Halloween y Más Allá
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14 de octubre de 2016

En un artículo de hace dos años, analizaba lo que siempre he considerado una falsa disyuntiva entre Halloween y el Día de (los) Muertos, según la cual este último sería lo propio, “nacional” (¿?), mientras aquél lo extranjero “advenedizo”. Afirmación que no es sino un resabio del conflicto ideológico que periódicamente atiza uno de los componentes –el primero- del binomio clerical -priísta que ha dominado políticamente nuestro País desde que “la Revolución se hizo Gobierno” –sic-, en el intento de alzarse no sólo con el santo, sino también con el Estado y la limosna, por aclamación popular.

Esta vez lo hago considerando otro aspecto: las celebraciones en sí mismas y su relación con el individuo, pues mientras la mortuoria –una especie de necrofilia simbólica o sublimada (Freud)- llama a la pasividad de los participantes, el otro es decididamente activo, incluso maniaco, correspondiendo a dos actitudes claramente opuestas no tanto frente a la muerte sino a la VIDA.

Esto nos habla de dos caracteres sociales bien definidos: uno abúlico y otro emprendedor, sin que ninguno sea exclusivo o característico de un pueblo o nación en particular, ni tampoco de cierto rango de edad, procedencia regional o factor demográfico semejante, sino algo más subjetivo, posiblemente esotérico.

Pero antes de abandonar la Psicología social para adentrarnos en esto, puede agregarse que el Halloween tal como lo conocemos, seguramente será la celebración elegida por aquéllos que toman la iniciativa, comenzando por el disfraz –costume- que usarán  en la mascarada y qué harán en ella, mientras que la de Muertos, que es enteramente tradicional, será lo apropiado para quienes gustan de las formas preestablecidas, ajustándose a ritos y ceremonias, sean ancestrales o no.

Resumiendo, el Halloween –entendido lúdicamente- consiste en vivir ese momento, mientras que el Día de Muertos es, ante todo, cumplir con una grave responsabilidad arquetípica –igual que el holiday de SAMHAIN en las religiones druídicas-, sin perder de vista que ambas son celebraciones oscuras, cuyos orígenes apuntan al contacto con algo que trasciende lo humano o incluso lo natural en sentido convencional.


Ya en este campo, las actitudes recién reseñadas determinarán igualmente si los adeptos optan por el camino de la Religión o la Magia, pues en ésta, el sujeto es agente : él provoca o, cuando menos, toma parte activa en el contacto con lo Desconocido, Oculto, Arcano, mientras que en la primera, es paciente, siendo atraído, abordado o acosado por lo Otro. (Hace tiempo caractericé a la Religión como “Magia diluida”, pues comparten idéntico objetivo.)

Tal vez esta sea la causa profunda de la animadversión de las Iglesias constituidas por celebraciones menos regimentadas, como el Halloween moderno: nada menos que la posibilidad de que sus fieles dejen de serlo, al hallar un camino más directo hacia lo que hay MÁS ALLÁ de la experiencia cotidiana.

Imagen: zibbet.s3.amazonaws.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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