La Madrugada, (De espaldas al corazón)
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

15 de julio de 2016

El poste firmado por un perro me detuvo. Entonces vi la cara estúpida de Juan Carlos Zamorán carcajeándose de mí: “Juancho tu diputado, tu amigo, tu compa

Debajo de aquel lamejuanchos me esperaba entonces tu escote, tu falda a cuadros y tu cara de gata somnolienta. Fue la primera vez.

Los amores en la Ciudad se consuman sin tanto formalismo. Bastó por supuesto que hubiera piso y ganas, dos velas y una grabadora para cassette que sonaba bajito stair way to heaven.

Eran las 7:30 de una tarde de verano en Chapultepec. Yo tropezaba con tu boca, tú te bebías lo que quedaba del sol. Ahí no había osos de felpa, ni amores baratos. Llegaban a buen puerto los deseos infantiles, el hambre del espejo y las miradas del retrovisor.

Esa noche te graduaste de contorsionista, mientras yo me dedicaba cual explorador a buscar algo perdido en un bosque donde  hay dos caminos por los que puedes ir.

Afuera una de los Tigres rompía todo simbolismo con todo y pájaros y estrellas de la Reyna de Mayo:

Me dolió tu traición
no lo voy a negar
fue una amarga experiencia…

Lo que había entre
tu y yo
es cuestión olvidada.

El espejo en el que te miraste era entonces demasiado transparente para permanecer puro, tan santo y tan entero.

Había que romper el espejo, hacer estallar las ansias mutuas, generar diálogos de lengua y corazón. Había que salir de sí.

Extravío es encuentro decías, ¿lo recuerdas?

Querías azotarle la puerta a la Ciudad en sus propias narices, huir de los bares de gente esnob que alaba al Che o a Beauvoir y no deja propina. Deseabas con todas tus fuerzas vengarte de la “V” de victoria de los amantes de la anarquía que según tu, son los mismos que están divorciados de la congruencia social.

Te mesías esa tarde dentro de un tiempo y un espacio que te alejara de los templos, donde los exquisitos de arriba y a los lados, también reproducen el poder y terminan juntándose en los extremos o en las librerías caras de café artesanal.  

Era ya de madrugada.

Fue tu logro, toda la habitación se lleno de tu polución, de tus verbos en gerundio, del olor a canela y miel de tu sexo sin luna girada.

Peor que tu falda eran tus hilos de azúcar, tu diente de león, tus mortíferas fauces de clitoridiána que no reconocían candados, ni zapatillas de media noche.

Era verano, miraba mi rostro en tu espejo, en tu tierra, gravitaba, tragado y ensordecido por una suerte de espasmos que se decantaban en forma de ecos ligeros en mis tímpanos.

Tu nombre ya no importaba, sólo me imaginaba en otro momento, en otro barrio lejos de ahí, en el puente peatonal donde nos magreábamos las tardes de domingo.

El cuarto pintado de negro, desde donde estaba podía ver mi ombligo y las manchas de la luna, también tus piernas hechas nudo con las mías. Afuera el silencio de la urbe y sus disonancias.

Te fume, pude intuirte, presentir que de nuevo te atacaría la sed.

El huracán fue descendiendo a tormenta tropical y de ahí al briznar suave de los ronquidos sin contorción ni ecos.

Como era costumbre, yo tenía que salirme a eso de las 5:30 de la mañana. Dejarte sola. No sea que me fuera a acostumbrar y en uno  de esos días le untaras manteca a mis bigotes y decidiera quedarme hasta el altar contigo. Aunque al final de los finales fue al revés.

Al salir,  vi como la madrugada dejaba en una esquina a una borracha golpeando a su amante justo en el pecho y en la boca, como si deseara arrancarle los sentimientos y las palabras que le había entregado. En otra vi un autoservicio cuidado por los polis, y del otro lado a una señora con el rosario en la mano que se guardaba el monedero en la chichi a la vez que miraba de reojo la escena tan justa de aquellas puñaladas en el corazón de la madrugada.

Iba volando, no sabía si cantar una de Juan Ga o una de Marcial.

La noche se iba a dormir, tu falda también.

Al final sólo quedaban en la Ciudad los residuos de la hierba, los besos de cebada por todos lados y el lado oscuro de la luna de espaldas al corazón. 

...porque solo con palabras construimos al mundo y sin ellas no hay ciudad.

 

Juan Daniel Flores, alumno egresado de Literacidad del ITESM Puebla así como de Casa del Escritor, SOGEM, IBERO, ECL entre otras. Egresado de la Facultad de Ciencias Sociales de la BUAP. Ha sido colaborador en CONAIMUC, “El Muro Magazine” y actualmente en “Los Periodistas” con la columna “Espiral Urbana” nombre que lleva también su colaboración semanal en cápsula radiofónica en Radio Buap. Creador y promotor del proyecto socio-educativo “Criticas Vitales” para centros educativos y culturales 2015.

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