Las ostras ¿realmente se aburren?
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enrique ayala duval¿Cuántas veces hemos escuchado la frase: “estoy aburrido como una ostra”?  Con esta frase solemos expresar nuestro enfado porque no tenemos nada qué hacer y que estamos aburridos de igual forma que una ostra que aparentemente no hace nada.  La frase posiblemente fue acuñada por alguien que observó a las ostras viviendo apaciblemente en un fondo rocoso.  Sin embargo, estos organismos tienen una vida activa aunque no lo aparenten.  He aquí un panorama de la vida de estos interesantes moluscos.


Las ostras son moluscos que viven asociados al fondo marino, son organismos que tienen un cuerpo suave protegido por una concha calcárea compuesta de dos piezas o “valvas” por ello también se les conoce como “moluscos bivalvos” (Edward, 1996, Jessop, 1990, Barnes, 1990, Alexander, 1979).  Las podemos ver cuando visitamos las playas y se les suele cocinar en cocteles, sopas o guisos un tanto sofisticados.  Un aspecto interesante es que estos organismos son aprovechados para mejorar las condiciones de algunas zonas; por ejemplo, los substratos rocosos poseen una fauna asociada característica de ellos, donde entre otras especies, existen las ostras; y de manera artificial, se han puesto conchas de ostras vacías en áreas de substratos blandos (lodosos o arenosos) con diferentes propósitos, por ejemplo, para crear un ambiente propicio para el cultivo artificial de ostras con valor económico, o simplemente para aumentar la posibilidad de que aquellas especies que requieren un substrato duro para vivir, lo tengan ahí, aumentando con esto la biodiversidad de esos sitios (Johnson y Allen, 2005).


A los bivalvos pertenecen también las almejas, los ostiones y mejillones.  Un número considerable de especies tiene importancia comercial porque están destinadas al consumo humano, también con sus conchas se llegan a fabricar botones, broches y pequeños objetos de bisutería; con las perlas (obtenidas de algunas especies de ostras) se hacen hermosas piezas de joyería.  A los bivalvos también se les conoce como pelecípodos, porque tienen un pie en forma de hacha o lamelibranquios (branquias aplanadas como laminillas) (Bulloug, 1973).


Si nos imaginamos un tipo de vida así, asociados al fondo ya sea adheridos al sustrato, o con una capacidad de desplazamiento muy limitada, pensaríamos: ¡qué vida tan aburrida!  Bueno, pensamos así desde nuestra perspectiva de seres humanos, con la arrogancia de pensar que tenemos capacidad de raciocinio y estos animalitos no, pero ¿cómo es que estos organismos han persistido desde el Ordovícico Medio (hace unos 470 millones de años)? ¿qué tipo de vida es esa, la sedentaria? ¿cómo es que viven en colonias de individuos amontonados y pueden alimentarse y reproducirse, si en la mayor parte de las especies sus desplazamientos son limitados o se encuentran adheridas al sustrato? ¿cómo es que constituyen una parte importante de las comunidades marinas y en general de los ecosistemas costeros?  Para responder a estas preguntas, tenemos que analizar cómo es su vida y cuáles son los procesos que gobiernan su existencia.  


Estos organismos son considerados como “filtradores” y así es como consiguen su alimento que se encuentra suspendido en el agua compuesto de plancton muy pequeño y  materia orgánica (Barnes et al., 1989, Barrington, 1979, Day y McEdward, 1986, McEdward, 1995); ésta es una estrategia “inteligente”, no gastan energía persiguiendo su alimento, el alimento llega a ellos por este medio de filtración, inhalando agua, provista de alimento y oxígeno.  En ecosistemas contaminados con pesticidas o metales pesados, los bivalvos o pelecípodos se protegen acumulando estos contaminantes en sus tejidos, sin que ellos mueran por estas sustancias tóxicas, es decir presentan un mecanismo de “bioacumulación” (Berthet et al., 1992, King et al., 2010) por esta razón es peligroso consumirlos cuando provienen de estos ambientes contaminados (asociados a mareas rojas, o cercanos a desechos urbanos, agrícolas, o zonas industriales).  Las ostras tienen una estructura corporal muy eficiente, tienen una región cefálica muy reducida y también los órganos de los sentidos, tienen branquias muy desarrolladas, con estas estructuras realizan la filtración de partículas y el intercambio gaseoso; poseen una cavidad rodeada por una membrana o “manto” bordeada por células táctiles, quimiorreceptoras y ocelos (Barnes, 1990, Barnes et al., 1989, Meglitsch, 1978).  La mayor parte de las especies son dioicas, es decir existen machos y hembras, algunas especies de ostras son hermafroditas, cambiando de macho a hembra y posteriormente a macho (Barnes et al., 1989, Jessop, 1990).


Su reproducción es externa (Adiyodi y Adiyodi, 1993) es decir, los óvulos y los espermatozoides son lanzados al agua y la fecundación se efectúa en el agua circundante a los adultos.  Algunas especies de ostras incuban sus huevos, protegiéndolos así del alcance de los depredadores (Day y McEdward, 1986, McEdward, 1995, Penchaszadeh y Brögger, 2006). La temperatura del agua y el aumento de fitoplancton, determinan la época de reproducción de las ostras (Tirado et al., 2003) y también la de otras muchas especies.  En la primavera, cuando se incrementa la temperatura de los cuerpos de agua, se produce el desove y la fertilización.  Se han hecho estudios que indican que las ostras tienen un tipo de comunicación bioquímica, es decir producen fluidos con metabolitos que representan señales para la maduración sexual, reproducción (liberación de gametos) y disponibilidad de alimento (Delavan y Webster, 2006).


Después de unas 6 a 9 horas de la fertilización, las larvas eclosionan y se dispersan en el agua, es decir son larvas planctónicas, conocidas como “trocófora” que permanecen derivando con las corrientes de agua, y formando así parte de la comunidad de zooplancton; al mismo tiempo que van creciendo y desarrollándose.  Después de 24 o 48 horas de desarrollo se transforman en larvas “véliger o velígeras”.  Una larva véliger ya posee dos valvas y, tanto la larva trocófora como la véliger, se alimentan también filtrando partículas y organismos microscópicos tales como algas unicelulares, bacterias y protozoarios cuyo tamaño es de 3 a 5 micras (Meglitsch, 1978, Williamson, 1992).  Esta estrategia de desarrollarse en sus primeras fases del ciclo de vida como larvas planctónicas es una estrategia “muy inteligente” porque estas larvas son dispersadas por las corrientes teniendo la posibilidad de ampliar el rango de distribución de las especies hacia otras áreas con nuevas oportunidades de asentamiento (nuevos sustratos a ocupar) y alimentación.  Dos o tres semanas más tarde, las larvas véliger se transforman en juveniles (Johnson y Allen, 2005) y abandonan la comunidad zooplanctónica, para asentarse en el fondo del mar; con su asentamiento, se incorporan a la población de ostras adultas y a la comunidad bentónica, en donde se comunicarán por medio de señales bioquímicas, se alimentarán y serán alimento de muchos otros organismos y de donde el hombre las tomará para alimentarse y comerciar con ellas, representando así, un recurso que habrá de cuidarse para no romper el equilibrio del ecosistema marino.  Podemos ver que la vida de las ostras dista mucho de ser aburrida.

Glosario


Asentamiento        Cuando una larva o juvenil abandona la columna de agua y alcanza el fondo para continuar su ciclo de vida en éste.
Dinoflagelados       Protozoarios flagelados.
Eclosión               Cuando un embrión emerge de un huevo en forma de larva.
Fitoplancton          Comunidad de células algales que constituyen el plancton vegetal.
Hermafrodita         Organismo que posee un ovario y un testículo en su cuerpo.
Marea roja           Crecimiento poblacional desmesurado (1 a 6 millones de células por litro) de dinoflagelados en ciertas áreas del océano que tiñen de rojo las aguas y que producen sustancias tóxicas para otros organismos.
Metabolito           Producto de secreción o excreción originado por el metabolismo intermediario de los organismos; por ejemplo: vitaminas y hormonas.
Ocelo                  Ojo muy simple que puede percibir sólo sombras o siluetas.
Pie                      Órgano musculoso de los moluscos utilizado para la locomoción.
Quimiorreceptor    Estructura sensible a ciertas substancias.
Zooplancton          Comunidad de organismos en su mayoría de tamaño microscópicos que constituyen el plancton animal.

Literatura citada
ADIYODI, R. G. y ADIYODI, K. G. 1993. Asexual propagation and reproductive strategies, Nueva Deli, Oxford & IBH.
ALEXANDER, R. M. 1979. The invertebrates, Londres, Cambridge University Press.
BARNES, R. D. 1990. Zoología de los invertebrados, México, D. F., McGraw-Hill : Interamericana.
BARNES, R. S. K., CALOW, P., OLIVE, P. J. W. y GOLDING, D. W. 1989. The invertebrates, A new synthesis, Londres, Blackwell Scientific Publications.
BARRINGTON, E. J. W. 1979. Invertebrate structure and function, Londres, Nelson Hall.
BERTHET, B., AMIARD, J. C., AMIARD-TRIQUET, C., MARTOJA, M. y JEANTET, A. Y. 1992. Bioaccumulation, toxicity and physico-chemical speciation of silver in bivalve molluscs: ecotoxicological and health consequences. Science of The Total Environment, 125, 97-122.
BULLOUG, W. S. 1973. Practical Invertebrate Anatomy, Londres, Macmillan.
DAY, R. y MCEDWARD, L. 1986. Aspects of the physiology and ecology of pelagic larvae of marine benthic invertebrates. In: STEIDINGER, K. A. y WALKER, L. M. (eds.) Marine plankton life cycle strategies. Boca Raton, Florida: CRC Press, Inc.
DELAVAN, S. K. y WEBSTER, D. R. 2006. Signal structure in bivalve excurrent flow. Ameican Physical Society, 59th Annual Meeting of the APS Division of Fluid Dynamics, November 19-21.
EDWARD, R. E. 1996. Zoología de los invertebrados, México, D. F., McGraw-Hill : Interamericana.
JESSOP, N. M. (ed.) 1990. Zoología, Invertebrados, Madrid: McGraw Hill-Interamericana de España.
JOHNSON, W. S. y ALLEN, D. M. 2005. Zooplankton of the Atlantic and Gulf coasts: a guid to their identification and ecology, Baltimore, Johns Hopkins University Press.
KING, C., DOWSE, M. y SIMPSON, S. 2010. Toxicity of metals to the bivalve Tellina deltoidalis and relationships between metal bioaccumulation and metal partitioning between seawater and marine sediments. Archives of Environmental Contamination and Toxicology, 58, 657-665.
MCEDWARD, L. R. 1995. Ecology of marine invertebrate larvae, Boca Raton, Fla., CRC Press LLC.
MEGLITSCH, P. 1978. Zoología de invertebrados, Madrid, H. Blume.
PENCHASZADEH, P. E. y BRÖGGER, M. I. 2006. Biología Marina, Nuevos Aires, Eudeba.
TIRADO, C., SALAS, C. y MÁRQUEZ, I. 2003. Reproduction of Venus verrucosa L., 1758 (Bivalvia: Veneridae) in the littoral of Málaga (southern Spain). Fisheries Research, 63, 437-445.
WILLIAMSON, D. I. 1992. Larvae and evolution: toward a new zoology, Nueva York, Chapman & Hall.

* Enrique Ayala Duval (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Biólogo egresado de la Facultad de Ciencias de la UNAM, con estudios de posgrado en Ciencias del Mar; labora en el Departamento de Hidrobiología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Iztapalapa, su área de investigación es sobre el Zooplancton e Ictioplancton Marinos.

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