Chamanismo, mucho más que folklore
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- La Historia Jamás Contada -

 

Seguramente la mayoría hemos forjado nuestra idea del chamán a partir de los curiosos personajes que aparecen tanto en películas de ficción como documentales sobre grupos étnicos que aún conservan muchas de sus tradiciones ancestrales.

 

Se los retrata como individuos extraños, alejados, hoscos, que no parecen vivir en la misma realidad que el resto de su comunidad, que sin embargo los trata con reverencia y acude a ellos para consultarlos en situaciones extraordinarias, no pocas veces lindantes con lo mágico o sobrenatural. Pero, aparte de este cliché, ¿qué más sabemos al respecto?

 

Pues resulta que a finales del año 2007, repasando ciertos curiosos episodios de mi vida, me vino a la mente la idea de que tal vez este tipo de cosas, cuando se presentan en racimo o sucesión más que estrictamente al azar, tengan una especie de sentido, pero ¿cuál podría ser éste?

 

Por ejemplo, poco antes de entrar a la Primaria, solía levantarme de madrugada y deambular por el minúsculo departamento en penumbras, mientras que cuando viajábamos fuera de la Ciudad, me imaginaba “perdiéndome” entre los cerros frente a los que pasábamos. Y no sólo caminaba en mis ensoñaciones diurnas, sino también en una elevada proporción de mis sueños, es decir, mientras dormía. De alguna manera, ya se manifestaba mi vocación de caminante.

 

Curiosamente, muchos años después -posiblemente en 1987-, recibí un insólito regalo del anfitrión de un encuentro de poetas al que acompañé a un amigo, que al entregarme un morral nuevecito, me dijo: “Éste lo estaba guardando para alguien como tú” (¿?). Fue la primera y había de ser la única vez que nos veíamos. (Huelga decir que yo no participé más que como oyente, pues no cultivo la Poesía. Fue hasta la reflexión de 2007 que pude entender el significado del regalo: un morral es el mejor compañero de un caminante.)

 

Esta y otras reflexiones me llevaron a precisar la función específica de un chamán al interactuar con otro(s), pues siendo un caminante inveterado, resulta un acompañante experto para quien esté en el camino, pero no como el típico líder religioso que exhorta a los demás a abandonar el propio para seguir el suyo, origen de cuantas sectas en el Mundo han sido.

 

Pero no es sólo su experiencia, sino que por alguna circunstancia un tanto misteriosa, entra en contacto con quien habrá de acompañar: ¿recuerdan el aforismo de que “cuando el alumno está listo, aparece el maestro”? Es el fenómeno conocido como como serendipia, relativamente frecuente en este terreno.

 

En cuanto al alejamiento de la normatividad social imperante, resulta lógico para alguien que va descubriendo espontáneamente su camino, sin cuidarse del sistema de premios y castigos que van normando el comportamiento de la persona común. Por eso parecen indiferentes y hasta hoscos, aunque sin duda pueden reconocerse ciertos patrones significativos en su forma de ser y hacer.

 

Otro elemento, sobre el que me extenderé en un próximo artículo, tiene que ver con su aparente comunicación con el medio ambiente, que los convierte en “sabios naturales” y motiva a quienes así lo perciben, a consultarlos.

 

 

 

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

 

Imagen: Internet

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