Descalcismo neopagano
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16 de diciembre de 2016

Un señalamiento frecuente entre los barefooters, es la peculiar percepción del Mundo y la vida que proporciona esta práctica, que además de la cómoda frescura, disminución del stress y otros obvios beneficios para la salud (física), también contribuye a aclarar la mente de quienes la adoptan, al desarticular el complejo de emociones derivado de la ropa y el calzado, que puede llegar a resultar opresivo: una especie de terapia de desintoxicación de temores adquiridos culturalmente, sobre todo durante la crianza. (En un pequeño pero interesante libro de finales de los ’60 titulado LAS DROGAS, el periodista británico Peter Laurie menciona el efecto adictivo de prendas tales como pantalones y zapatos.)

Esto no solamente sucede a escala individual sino también grupal, cuando interactuar ocasionalmente descalzo(s), propicia un estado colectivo de relajación y lucidez semejantes: una técnica bien conocida en Psicología y disciplinas como el Yoga, la Meditación y el Superaprendizaje -hoy en desuso-, que básicamente no entra en contradicción con la ideología moral aún dominante, por tratarse de actividades privadas, realizadas lejos de miradas “ajenas” (¿?).

Otra cosa es cuando todo esto deviene PÚBLICO, como en los Movimientos neopaganos que buscan retornar al contacto directo con la Naturaleza a través de la desnudez total o parcial y los comportamientos simbólicos relacionados con ello.

Un caso sumamente interesante es el del escritor Rupert Brooke y su grupo, quienes en pleno Cambridge y recién salida Inglaterra de la infame época victoriana, se adelantaron sus buenos cincuenta y tantos años a las también inglesas primeras hippies, con el elocuente detalle adicional de considerarse ellos mismos… ¡NEOPAGANOS!

Pero no sólo Movimientos declarada y conscientemente contraculturales, es decir, a contracorriente de lo establecido -¿por quién?-, sino también (spring, summer, and else) breaks, en que jóvenes y adultos-jóvenes de clase media y con empleos “normales”, se desintoxican por algunos días de los inevitables efectos de un trabajo rutinario, eligiendo el trasfondo cultural más adecuado a su sentir interno: celta, prehispánico, africano, etc. Festivales en que por cierto no escasea la descalcez. “Era como Disneylandia para la banda descalza”, me comentó un amigo a propósito de uno al que acababa de asistir.

(Hace unas dos semanas, en la fase prospectiva de este artículo, busqué en Internet bajo el encabezado barefoot neopagans, encontrando un buen surtido de información al respecto, tanto histórica como etnográfica. Pero hace apenas dos días, al hacerlo en español, me sorprendió hallar  que la gran mayoría de sitios disponibles, más que informar, se dedican a denostar al neopaganismo, descalzo o no, en una actitud francamente trasnochada de integrismo que ni en los mejores tiempos del Caudillo, haciéndome pensar en quiénes son específicamente los que gestionan –como se dice por allá- el servicio en habla hispana.)

Igual que en los neopaganismos más formales, inspirados en tradiciones ancestrales, en que los pies desnudos juegan un papel primordial al hacer contacto físico con la Madre Tierra o la Diosa, estando presentes en muchos rituales de las más variadas corrientes culturales. (En el habla “técnica” de los descalcistas actuales, esto se conoce como earthing.)

Así que el barefooting, más que una moda o manifestación coyuntural de resistencia, es un CONTINUUM histórico, pues humanos de todas épocas y condiciones han recurrido a él, quizá siguiendo un llamado interno, una vocación… algo NATURAL, en el sentido más profundo.

Imagen: pulso-digital.com

Barefoot neopaganism, neopagan barefooting

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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