Un año en el extranjero
Minuto a Minuto

21 de mayo de 2015

Este año tuve la oportunidad de permanecer un año en el extranjero haciendo un intercambio a Alemania, hoy estoy a punto de concluirlo y he decidido escribir un poco sobre mi experiencia; cómo me fue, algunas de las dificultades que tuve y un poco de lo que he aprendido que en verdad ha sido mucho. Y bueno aquí vamos.

Todo estaba planeado para irme a vivir a Cottbus, donde vive una amiga que considero parte de mi familia, o a un internado de esgrima en el cual ya había conseguido una plaza. Créanme todo lo había hecho sola y estaba increíblemente orgullosa de ello. Luego la mamá de un compañero de esgrima me dijo que por qué no también su hijo venía conmigo así los dos mejoraríamos en nuestro deporte. La idea me encantó y sin dudarlo dije que sí. Y a pesar de que el consejo de mis seres queridos era no hacerlo, puse manos a la obra para buscar un nuevo lugar a donde ambos pudiéramos ir. Esto me ocasionó más de un problema que sin aun haber “saltado el charco” parecía una novela de la cual era ya imposible zafarme y que al llegar solo empeoraría.

Es aquí cuando viene el primer aprendizaje “Las águilas vuelan solas”. Lo peor que hice fue haber decidido llevar conmigo a alguien con valores y educación tan distinta a la mía a un viaje tan importante para mí, ya que por más que intenté no hacerlo terminé siendo la mala de su cuento aunque tuviera que hasta la fecha hacerla de traductora, niñera y responsable, pues cuando alguien necesitaba algo de él yo era la única que hablaba español y alemán, así que tenía que ver por ambos. Cosa que en mi vida volveré hacer, ni por él, ni por nadie. Quiero aclararles eso no significa que él no me caiga bien o que no nos llevemos. Aclarado eso, seguimos.

Ya cercana la fecha tuve la suerte de poder despedirme casi de todos mis seres queridos y es aquí cuando nos acercamos al segundo aprendizaje. Un día antes de irme me encontré con ese chico que hasta ahora ha inspirado casi todas mis letras. La cosa fue muy linda debo admitir, pero en el transcurso de mi estancia del otro lado del mundo, algo (no estoy muy segura de qué) sucedió. Esto nos llevó a discutir y por primera vez no terminar de la mejor manera posible, cosa que me dolió y mucho. Y aquí aprendí dos cosas, una que a veces es mejor dejar ir las cosas a su tiempo y quedarse con un buen sabor de boca y no como nosotros que al intentar sacar lo mejor de ambos sobreexplotamos nuestra capacidad de tolerar y amar lo que nos llevó a nuestra primera y última discusión. La segunda fue que un amor a distancia no es más que eso, una ilusión que al final los kilómetros terminan ahogando.

Ya comenzando a entrenar aquí tuve la oportunidad de conocer de cerca a esgrimistas muy buenos a nivel mundial y no solo conocerlos sino entrenar con ellos y algunos hasta considerarlos mis amigos. Esto me hizo ver que hay dos tipos de personas, las que pierden el suelo y los que nunca olvidan quiénes son y cómo comenzaron. “El deporte un día se acaba, ser leyenda en esgrima no sirve de nada. La gente que conoces, los amigos que aquí haces eso queda y te ayuda a ser feliz. Al final eso es lo único que importa”. Ana Limbach fue quien me hizo favor de decirme eso y créanme que tiene la boca llena de razón.

La cultura aquí es diferente así como las personas y su forma de relacionarse, más de una vez la frialdad de la gente aquí me hizo cuestionarme qué me había llevado tan lejos de casa. Las personas vienen y van en nuestra vida, pero en los momentos más difíciles es cuando notas quienes en verdad merecen tener el título de amigos, gracias a todos esos amigos que me acompañaron en esta aventura, ustedes saben quiénes son y creo que está de más mencionarlos. 

Fui a Barcelona y tuve una experiencia no tan grata, cosa que dos amigos con los que he de confesar hacía tiempo no dirigía palabra alguna, procuraron solucionar y si no solucionar, mínimo hacer que se me olvidara. En verdad no me imagino haber vivido lo que viví sola y aquí viene otro aprendizaje. Los hermanos no siempre son de sangre, no siempre hablas a diario con ellos, a veces nacen en el alma. Gracias a ese Angelito que me cuidó tan bien esos días, logró hacer de mi viaje algo inolvidable.

Mi casa, mi vida y mi corazón residen en México y mucho más importante es que en mi país están mis padres. Una noche me sentía fuera de lugar, pero como sabrán Eva se quedaba con el Jesús en la boca y no me atrevía jamás a llorar “eso es una debilidad, tú no extrañas” me repetía constantemente. Claro que extrañaba y no sabía cuánto más podría contener mis lágrimas. Un día mi papá notó aquello y me dijo “No seas tontita, si las hijas quieren llorar para eso estamos los papás, para poderlas consolar” entonces aprendí lo evidente. Mis padres serían siempre los incondicionales que me procurarían en mi camino, tomase el que tomase, eso es algo que jamás volveré a olvidar. Gracias mami, gracias pa’ sin ustedes nada de lo vivido hubiera sido posible. Los amo.

Por último, pasadas las semanas mis ganas de volver crecían y contaba inútilmente una y otra vez los días que faltaban para regresar; pero cuando llegó la hora la nostalgia rogaba por poder un poco el tiempo retrasar y fue ahí cuando aprendí que no por ver el calendario más veces éste avanza más rápido y tampoco por tener nostalgia de partir se alentará un poco. Hay que vivir el aquí y el ahora todo los demás es irrelevante y no existe.

Gracias por leerme

Eva Patricia Hidalgo Muñoz, orgullosa mexicana, próxima estudiante de arte contemporáneo y actualmente en un intercambio deportivo en Alemania.

Imagen: «Final Trophee Monal 2012 n08» de © Marie-Lan Nguyen / Wikimedia Commons. Disponible bajo la licencia CC BY 2.5 vía Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Final_Trophee_Monal_2012_n08.jpg#/media/File:Final_Trophee_Monal_2012_n08.jpg