Año nuevo, tele… ¿nueva?
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

14 de enero de 2016

 

-La Historia Jamás Contada-

Con motivo del “apagón” –blackout”- del sistema de televisión analógica y como tantas otras cosas en el país, se actualiza una vez más la conocida expresión, pero en su versión inversa: “verter vino viejo en odres nuevos”, pues la innovación que la reemplaza no afecta su contenido, presentación, distribución, venta y reventa –especialidad de la televisión de paga-.

Será exactamente la misma programación, tanto la destinada a los “jodidos” –Tigre Azcárraga dixit- como a la “élite” que paga por ver algo que, por supuesto, no le entregan. (Por cierto que esta última se parece cada vez más a la primera, la señal abierta o broadcast con todo y sus vicios, tanto los de origen como los que han añadido décadas de mercantilismo desenfrenado.)

Una televisión concebida desde el principio como un dispositivo para colocar cuantas mercancías fuera posible entre los desprevenidos espectadores, ofreciéndoselas ya no en la puerta, sino en la intimidad de la sala, el comedor, la alcoba: un vendedor permanente en casa, ni más ni menos.

Esto sin subestimar la función propagandístico-ideológica que también –y tan bien- cumple el dispositivo: no fue casual que el primer control remoto –como se llamaba entonces a las emisiones originadas en exteriores- fuera de un Informe presidencial -1950- y que ahora mismo, ante la inminente visita papal –que desde el sexenio lópezportillista se ha vuelto una costumbre-, la cadena TELEVISIVA más añeja prepare diligentemente a la opinión “pública” (¿?), como corresponde a un régimen esencialmente clerical-priísta –en ese orden-.

Pero el aspecto más inquietante, como de película de science-fiction, es la manera en que la televisión condiciona los hábitos de la gente prácticamente en todo, moldeando su vida cotidiana desde la hora en que despierta y le presenta una agenda de cosas en qué (pre)ocuparse a través de los noticiarios y anuncios de Gobierno, enseñándole “nuevas” formas de hablar con sus animadores, qué tipo de relaciones interpersonales establecer con las telenovelas y, en fin, a dilapidar su tiempo libre con deportes, espectáculos y concursos. (Alguien escribió hace mucho tiempo que “la televisión es la ventana desde donde las mentes suicidas se arrojan al vacío”.)

La televisión resulta entonces el entretenimiento perfecto, pues hace a la gente moverse en todas direcciones sin abandonar el lugar que le ha asignado el Poder: la hace conformista sin que se percate de ello, al fin que se está divirtiendo.

En cuanto a las televisiones alternativas, de cualquier corte, no dejan de ser marginales, pues no están enraizadas en el gusto “popular”, cuidadosamente cultivado por este “aparato ideológico de Estado” (Althusser). Sólo las atienden minorías perfectamente inocuas que se aferran a ellas sin interferir con el mainstream, pues finalmente el Sistema también les da su parte del pastel.

He aquí entonces nuestra flamante televisión DIGITAL –por lo del dedo ése del atole-, con la que podremos seguir haciendo que participamos en la trepidante vida moderna sin movernos siquiera de nuestro asiento, arrullados o exaltados por las ingeniosas features que proporciona la moderna tecnología de las telecomunicaciones. ¿Qué más podríamos pedir?

Imagen: aragon.attac.es

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales

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