jorgalbrtotranseunte.wordpress.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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