Una generación enajenada
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

 

9 de octubre de 2015

 -LA HISTORIA JAMAS CONTADA-

Un día como hoy, hace 75 años, nació John Winston Lennon, personaje icónico de una generación que intentó cambiar el Mundo y específicamente las relaciones interpersonales entre sus habitantes, contrastando con la generación inmediatamente anterior, criada en el más abyecto conformismo y cuyos miembros siempre se negaron a ser algo más que instrumentos de los poderosos, comenzando por su comportamiento privado, que formalmente les concernía sólo a ellos.

No sólo en la tradicionalista y pudorosa Inglaterra postvictoriana, sino en otras naciones imperialistas y, lo que nos toca directamente, sus otrora colonias. (Pocos saben, por ejemplo, que el venerado Mahatma Gandhi, prócer de la independencia de su país, intentó que se demolieran los conjuntos escultóricos eróticos que adornaban algunos antiguos templos –no hay héroe perfecto-, puyes renegaba de todo lo inglés, menos de su gazmoñería. Algo parecido sucedió con China: gajes de una mentalidad colonizada.)

Aquí mismo, en América, el fenómeno se repitió en diversos grados según la ubicación geográfica, el estrato social y, notablemente, la escolaridad pues, cuanto más alta ésta, mayor la apertura mental de los habitantes, algo a tener en cuenta para cualquier reforma educativa, no lo contrario de tratar de imponer añejos y –sobre todo- rancios valores clericales que tal vez nunca estuvieron en uso.

Esos años finales de los ’50 y toda la década siguiente, las sociedades modernas transformaron radicalmente su vida cotidiana, siendo los jóvenes que llegaban a su mayoría de edad los motores del cambio, para espanto de los poderes tradicionales, que ipso facto recurrieron a su ejército de reserva: los padres y madres de esos mismos jóvenes, tratando de revertir la tendencia.

Se los criminalizó entonces empleando para ello el aparato propagandístico tanto oficial como oficioso, al que ya estaban uncidos los adultos “respetables”, que presentaba a cualquier disidente moral –esto es, en sus costumbres- como un delincuente que debía ser castigado. Y tanto en casa como en la escuela, nos sermoneaban a los niños para que no saliéramos como ellos. (Precaución inútil pues, como leí en algún lugar, “fuimos la gente contra la que nos previnieron nuestros padres”.)

En particular, la industria cinematográfica “nacional” produjo numerosas películas “juveniles” (¿?) en que estos descarriados finalmente regresaban al redil a fuerza de regaños y encierros paternos y prédicas de algún “comprensivo” sacerdote. Eso o la muerte –ficticia, en pantalla-, con la ironía de que los jóvenes que encarnaban los personajes eran ellos mismos juniors que llevaban esa vida amparados en el dinero y las “influencias” –conexiones políticas- de sus mayores.

Pero tan inverosímiles historias –de FIEBRE DE JUVENTUD a UN QUIJOTE SIN MANCHA, por ejemplo- eran asimiladas como verdades incontestables por padres y madres de clase media y popular, construyéndose el trasfondo psicosocial de la sanguinaria represión que desataría el Gobierno al final de la década. (Al día siguiente de la matanza, el jefe de la Policía capitalina instaba a éstos a no dejar salir a sus hijos, porque “podría pasarles algo”.)

La generación enajenada no fue entonces la de los jóvenes moral y políticamente contestatarios, como se pretendía en esos tiempos, sino la de sus padres que, salvo honrosas excepciones, defendían intereses ajenos: los de sus enemigos.

Imagen: heroes-get-made.tumblr.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey – es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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